Realidad Esencial




REALIDAD ESENCIAL




Bienvenidos al blog donde investigaremos sobre la Realidad, sobre lo que realmente somos más allá de las apariencias e ilusiones, sobre la no-dualidad.

Lee las entradas con una mente abierta dejando que los contenidos te "resuenen", lo que no puedas aceptar, déjalo para más adelante. No se trata de creer nada, más bien, se trata de investigar por si mismo lo que nos apuntan los grandes maestros. La experiencia nos confirma que somos un potencial inmenso, infinito de amor, inteligencia y energía (en palabras del maestro Antonio Blay) a actualizar, a llevar a la acción…



Espero te sientas a gusto en este espacio creado con amor.

Juani


martes, 9 de octubre de 2018

Toda ciencia Trascendiendo- de San Juan de la Cruz


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·         Entréme donde no supe,
y quedéme no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.
1.    Yo no supe dónde entraba,
pero cuando allí me vi,
sin saber dónde me estaba,
grandes cosas entendí;
no diré lo que sentí,
que me quedé no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.
2.    De paz y de piedad
era la ciencia perfecta,
en profunda soledad
entendida vía recta;
era cosa tan secreta,
que me quedé balbuciendo,
toda ciencia trascendiendo.
3.    Estaba tan embebido,
tan absorto y ajenado,
que se quedó mi sentido
de todo sentir privado,
y el espíritu dotado
de un entender no entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.
4.    El que allí llega de vero,
de sí mismo desfallece;
cuanto sabía primero,
mucho bajo le parece;
y su ciencia tanto crece,
que se queda no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.
5.    Cuanto más alto se sube,
tanto menos se entendía,
que es la tenebrosa nube
que a la noche esclarecía;
por eso quien la sabía
queda siempre no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.
6.    Este saber no sabiendo
es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer;
que no llega su saber
a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.
7.    Y es de tan alta excelencia
aqueste sumo saber;
que no hay facultad ni ciencia
que le puedan emprender;
quien se supiere vencer
con un no saber sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.
8.    Y si lo queréis oír,
consiste esta suma ciencia
en un subido sentir
de la divinal esencia;
es obra de su clemencia
hacer quedar no entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.


Fuente: Poemas de San Juan de la Cruz


sábado, 15 de septiembre de 2018

¿Qué soy en Realidad?




Todas las enseñanzas religiosas y espirituales apuntan al hecho de que hay algo —llámalo como quieras (pues no siendo una cosa, es en verdad innombrable)— aquí, justo en las profundidades de la experiencia presente, que no viene y va, que no puede romperse, pudrirse ni desintegrarse, ni siquiera en medio de la más extrema tristeza, dolor o miedo.

Es un lugar que siempre está profundamente bien, incluso cuando todo en la superficie parece no estarlo. Y, dado que se encuentra más allá de los opuestos, más allá del mundo dualista del pensamiento, está asimismo más allá del ciclo de nacimiento y muerte.
Nunca nació, y no puede morir. Es la completitud que la ola del océano desesperada busca pero nunca encontrará. Es el hogar.  

Estamos tan ocupados intentando escapar del malestar y el dolor, y alcanzar la completitud en el futuro, que acabamos pasando por alto la incompletud presente.
Estamos tan ocupados intentando volver a casa que pasamos por alto el hecho ineludible de que ya estamos en casa.

Estamos tan ocupados intentando mantener una imagen de nosotros, intentando demostrarnos y demostrarle al mundo quiénes somos, que pasamos por alto que lo que somos es sencillamente el inconmensurable espacio abierto en el que todas las imágenes vienen y van.

Estamos tan ocupados buscando que acabamos pasando por alto este espacio abierto que lo contiene todo, un espacio abierto que es en sí mismo el final de la búsqueda.
Eres eso que buscas, como los grandes maestros espirituales nos han dicho siempre. Y no lo encontrarás en el futuro. Solo se puede encontrar en el ahora.


    Decididos a gestionar las olas

Desde la perspectiva del océano (ese espacio, lo que somos….), nada es un problema, en el más profundo sentido. El dolor, la ira, la frustración... vienen y van en el océano, y no son, en sentido real, un problema.
Pero como los seres humanos no nos damos cuenta de quiénes somos realmente, hacemos un problema de ellos. Decimos: «¡Esta ola no debería estar en el océano! Pone al océano en peligro..., pone en peligro lo que soy. Impide, en cierto modo, la completitud del océano, y, si pudiera librarme de ella, volvería a haber completitud».   

Lo que hacemos, en esencia, es no permitir que una ola esté en el océano. ¡No permitimos que una ola, que ya es expresión perfecta de la vida, esté en la vida!
Estamos tan profundamente condicionados a juzgar las olas, a dividirlas en buenas, malas, feas, hermosas, seguras, peligrosas, positivas o negativas que acabamos pasando por alto la completitud inherente a cada ola de experiencia: a cada pensamiento, sentimiento y sensación.

Nos erigimos en jueces de las olas y, básicamente, juzgamos que unas están bien y otras no están bien, así que permitimos que algunas existan en lo que somos y otras no. Y aquí es donde empieza eso a lo que llamamos resistencia.
Muchos maestros espirituales hablan de la resistencia que oponemos al momento presente y de cómo esa resistencia se halla en la raíz de todo nuestro sufrimiento psicológico.

Ahora podemos entender por qué nos resistimos a un pensamiento o sentimiento: le oponemos resistencia porque no vemos la completitud en él, porque, a cierto nivel, lo percibimos como una amenaza a lo que somos.

Nos resistimos por miedo, porque no vemos la inseparabilidad e intimidad que hay entre lo que somos y lo que aparece en la experiencia presente. Así que, a cierto nivel, sentimos que lo que está ocurriendo no está bien, y nos retiramos para evitarlo.

Ingeniamos maneras de hacerlo muy complicadas, pero, en esencia, lo que intentamos hacer es muy simple: libramos de las olas que no nos gustan. Deseamos tener el océano bajo control gestionando las olas, de modo que solo aparezcan aquellas que queremos que aparezcan.

Todo el sufrimiento humano es una variación de este tema: intentar controlar las olas, intentar controlar la experiencia del momento presente para que se amolde a nuestras ideas y conceptos de cómo debería ser.
Si quieres sufrir, ¡compara este momento con tu imagen de cómo debería ser!

Acabo escapando de cualquier aspecto de mi experiencia presente que considero que pone en peligro la completitud. Literalmente, entro en guerra conmigo mismo. Me divido en dos: yo, contra las «olas malas», las «olas peligrosas», las «olas oscuras» o las «olas diabólicas» que hay en mí. 

Ciertas olas que hay en mí se convierten en una amenaza, así que echo mano del mundo —del siguiente cigarrillo, la siguiente relación sexual, la siguiente jarra de cerveza, el siguiente subidón espiritual— para dejar de sentir lo que siento, para eludir ciertas olas y, en definitiva, para librarme de esta incompletitud, este vacío, este sentimiento de carencia que palpita en el centro de mi ser.

Me hago adicto (a amantes, a gurús, a sustancias diversas), me apego a rígidos sistemas de creencias o me mato a trabajar..., todo para no tener que experimentar lo que experimento, para no tener que sentir lo que realmente siento en este momento, para poder anestesiarme y no sufrir el dolor de ser humano. Como seres humanos, hacemos cosas muy complicadas, peligrosas e incluso violentas para escapar del malestar que nos provoca la experiencia presente. Pero lo que ocurre por debajo de esto es siempre muy simple: nos resistimos a lo que es.

Durante un rato, el dinero, el cigarrillo, el encuentro sexual, la experiencia espiritual parecen proporcionarnos alivio de este aprieto; el objeto externo o la persona parecen hacer que desaparezca la tristeza, la soledad, el miedo, y parecen darnos la completud que anhelamos. Me aferro a cualquier cosa que crea que me proporciona integridad.

Muchas enseñanzas espirituales hablan del apego, y ahora podemos entender por qué nos apegamos: cuando pensamos que esos objetos externos y esas personas nos están dando integridad, no podemos soltarnos de ellos, porque hacerlo significaría perder la integridad. Continuar enganchados a ellas puede llegar a ser una cuestión de vida o muerte.

Inconscientemente les otorgamos poder a esas personas y objetos de nuestro mundo que creemos que nos dan integridad, y, al hacerlo, perdemos nuestro poder y dejamos de confiar en nuestra experiencia.

Por eso, el buscador siempre busca un gurú —algo o alguien que tiene poder sobre él—.
El gurú adopta muchas formas distintas: puede ser un gurú espiritual (que parece tener el poder de la iluminación), un amante (que parece tener el poder del amor) o una botella de cerveza (que parece tener un misterioso poder de hacerte sentir mejor).

El objeto o la persona teóricamente te quitan el malestar, durante un tiempo. Durante un tiempo muy breve, el peso del yo, el peso de la búsqueda, desaparece, y sientes un alivio temporal del malestar, del dolor, del sufrimiento.

Cuando estás cerca de tu amante o de tu maestro espiritual, cuando estás viendo jugar a tu equipo favorito, cuando estás inmerso en la intimidad del encuentro sexual, en la emoción de los deportes extremos o en las profundidades de la meditación, todo parece volver a estar bien. La búsqueda se relaja y, durante un rato, dejas de sentir el peso de ser una ola separada.

Pero he aquí el problema: cuando retiras el alcohol, el maestro espiritual, el amante o la actividad, el malestar reaparece, a veces multiplicado.
Cuando te separas del objeto buscado —el objeto de la adicción, aquello que imaginabas que te estaba completando—, la búsqueda empieza de nuevo.

Muchas veces, solo cuando pierdes lo que pensabas que te completaba te das cuenta de la búsqueda que borboteaba por debajo de ello; simplemente, no eras consciente de que estuvieras usando a tu «gurú» para que te completara. La búsqueda era inconsciente.
Sí, es fácil creer que no buscas nada cuando todo te va bien, cuando tienes lo que quieres y la vida se porta bien contigo. Dices: «¡No necesito nada para completarme! ¡Estoy completo!».

Pero entonces pierdes tu dinero, tus posesiones, la salud, a tu pareja, a tu gurú espiritual, la fama, el éxito, tu aspecto, los recuerdos de tu experiencia de iluminación; pierdes el objeto, la persona o la experiencia que pensabas que te completaba..., y la consiguiente completitud, la consiguiente soledad, la profunda insatisfacción con la vida —todo lo que se suponía que tus «poderosos» objetos o personas habían hecho desaparecer— vuelve a aflorar.

Ni el objeto, ni la persona, ni la experiencia pasajera tenían en realidad ningún poder..., al menos no el poder que tú realmente anhelabas: el poder de poner fin a la búsqueda, de una vez por todas. 
Así es, normalmente no nos damos cuenta de que estamos buscando hasta que experimentamos la pérdida; y la pérdida puede ser algo terrible..., o una auténtica oportunidad de comprender que, para estar completos, nunca hemos necesitado lo que creíamos necesitar.

¿Qué crees que necesitas para estar completo?

¿Qué tienes miedo de perder?

¿Qué, en caso de que lo perdieras, te haría estar incompleto?

La verdadera libertad no depende de ninguna fuente exterior. La verdadera libertad es ser libre de toda dependencia, es dejar de depender de las fuentes externas para que te completen.

El cigarrillo, los encuentros sexuales, la afectuosa mirada de un gurú no pueden darte una libertad permanente.

Solo cuando tu atención gire ciento ochenta grados para contemplar las olas no deseadas de las que huyes, existe la posibilidad de que descubras la libertad total y la paz en tu propia experiencia.

Jeff Foster






domingo, 9 de septiembre de 2018

El Amor (Jeff Foster)



El amor es mucho más grande que nosotros. No lo creamos con palabras ni obras, ni siquiera con intenciones, pero continuamente somos abrazados por él, somos acogidos en su inmensidad, sin importar lo que hagamos, o lo que dejemos de hacer.

Nos casamos, nos divorciamos; somos amigos, somos amantes; rompemos, nos venimos abajo juntos; nacemos, morimos; el campo perdura. 

Nadie nunca nos ha dado amor; esa es la gran ilusión. Simplemente hemos recordado el campo de la presencia del otro, a veces, hemos reconocido la eternidad en medio de lo cotidiano, después le dimos el crédito a alguien más.

El amor nunca viene de fuera; simplemente tocamos nuestra propia presencia, nos enamoramos del amor que somos, y no podemos no serlo. 

Y nadie nunca nos arrebató el amor; simplemente olvidamos el campo, y ‘culpamos’ al otro, y buscamos amor nuevamente, sintiendo su ausencia, perdidos en la narrativa del ‘amor perdido’. Sin embargo el amor estaba aquí, incluso en su aparente ausencia; estaba presente, incluso en la pérdida. El amor no puede ser dañado; una ola no puede dañar el Océano. 

No busques amor, no busques la luz, sé eso, ofrece eso, la alegría de amar es infinitamente más grande que la alegría de aferrarte con miedo al amor de alguien más, porque muy en el fondo sabes que se trata de una ilusión cuando crees que eso que has anhelado pudiera venir desde fuera de ti.
 Tú eres el Único; siempre has sido el Uno. 

La búsqueda termina exactamente donde comenzó – en la Presencia. 

- Jeff Foster


domingo, 29 de julio de 2018

¿Podrías aceptar profundamente lo que hay aquí, justo en este momento?


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¿Quieres una pareja perfecta? ¿Una madre o padre perfecto? ¿Un jefe perfecto? ¿Un cuerpo perfecto? ¿Sentimientos perfectos? ¿Una perfecta iluminación? ¿Una vida perfecta?
¿Qué te parece la idea de aceptar profundamente lo que hay aquí, justo en este momento? ¿Qué tal aceptar profundamente a los demás, tal y como son en este momento?
Cierto, parece un poco extraño. Suena un poco… contradictorio. Como darse por vencido. Como conformarse con menos de lo que uno se merece. Como… debilidad espiritual. Va en contra de toda esa mentalidad de “¡Ve y logra todo aquello que deseas!”.
Sí, estas enseñanzas acerca de la Presencia y del Estar Aquí y Ahora y de la Consciencia del Momento Presente podrían sonar un tanto simplistas, incluso ingenuas para la mente. Es muy fácil que se malinterpreten y que sean rechazadas. Después de todo, ¿quién querría renunciar a sus sueños del pasado y del futuro y enfrentarse a un momento misterioso? ¿Quién querría admitir la fragilidad y lo valioso de la vida, su naturaleza transitoria, su regalo agridulce? ¿Quién querría admitir su propia impotencia y reconocer su profunda humildad cósmica? ¿Quién querría morir al tiempo? ¿Quién querría renunciar a su idea de control? ¿Qué corazón podría asumir esa gracia? 
La verdad más profunda de la existencia es simple, aunque nunca simplista.


¿Aceptar “lo que es” es renunciar a la posibilidad de un cambio? No. Nunca.
¿Aceptar significa tolerar o “soportar”? ¿Significa obedecer ciegamente tus impulsos violentos? No, para nada.
¿Aceptar significa asumir un rol de vida diferente, el rol de una persona “sumamente espiritual”, “aceptando profundamente”, “una persona totalmente pacífica”? No. La aceptación no es un rol y no se trata de nada personal.
La profunda aceptación significa mirar a la vida de frente, en este momento.
¿Aceptar significa hacerse a un lado, volverse pasivo, hacerse de la vista gorda ante la violencia y permitir que pasen por encima de nosotros o de nuestros seres queridos? De ninguna manera.
Significa poner atención a lo que hay aquí, en lugar de lo que no está presente.
Significa dejar de lado las esperanzas y los sueños y despertar a lo que realmente es verdadero.
Significa terminar la guerra, dejar de ver a través de la ilusión de un “yo” separado de este misterioso movimiento de vida.
Significa alinearse completamente con las Cosas Tal y Como Son.
Finalmente, significa estar en Casa, independientemente de lo que esté pasando. 
Esta es la gran paradoja, que en la aceptación profunda y sin concesiones del momento “imperfecto” viene el cambio, un cambio creativo e inteligente, sorprendentemente natural. ¡Qué perfección!
La mente nunca ha estado a cargo del cambio.
 - Jeff Foster (La Danza de la Nada)


martes, 24 de julio de 2018

Vivir Centrado (Antonio Blay)

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Podemos estar en la vida con una actitud muy exteriorizada, periférica, o, una centrada, profunda.
A nivel físico, cuando voy por un lugar peligroso, pongo la atención en mis movimientos, el máximo control de mi actividad física, estoy buscando el centro. En determinadas situaciones afectivas, trato de estar todo yo presente, no permito que salga algo inapropiado, sino que intento estar en el centro de lo que siento profundamente. Cuando se trata de hablar, o tomar una decisión muy importante, ocurre lo mismo, me sitúo en una zona central, donde pueda decir lo que me parece más adecuado.

Esta actitud de vivir desde ese punto donde yo soy más yo mismo y que me hace manejar mejor las cosas, las reservamos para momentos muy importantes o de urgencia.

Toda la vida está fluyendo desde ese centro, desde ese eje central (centro mental, centro afectivo y centro de energía) de donde surge toda capacidad de comprensión, de sentimiento y de acción; todo lo demás es manifestación periférica de ese centro.
Desde el centro, la identidad, se funciona con soltura, se actúa con rapidez y eficacia, y no hay identificación; hay plena disponibilidad de ver, sentir y actuar.

Todo trabajo  interior, cualquiera sea el enfoque, es para alcanzar ese fondo; algunos buscan el fondo energético (físico, mental), como las artes marciales; otros, como la meditación religiosa, tratan de llegar a vivir el fondo del sentir y amar desde ahí; en meditaciones de tipo  metafísico es llegar al fondo de la mente y desde allí conectar otros niveles de consciencia.

 Es aconsejable para un equilibrio personal,  trabajar los tres niveles, de lo contrario, el nivel que esté menos desarrollado, nos traerá dificultades.

Centrarse, es aprender a vivirse como sujeto que ve, que siente, que conoce, que actúa; es tratar de estar más allí donde uno es uno mismo.
Es una luz central que ilumina todo lo que  se mueve alrededor, entonces se puede ser consciente de una cosa o de otra, sin perder la consciencia del que ve, sin pensar
En el pensar, la mente hace un gesto automático y se cierra sobre algo en particular, excluyendo el resto.

La atención central, es una atención como sujeto, no hacia el objeto y está implicada en el centramiento en su fase mental.   Estar centrado es una actitud interior profunda, significa vivir cada momento con toda mi lucidez, con toda mi capacidad de sentir, con toda la capacidad de movilizar la energía que pueda.

“CUANDO VIVAS CENTRADO, 
EL EXTERIOR NO TE PODRÁ AÑADIR
 NI QUITAR NADA DE LO QUE ERES."    
                                                                                           
                                                                            Antonio Blay


sábado, 30 de junio de 2018

¿En qué consiste nuestra Libertad?



La libertad no consiste, en que podemos hacer lo que queremos. Esto resulta muy halagador, pero no es cierto; podemos, es verdad, hacer algo por nosotros mismos, más no del modo que solemos pensar...

Inicialmente, en el aspecto material, no somos más que una célula. Todo lo que llegamos a ser después nos lo incorporamos del exterior. Y esto ocurre no sólo en el plano fisiológico, sino también en todos los niveles personales. De modo que toda la efectividad, todas las ideas son de algún modo producto de los materiales que nos vienen de fuera.

En realidad existen en nuestro interior unas fuerzas virtuales, que marcan ciertas preferencias, unas direcciones a nuestra estructura individual. Pero todos los elementos concretos, absolutamente todos, los extraemos del exterior.
De ahí podemos deducir la enorme influencia que tiene el ambiente en la formación, desarrollo y expresión de la personalidad.

Si bien nosotros contamos con estas fuerzas virtuales y las hemos actualizado incorporándonos tales elementos del ambiente, queda todavía por dilucidar otro factor: ante estas fuerzas y estos elementos, ¿dónde estoy yo?, ¿qué papel desempeña mi foco de referencia, mi eje personal?

Todos vivimos la experiencia de que en un momento dado, por ejemplo, nos situamos en un plano puramente instintivo, biológico, y en este preciso momento, cuando yo estoy situado en el plano biológico, las leyes que rigen para mí son únicamente las biológicas.
Cuando estoy en un nivel afectivo, para mí no existe más que amor-odio.
Y cuando me vivo sólo en un nivel mental, impera para mí el principio verdad-error.

En cada uno de estos niveles yo estoy determinado, en cada uno de ellos no puedo actuar de modo diferente de lo que es mi naturaleza en este nivel; por lo tanto, en cada uno de mis niveles no tengo libertad.
Lo que ocurre es que quizás yo sí pueda pasar de un nivel a otro, o vivir ciertos niveles desde otros más elevados. Y esta posibilidad de desplazamiento voluntario de mi foco de conciencia es lo que no me viene dado ni por la herencia ni por el ambiente.

Por la herencia se me entrega una fuerza direccional interior, por el ambiente unos materiales, y con ambos elementos cada uno edificamos nuestros niveles físico-psíquicos, pero, ¿dónde queda el yo?, ¿en qué punto de mi estructura psíquica me encuentro libre?
Cuando me sitúo en un nivel, quedo determinado por las leyes de este nivel. Por lo tanto no tengo libertad de acción en ninguno de los niveles mientras me estaciono en uno de ellos; lo que sí tengo, es libertad potencial para desplazarme de un nivel a otro, para seleccionar en qué nivel he de situarme, y, desde él, determinar mi conducta y mis estados. Pero aún esto, no siempre. Pues sólo puedo hacerlo mientras estoy despierto, atento, lúcido; cuanto más lúcido esté, mayor capacidad tendré para seleccionar el nivel en que quiero situarme.
Por el contrario, si no permanezco del todo lúcido, quedaré más o menos identificado por inercia en uno u otro de mis niveles de modo automático, y entonces tampoco tendré completa libertad.

La tercera dimensión es, pues, esta capacidad de desplazarme de un nivel a otro, que depende de la amplitud de conciencia, de la madurez interior.

Según me sitúe se seguirá una resultante y esta resultante será inevitable. En definitiva, lo que varía, dependiendo en cierto grado de mí, es el punto en que me coloco, que obedece a mi capacidad de situarme voluntariamente más arriba o más abajo.

En este sentido la libertad no consiste en hacer lo que uno quiere, sino, en el hecho de seleccionar qué escala de valores utilizaré en un momento dado. Mi libertad, reside en la capacidad que tengo para no depender de unos niveles, para sustraerme a su influencia.

La libertad es, pues, la capacidad de disminuir el número de los condicionamientos que me determinan.

Cuando la persona deja de quedar automáticamente identificada con un nivel, está suficientemente despierta, lúcida, para poder desplazar su mente a otro nivel, a voluntad, y vivir desde allí; en este caso se libera de los niveles de los pisos inferiores. Y según va ascendiendo en esta capacidad de liberarse de niveles, adquiere gradualmente conciencia de mayor libertad, libertad de no hacer, libertad de emanciparse: libertad igual a liberación.


                                         Extracto  de “La Personalidad Creadora”           
                                                                                        Antonio Blay



martes, 29 de mayo de 2018

Cuando emerge la tristeza (las noches oscuras del alma)



No tienes que hacer nada…deja que las cosas sucedan por si…solo has de vivir  momento a momento…
 ¿y qué tiene de malo sentir la tristeza?, sólo está aquí en tu presente para que la vivas, para que la sientas, la abraces…. es una tristeza profunda, de mucho tiempo… es la tristeza que no te has permitido sentir, que callas con actividades o razonamientos, o tratando de salir rápidamente de ella…ahora toca abrazarla, sentirla, permitirla, no busques el “por qué esta otra vez aquí”…
Ella viene para que la reconozcas, no tiene una motivación concreta más que te la permitas sentir… has acumulado durante tanto tiempo en tu sistema el dolor y ahora solo toca sentirlo…te transformará el hacerlo, lo atravesarás y te darás cuenta de la luz que hay del otro lado de la tristeza.
La tristeza solo está en la superficie, ábrete a experimentarla conscientemente…tú no eres esa tristeza…tú eres el que se da cuenta de ella, observa…., y al permitirla, al atravesarla eres más consciente de ti, de tu realidad como Ser, como esencia inafectada que puede sostener cualquier estado y es consciente de la impermanencia de los mismos. 
Desde ese lugar esencial que eres como Realidad, la tristeza no tiene importancia, pasa…puede volver…. la sostienes, la permites y se disuelve…quedando la Comprensión que todo es pasajero, que hay algo que no muere, que es eterno y desde donde está surgiendo la vida, tu Esencia…
Juani  


viernes, 18 de mayo de 2018

La Autorrealización



Según A. Blay, la autorrealización se puede entender en dos sentidos; el primer sentido es que la persona llegue a vivirse plenamente, a sentir su vida, su realidad concreta como ser humano, colmada en una existencia integrada con el mundo que le rodea, es sentirse vivir plenamente, sentirse ser uno mismo en relación con el mundo. Esta es la acepción más occidental.
En un sentido más profundo, autorrealización supone llegar a descubrir, a realizar cual es la identidad última de cada uno de nosotros, descubrir la identidad.
Identidad significa quién o qué es lo que realmente somos, no como seres humanos particulares, concretos (de hecho somos una suma de cosas constantemente cambiantes) sino como identidad última, lo que hace que en nosotros  surja esa noción de sentirse uno mismo, esa identidad que permanece idéntica a lo largo de todos los cambios que se suceden en la vida, a lo largo de todas las circunstancias que puedan ir cruzándose en nuestro camino.


¿Por qué es tan importante descubrir la identidad?

Porque cuando se descubre la identidad, se soluciona completamente todo lo que es anhelo de la vida, las demandas que se tienen y se resuelven todos  los problemas que la persona pueda tener, porque la persona realiza la plenitud mucho más allá de lo que había soñado, y porque es el único modo de descubrir el sentido del sí mismo, de la existencia y de lo que está más allá de  lo que ahora se entiende por  sí mismo y por existencia.


La autorrealización en su sentido más profundo,  es un proceso de liberación del  condicionamiento que ha sufrido nuestra mente por las ideas aceptadas que hay en ella y por los hábitos o automatismos que ha adquirido. Se  trata de trascender, superar la identificación con nuestra mente condicionada para que se trasluzca  la verdad de lo que somos y, así, poder desarrollarnos en plenitud.
La autorrealización supone llegar a descubrir cuál es la identidad última que hay en mí y poder desarrollarla dando lugar a un cambio en la percepción de mi realidad.


Realizarse es descubrir lo que una/o es detrás del error en que se vive, y si no se descubre el error no se puede vivir la verdad.
La verdad no es algo a adquirir, la verdad es lo que queda cuando quito el error que he superpuesto.
Antonio Blay.
                                                                    

lunes, 23 de abril de 2018

El poder de la Presencia en las relaciones

por Eckhart Tolle

Tal vez hayas experimentado un profundo sentido de presencia mientras caminas a solas por la naturaleza o en meditación silenciosa, pero ¿es posible traer esta cualidad de aceptación relajada y abierta en nuestras relaciones? 
En este extracto Eckhart Tolle analiza el reto de tener un encuentro verdadero con otro ser humano y cómo hacer esa conexión a través del arte de la presencia.
Cuando te encuentras con otros seres humanos, mantén el trasfondo de quietud consciente en tu percepción del otro. Es fácil de hacer en la naturaleza con un árbol o una flor. Es más difícil con otros seres humanos a causa de nuestras mentes ruidosas.
En la mayoría de los casos, cuando te encuentras con otro, te encuentras con una entidad egoica que no sabe quién es. Piensa que él es su historia personal y que necesita algo para realizarse a sí mismo. Tiene todo tipo de miedos, y te interpreta a través de los ojos de su condicionamiento.
Así que en tu interacción con los demás, es esencial estar ahí como presencia y no como una mente etiquetadora. 
Una forma de hacerlo es sentir tu campo energético interno, o sentir lo que yo llamo el "cuerpo interior" como un punto de entrada en la presencia. 
Siguiendo la respiración con tu atención te permite sentir la presencia como un fenómeno en todo el cuerpo y, por último, sentir cómo la presencia trasciende incluso el cuerpo y el mundo de los fenómenos. La mente se resistirá, pero hazlo de todos modos.
Sentirás una vitalidad en este campo de energía: esa es tu ancla. Si puedes sentir el cuerpo interior cuando estás frente a otro ser humano (alguien que nunca has visto antes o alguien que conoces) hay un momento de quizás tres segundos en los que sólo le miras. En ese mirar hay quietud. No hay juicio. Sólo hay un campo de presencia. Es entonces cuando realmente te encuentras con otro ser humano. Te conectas a un nivel más profundo.
Y eso sólo es posible cuando no estás perdido en el mundo de la forma o reaccionando a él —la forma de esa persona, que puede ser su apariencia externa o su forma psicológica. Cuando te encuentras con alguien y traes a la interacción un espacio de no-pensamiento, un espacio de consciencia —sólo mirar o escuchar—, la conciencia va más allá de la apariencia y la escucha; hay en realidad un flujo de energía entre vosotros —una energía totalmente diferente de una interacción normal entre mentes pensantes.
Aquí tienes una frecuencia muy diferente entre dos seres humanos. Es un campo de energía pacífica y viva que os conecta, en la que los dos momentáneamente os volvéis uno. E incluso si el otro ser humano no tiene ni idea de lo que está pasando, él o ella puede simplemente sentirse repentinamente libre, no juzgado/a.
Un desafío mayor que encontrarse con un extraño es encontrarse con alguien con quien compartes una pequeña historia. Cuanta más historia compartes, más difícil se hace porque el pensamiento antiguo y los patrones de comportamiento van a querer volver. 
Es enormemente liberador cuando puedes encontrarte con alguien que conoces sin traer el pasado como un principio operativo activo. En lugar de encontrarte con la otra persona como una historia personal andante, hazlo sólo en este momento, a través del poder de este momento —que es el poder de la presencia, y lo que realmente eres.
Por ejemplo, muchos de nosotros no crecimos en una familia consciente, y en muchos casos el resentimiento entre los miembros de la familia se intensifica con los años. Las mismas reacciones pueden ocurrir durante cada visita —tienes una pelea y te vas. Y entonces un día os encontráis —y sientes el cuerpo interior al mismo tiempo. Permaneces anclado en el Ahora.
Si haces esto, descubrirás que es difícil para alguien seguir representando el viejo guión si ya no lo representas más. En la presencia, te liberas de eso que pensabas que necesitabas cuando estabas identificado con el pensamiento; no necesitas nada, psicológicamente hablando. 
Con la presencia viene la aceptación —una aceptación compasiva de lo que es— porque con la presencia has encontrado espacio interior... consciencia sin forma... paz.
 Fuente: advaitainfo




viernes, 13 de abril de 2018

Vivir con Lucidez


Vivir lúcida es aprender a observar y soltar las  percepciones de los sentidos, pensamientos, imágenes, palabras, soltar las creencias, los deseos, los miedos, para conectar con el silencio interior, con el "darme cuenta" del funcionamiento de la mente.

Vivir con lucidez es  no necesitar que las cosas, personas, situaciones, sean de una manera determinada, o como me gustaría que fueran...,  es no esperar un resultado concreto, es hacerme responsable de mi vida sin culpar a los demás, ni a las circunstancias de lo que me sucede.

Estar lúcida es estar consciente de la Verdad,  que todo es como es, que la felicidad no me la puede dar ni quitar nada del “exterior”, que no puedo cambiar a nadie y que todo lo que me sucede colabora a mi despertar, a mantener la lucidez, y comprender que las cosas no suceden por azar, que todo tiene un sentido, aunque la mente a veces no lo pueda ver, que todo esta perfectamente diseñado por una inteligencia superior de la cual formo parte.

Vivir con lucidez  es liberarme del sufrimiento, comprender que el dolor y el placer forman parte de la vida, pero que el sufrimiento es opcional, el sufrimiento surge de lo que me digo   respecto de la situacion dolorosa.   Aceptar que en el mundo de las formas todo es dual, la mente es la que crea esa dualidad y la proyecta en el mundo, y que soy mucho más que esa dualidad.
Es aprender a desapegarme y comprender la verdad más allá que las situaciones sean favorables o desfavorables (es la mente la que las etiqueta, en sí mismas, las situaciones son neutras), comprendiendo que en todo funciona un orden superior, la inteligencia de la vida, que es la que actúa a través de todo lo que existe.

Mediante la lucidez comprendo que soy libertad, amor, paz, alegría, plenitud, y comprendo  que no depende de las condiciones externas...., soy conciencia, el Ser.

La vida es como una película y cada uno de nosotros somos como  actores, cada cual interpreta el papel que le corresponde, la inteligencia superior “asigna” los papeles a cada personaje para que desarrolle su argumento, pero sin confundir que solo estamos interpretando un papel, que no somos el personaje, que somos el actor, el ser, que mi identidad está más allá de los sentidos, de las proyecciones, de lo que ocurre  en el existir.
 Todo lo que me sucede es para Ver, Descubrir y Comprender, todo es adecuado en cada momento, más allá del “bien” y del “mal”, y todo lo que sucede es una invitación a abrirme cada vez más a la lucidez, a esta gran aventura del  despertar de la conciencia.  

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