Realidad Esencial




REALIDAD ESENCIAL




Bienvenidos al blog donde investigaremos sobre la Realidad, sobre lo que realmente somos más allá de las apariencias e ilusiones, sobre la no-dualidad.

Lee las entradas con una mente abierta dejando que los contenidos te "resuenen", lo que no puedas aceptar, déjalo para más adelante. No se trata de creer nada, más bien, se trata de investigar por si mismo lo que nos apuntan los grandes maestros. La experiencia nos confirma que somos un potencial inmenso, infinito de amor, inteligencia y energía (en palabras del maestro Antonio Blay) a actualizar, a llevar a la acción…



Espero te sientas a gusto en este espacio creado con amor.

Juani


jueves, 2 de noviembre de 2017

La Realidad


Vivir la realidad es eminentemente vivir el presente; es descubrir que sólo existe el presente y que el presente es una totalidad, y que ahora yo no estoy viviendo esa totalidad porque hay una parte de mí que está pendiente del pasado que llevo dentro no liquidado, y esa parte del pasado no liquidado que llevo dentro es la que se proyecta mecánica e inevitablemente en un deseo de futuro determinado, entonces, este juego de que mi pasado dentro se está proyectando hacia mi futuro, mi idea de futuro, está impidiendo que yo viva toda la realidad que soy, y que encuentre la plenitud en el presente. 

La Realización (vivir la Realidad que soy en esencia), es eliminar toda esa carga, todo ese lastre que llevamos del pasado; y cuando eliminamos esto, la necesidad compulsiva de proyectar hacia el futuro desaparece, y entonces, la persona descubre la dimensión ilimitada del presente, del instante. 

Sólo existe el instante, pero estamos resbalando por encima de ese instante porque no tenemos disponibilidad interior para vivir la situación hasta el fondo y desde el fondo, entonces, esta inercia mecánica que está funcionando en mí, constantemente me hace interpretar el presente en función del pasado y proyectarlo en función del futuro y eso es una distorsión que me está impidiendo vivir mi propia realidad a fondo, ahora, mucho más la realidad de los demás y de las cosas, porque siempre el cristal estará empañado por un pasado que me está echando sus motas negras. 

Lo que afecta a la mente no es el que existan percepciones y fenómenos de conciencia, lo que afecta a la mente son todas las cosas vividas que yo no he liquidado, son todos los asuntos pendientes, deseos y temores que subsisten dentro, todo lo que son experiencias no finiquitadas, o sea no vividas del todo, no digeridas del todo. 

Cuando era pequeño y luego de grande porque ya lo he aprendido, cuando tengo una experiencia desagradable, procuro olvidarme de ella, cuanto más pronto mejor, entonces, busco un estímulo que me sustituya esa cosa desagradable y esto impide que yo viva aquella experiencia desagradable del todo, que haga la digestión mental de ello, entonces esto yo lo corto, quiero que no exista porque es desagradable, lo estoy inhibiendo y así corto su digestión consciente; esto quedará allí, cortado, inhibido, no seré consciente de ello, pero estará empujando desde dentro constantemente y se traducirá en una tendencia a desear o temer, según sea la experiencia. 
Si es una experiencia de dolor proyectará en mí el miedo a todas las situaciones similares a esa, inevitablemente, sin saber por qué; si la experiencia es agradable proyectará mi deseo hacia esa experiencia agradable para que esta se repita una y otra vez. 

Como nuestra vida está llena de cosas agradables y desagradables que no hemos vivido a fondo, nuestra mente es un tejido, una red que está llena de cosas pendientes y es por eso que nuestra cabeza no para nunca, y esto viene de toda la agitación interior que hay constantemente y afecta hasta el dormir en profundidad, porque hay tal cantidad de material dentro que está tratando de liquidarse, incluso a nivel inconsciente que no se puede llegar a descansar en profundidad. 

Todo asunto interior que no se ha vivido totalmente, tiende a quererse vivir totalmente, es esa dinámica interior que me está proyectando compulsivamente hacia algo, lo que interfiere; no es el recuerdo del pasado, es la agitación mental, emocional, vital que está implicando este pasado no completado, no vivido totalmente. 

Ej. Si yo he tenido problemas de sentirme disminuido, menospreciado, habrá en mí una absoluta necesidad de resolver esa situación definitivamente, porque si no, estaré repitiendo el mismo problema una y otra vez, y mientras yo no elimine la situación a fondo, eso actuará compulsivamente a pesar mío. 

  Antonio Blay





miércoles, 1 de noviembre de 2017

Soltar la identificación con lo transitorio


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Toda idea a la que me aferro es un deseo que quiere realizarse. Una parte grande o pequeña de mi identidad ha quedado retenida allí. En toda identificación o apego, voy perdiendo algo de mí mismo.

  La realidad está en mi identidad, sin darme cuenta me esclavizo poniéndola en ideas en situaciones, en personas. Al hacer silencio deshago por comprensión esas identificaciones, suelto lo que había retenido y al soltar me libero a mí mismo, vivo mi verdadero ser sin límites.

  Lo que allí puse de mi propia identidad real, ese apego, ha dado un aparente valor a todo aquello. Pero cuando recupero mi identidad mediante un acto de "recogimiento interior", como se ha llamado en nuestra tradición, compruebo que era un valor reflejado.

  El acallar los ruidos del pensamiento, el vaciarme de ideas limitativas, es simultáneo con la plenitud del ser que va dando sentido a todo lo que hago.

  Quién no ha conectado en su interior con esa plenitud, la busca todo el tiempo donde no está . No puede dejar de buscarla. 
Un ser humano, podríamos decir que es eso: un buscador de plenitud. La experiencia del que busca la felicidad por un camino equivocado es una experiencia frustrante. 
Al buscar amor se produce desamor, al buscar paz se produce conflicto, al buscar alegría, tristeza y depresión. 

Si hemos comprendido cómo es el proceso de la búsqueda, o del deseo; renunciaremos, sin esfuerzo de voluntad, a una experiencia limitada a cambio de la plenitud. Renunciaremos a una parte por el todo.

  La observación paciente y continua va poniendo de manifiesto lo que verdaderamente sucede en la ambición, la búsqueda y el deseo. Cuando aparece un deseo, tengo que observar qué lo impulsa, qué le da fuerza. Puede ser que sienta que me falta amor, paz, energía, etc... y creo obtenerlo al conseguir algo determinado.

  Lo que importa es qué es lo que impulsa mi deseo, porque si lo descubro podré seguir una investigación que me sacará de lo ilusorio del vivir condicionado y me conducir a lo real.

  Muchas veces estamos divididos: deseo por un lado ir a divertirme y por otro, quiero ponerme a meditar. Si observo cuidadosamente lo que sucede, si empiezo a investigar en mí mismo, puedo hacer una unidad de esa dualidad. Ya que la conciencia es una, debo poder unificar las dos opciones contrarias en un sólo acto.

  Mirando sin división mis deseos veo que lo que me empuja a irme a divertir, o a cualquier otra cosa y lo que me empuja a meditar o practicar alguna técnica para realizarme es lo mismo: mi anhelo de plenitud. Cuando descubra que en el silencio de mi conciencia profunda está siempre esa plenitud que anhelo, cambiaré el rumbo de mis pasos y los deseos perderán interés para mí.

  Voy comprendiendo a partir de aquí que no tengo que renunciar a ningún deseo para quedarme en silencio, en el silencio de la meditación. Si dejo de satisfacer un deseo para meditar, no he comprendido nada. Y estará creando un conflicto en mi interior que impedirá la aparición del silencio. Un conflicto produce perdida de energía. Y al no tener energía no puedo abrirme a la energía profunda que soy.

  Todo lo que deseo, lo deseo porque anhelo la paz o la belleza, la alegría o el amor, que son la expresión natural del ser, que son mi única naturaleza.

¿Porqué no ir directamente hacia esa plenitud del amor o la belleza, o la fuerza o la alegría que intuyo o que ya estoy descubriendo en el silencio interior?                                                                  

                       Consuelo Martín





domingo, 16 de julio de 2017

Programa de Educación para el Despertar

                                                                                       

                      
Un proceso en 40 dias 

Se trata de 40 dias de atención enfocada, durante los cuales tu consciencia se dispone a expandirse y, sin duda, tal despertar va a repercutir de muchas e insospechadas maneras en el fluir de tu propia existencia y en la de los seres que con ella se relacionan. 

Este proceso es muy poderoso y capacitador, mas allá del desarrollo personal, podríamos decir que no es nivel limitado de tu personalidad quien ha elegido llegar hasta aquí, sino un nivel mas profundo de tu ser, un nivel transpersonal que quiere emerger e integrarse en una banda de visión de mayor dimensión y lucidez. 


A lo largo de los 40 dias de entrenamiento en el observar y discernir, te dispones a acrecentar tu atención y el sostener el “darte cuenta”, darte cuenta de que incluso te estás dando cuenta. El hecho de entregarte a este proceso, supone un encuentro con el camino de “vuelta a casa”, algo que sin duda produce el regocijo que se manifiesta en las tomas de conciencia cotidianas que convierten nuestra vida en la gran aventura del Despertar. 


Podemos recordar en este sentido, el mito de la caverna de Platón, que asemeja el ámbito de la existencia ordinaria del ser humano con la vida en una caverna en donde las personas viven y se relacionan con sombras que toman por reales.

Un mundo de proyecciones que más se parece a un sueño que a la Realidad, una Realidad que los sabios de todos los tiempos ha señalado unánimemente como Unidad de Conciencia. Al parecer, la salida de la caverna, se parece mas al despertar de un sueño que cualquier otra representación de este gran sueño de dualidades que vivimos mientras buscamos, más o menos conscientemente el tesoro de la Lucidez que gravita en lo profundo de la conciencia. 


Mientras tanto, el hecho de darse cuenta de que uno crece y se desarrolla, representa uno de los goces más elevados y valiosos que el ser humano puede experimentar. 


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“Pensamos que resolviendo los problemas alcanzaremos la paz, cuando en realidad es abrazando la paz cuando los problemas se resuelven”. 


Resolveremos los problemas inherentes al “nivel evolutivo persona” mediante el crecimiento integral que conlleva el descubrirse y vaciarse, una labor cuyo cometido fundamental apunta al atravesar la mente con la entrega y fluida perseverancia de los maduros para el salto transpersonal. 



Este proceso es una obra de arte en nuestro cotidiano contemplar, permitiendo que Eso que nos está llamando a través de nuestra vocación, que de pronto, tal vez una mañana como otra cualquiera, nos encuentre. 

Este curso demanda de tu más honda motivación para ser recorrido con toda la riqueza oculta en sus matices al paso que haces de tu vida un camino de atención y belleza. 



No se requiere esfuerzo, más bien se requiere una actitud serena de gozoso descubrir. Tu grado de entrega e implicación, determinará el grado de apertura y florecimiento de tus más insospechadas posibilidades. 


Este proceso, aporta un mapa preciso para ser recorrido con todo tu corazón. Además permitirá sembrar en tu corazón un conjunto de semillas del atemporal paradigma de la identidad esencial, que todo ser humano es en su más exquisito potencial de amor y lucidez. Semillas cuyo florecimiento, tan lento como repentino, te acompañarán allí donde llegues en el anunciado salto cuántico de la especie humana, salto evolutivo que conlleva el vivir y entender la realidad desde la identidad esencial de la conciencia de unidad. 


Hacia los fines de semana, hay una sostenida propuesta de investigación existencial para trabajar de manera integral. J. M. Doria. 



El Programa de Educación para el Despertar, se te envía a domicilio en un maletín con el material impreso, y un cuaderno de trabajo. Las tutorías son por skype o teléfono fijo, para que pueda acompañarte en el proceso, disipando las dudas que surgieran. 


El Programa, lo puedes comenzar en cualquier momento que tú lo decidas, conviene que sea un dia lunes, por la dinámica de trabajo del curso. 



Juana Ma. Martínez Camacho 

Terapeuta Transpersonal 

(Escuela Española de Desarrollo Transpersonal) 

Especialista en Bioneuroemoción

(Instituto Español Bioneuroemoción)
Facilitadora Internacional CMR (Liberación de la Memoria Celular)
(Cellular Memory Release)


 www.centroelim.org 

juani593@hotmail.com

Telf. 653-936-074







miércoles, 12 de julio de 2017

Libertad

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La esclavitud es la identificación del que ve con los instrumentos de la visión. Patanjali.

Si usted puede ver como flotan y evolucionan las nubes del cielo, se debe a que usted no es precisamente tales nubes, sino el Testigo que las contempla. Entonces, ¿quién es usted?
Si usted es capaz de darse cuenta de las sensaciones de su cuerpo, se debe a que usted no es dichas sensaciones, sino el Testigo que las percibe y contempla. Entonces, ¿quién es usted?
Si usted es capaz de observar los sentimientos y pensamientos que aparecen en su mente se debe a que usted no es tales sentimientos, sino el Testigo que los contempla. Entonces, ¿quién es usted?

El ojo no se ve a sí mismo y todo aquello que uno pueda "ver", no será sujeto, sino objeto. El veedor no es lo visto. Sin embargo, puede decirse que en la vida cotidiana vivimos identificados con nuestro cuerpo y nuestra mente.

El problema que al parecer nos sucede es que el sujeto que ve, es decir lo que sentimos como identidad Yo, se cree ser los pensamientos. Es decir, que la propia identidad sujeto por excelencia es, de pronto, confundida con el objeto visto, aunque éste sea tan sutil como son los sentimientos más íntimos.

Sabemos que cuando somos parte de una querella perdemos la ecuanimidad. De la misma forma sabemos que cuando confundimos al Yo con la mente pensante se termina por sufrir los mismos vaivenes que los de los propios pensamientos.

Dé un paso atrás y experimente una interesante situación. Trate de imaginar que sus ojos internos están situados en la nuca. Desde este punto, ¿sería capaz de ver a sus ojos físicos mirar lo de fuera?. Dé un paso hacia el Testigo capaz de observar a sus globos oculares por detrás, y descanse en Él. La mirada y el pensamiento y todo lo que sea usted capaz de ver, no es usted, sino lo que tiene usted.

Cuando, por ejemplo, decimos "mi mano", ¿por qué decimos "mi" mano?, ¿acaso porque inconscientemente sabemos que no somos en realidad la mano, sino que tenemos una mano?. Tanto "mi" pierna, "mis" sentimientos, "mi" mente, "mi..." son objetos del Yo, no son el Yo.

Al liberarse de la identificación con los objetos de nuestra visión, experimentaremos libertad y desapego. Al darse cuenta de que usted no es sus deseos, ni su cólera, ni sus inquietudes... porque todo eso puede "verse", usted sentirá una Libertad de sabor neutral.
Pero, ¿qué significa ser neutral?, ¿acaso significa no tener especiales intereses personales en el objeto que se dirime?, ¿acaso no es sentir des-implicación?, ¿cuál es el porqué de esa des-implicación?, ¿es porque, acaso al estar des-identificado, no se está afectado?

El objetivo, tanto del yogui liberado como del lama iluminado, o bien el del sacerdote redimido y de tantos otros buscadores de libertad esencial, consiste, primero, en diferenciar y, posteriormente, en integrar.

Tras comenzar diferenciando, se finaliza la búsqueda en el momento en que lo de dentro y lo de fuera dejan de ser dos. Cuando sujeto y objeto son no-dos, cuando el observador y lo observado se tornan un Solo Sabor, sucede que, entonces, se ha trascendido la mente racional y dualista del Yo-Tú y se existe tan sólo como contemplación supraconsciente.

Entonces, simplemente todo ES.

Cada mañana al despertar y antes de pisar el suelo del mundo, observe como comienza a tener las primeras sensaciones, los primeros sentimientos y pensamientos... es decir, objetos en su consciencia. En ese preciso instante, es cuando resulta muy fácil preguntarse, ¿quién soy? y seguidamente, no "pillarse" con lo visto, sino más bien permanecer lúcidamente instalado en el Espectador.

Inteligencia del Alma. J.M.Doria


viernes, 28 de abril de 2017

¿Podrías Aceptar profundamente lo que hay aquí, justo en este momento?


¿Quieres una pareja perfecta? ¿Una madre o padre perfecto? ¿Un jefe perfecto? ¿Un cuerpo perfecto? ¿Sentimientos perfectos? ¿Una perfecta iluminación? ¿Una vida perfecta?
¿Qué te parece la idea de aceptar profundamente lo que hay aquí, justo en este momento? ¿Qué tal aceptar profundamente a los demás, tal y como son en este momento?
Cierto, parece un poco extraño. Suena un poco… contradictorio. Como darse por vencido. Como conformarse con menos de lo que uno se merece. Como… debilidad espiritual. Va en contra de toda esa mentalidad de “¡Ve y logra todo aquello que deseas!”.
Sí, estas enseñanzas acerca de la Presencia y del Estar Aquí y Ahora y de la Consciencia del Momento Presente podrían sonar un tanto simplistas, incluso ingenuas para la mente. Es muy fácil que se malinterpreten y que sean rechazadas. Después de todo, ¿quién querría renunciar a sus sueños del pasado y del futuro y enfrentarse a un momento misterioso? ¿Quién querría admitir la fragilidad y lo valioso de la vida, su naturaleza transitoria, su regalo agridulce? ¿Quién querría admitir su propia impotencia y reconocer su profunda humildad cósmica? ¿Quién querría morir al tiempo? ¿Quién querría renunciar a su idea de control? ¿Qué corazón podría asumir esa gracia? 
La verdad más profunda de la existencia es simple, aunque nunca simplista.

¿Aceptar “lo que es” es renunciar a la posibilidad de un cambio? No. Nunca.

¿Aceptar significa tolerar o “soportar”? ¿Significa obedecer ciegamente tus impulsos violentos? No, para nada.
¿Aceptar significa hacerse a un lado, volverse pasivo, hacerse de la vista gorda ante la violencia y permitir que pasen por encima de nosotros o de nuestros seres queridos? De ninguna manera.

¿Aceptar significa asumir un rol de vida diferente, el rol de una persona “sumamente espiritual”, “aceptando profundamente”, “una persona totalmente pacífica”? No. La aceptación no es un rol y no se trata de nada personal.

La profunda aceptación significa mirar a la vida de frente, en este momento. Significa poner atención a lo que hay aquí, en lugar de lo que no está presente. Significa dejar de lado las esperanzas y los sueños y despertar a lo que realmente es verdadero. Significa terminar la guerra, dejar de ver a través de la ilusión de un “yo” separado de este misterioso movimiento de vida. Significa alinearse completamente con las Cosas Tal y Como Son. Finalmente, significa estar en Casa, independientemente de lo que esté pasando. 
Esta es la gran paradoja, que en la aceptación profunda y sin concesiones del momento “imperfecto” viene el cambio, un cambio creativo e inteligente, sorprendentemente natural. ¡Qué perfección!
La mente nunca ha estado a cargo del cambio.
 - Jeff Foster (La Danza de la Nada)


domingo, 26 de marzo de 2017

Despertar del sueño

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Mientras vivimos en el sueño de la identificación, nos valemos de los sentidos físicos para percibir de manera limitada lo Real.

Nuestra existencia se arma con recuerdos del pasado, experiencias que hemos tenido, deseos, temores… vivimos atrapados en el tiempo, sin permitirnos funcionar naturalmente, perdiéndonos valiosos mensajes de nuestro cuerpo por no estar atentos, en el presente, en el ahora.

Vivimos de una manera mecánica, condicionada, y todo lo complicamos actuando compulsivamente, de manera reactiva, y creemos que eso es la realidad.

Mientras estoy identificado con lo que creo ser, no puedo elegir las respuestas más adecuadas, saludables a la situación porque sale lo automático, lo impulsivo, lo mecánico, por la fuerza del condicionamiento; y es que el pasado está tiñendo el presente, proyectándose en un futuro ilusorio, supuestamente mejor…

Todo cambia cuando suelto el tiempo psicológico y me instalo en el presente, viviendo momento a momento, vigilando, observando lo que pasa en mi mente y soltándolo. Observando los mecanismos reactivos que se ponen en marcha ante los estímulos externos, dándome cuenta que sólo son programas con los que venimos funcionando durante muchos años…

Al despertar, expresamos en muestra vida los valores del ser surgiendo la acción de manera espontánea, inspirada (no teñida por las emociones y pensamientos que se mueven en la superficie) independientemente de lo que acontezca, en una actitud contemplativa.

El despertar nos lleva a mirar la verdad directamente, descubriendo la inteligencia, la belleza, la energía y el amor que soy, la Realidad, ese potencial en vías de actualización, atestiguando todo lo que acontece desde la conciencia.

Una vez descubierta la Verdad, debo mantenerme allí donde la he visto, si quiero que ilumine mi vida, como un faro que alumbra el camino del navegante en la oscuridad del océano.

Cuando me despisto, me distraigo, se trata de observar esa distracción y volver a la contemplación con una actitud amorosa, para ello debo de tener una vocación por vivir desde la verdad y estar “vigilante” para darme cuenta. Mantenerme atenta a la luz que soy en lo profundo.

Luego que se va haciendo el camino, ese estado de lucidez se mantiene sin esfuerzo, lo mantiene la luz, y, al estar despierta, más lucidez, paz, alegría, espontaneidad y amor sin causa sentiré.

Para despertar a la Verdad es imprescindible hacer silencio de lo pensado, sentido, soñado, imaginado; un camino de soledad y silencio hacia el sí mismo, adentrándose en la aventura del descubrir.

Lo que nos separa de la Realidad es la mente entretenida con sus imaginaciones y sueños, se trata entonces de “girar” la mente y mirar hacia adentro, hacia la luz, y a partir de esa mirada despierta, el amor surge espontáneo inevitablemente.

                                                                                   www.centroelim.org

domingo, 22 de enero de 2017

Sobre el vivir centrada



"Si estoy centrada, puedo "convivir" con las diferencias del otro, pues en el Centro veo que somos lo mismo, en mi centro estoy yo y el otro y todo el universo.

Es cuando me despisto, me des-centro que me molestan las diferencias que se muestran en la personalidad, todo cambia cuando vuelvo a mi centro, desde allí puedo ver con claridad el funcionamiento de mi "personaje" y el funcionamiento del "personaje" del otro, y es todo como un "juego", o como "una obra de teatro", donde cada cual desempeña "su papel", "su personaje", y desde el Centro me doy cuenta que la "obra" es perfecta, y que no afecta en nada a esa profundidad que soy; puedo, en la superficie, cambiar lo que quiera para que "la personalidad" se desempeñe mejor, pero lo que cambie afuera, no modifica para nada mi Centro, mi Esencia. 
Desde allí, desde esa profundidad que soy, ese Centro, brota todo lo que soy, el amor, la lucidez, la energía, todas las cualidades básicas salen de allí y se expresan en el mundo por medio de mis vehículos: cuerpo, mente, emociones.

En la medida que voy limpiando los "programas" que ya no me sirven, instalados en la niñez y alimentados posteriormente mediante la repetición automática (miedo, inseguridad, ira, dependencia emocional, etc), se va trasluciendo más ese fondo, se va limpiando el camino para que el Ser, el Centro, se exprese sin distorsiones en mi vida diaria concreta. 

El descubrir mi Centro, mi Esencia, ha sido una real solución a mis problemas: experimentar que hay algo en mí que no es afectado por nada, ni por nadie y que es la fuente de donde surge todo, que es una fuente inagotable de amor, de inteligencia, de energía, donde puedo "descansar", desde donde puedo observar la vida sin juicios, sin dependencias, sin contrariedades, sin expectativas....

Cada vez que mi personalidad está "movida" por los vientos de la vida, observo desde el Centro; cada vez que me despisto con alguna situación externa o interna que despierta alguna "sombra" , me Centro, porque es Centrada como puedo vivir esa situación, por dolorosa que sea, respirándola, observándola, llorándola, comprendiéndola y aceptándola, en definitiva Sanándola. 

También las situaciones agradables intento vivirlas centrada, para recordar que “todo pasa” y no aferrarme a nada. Y todo este movimiento en la superficie no afecta a mi Centro (como las olas en la superficie no afectan el fondo del océano).

El secreto de una vida plena, serena, armoniosa, pacífica, a pesar de cualquier situación que esté atravesando, aunque la personalidad esté confundida y no sepa como "salir del embrollo", mas allá de estar bien o mal en la superficie (porque en definitiva, todo es pasajero, transitorio) es Centrarme, vivir cada vez más y más en mi Centro (Ser, Observador, Esencia), en la vida diaria, tanto en la actividad, como en el reposo, tanto si estoy sola como acompañada, mediante el estar atenta y cuando me doy cuenta que me vuelvo a despistar, vuelvo al Centro. 

Esto tiene grandes repercusiones a mi alrededor, cuanto más vivo desde ese nivel más fácil me es conectar con el otro, comprender al otro, acompañar al otro....todo fluye cuando estoy centrada, y me doy cuenta que "no hay nada que hacer", en ese nivel "todo sale solo". 

Cuando me despisto, toda esa "magia" desaparece momentáneamente y me identifico con lo que le pasa a mi personalidad, con todas sus consecuencias de placer/dolor.....vuelvo a centrarme y es como si "cambiara el color de las gafas"!!!! " 
                                                                                                             2009- Juani





domingo, 8 de enero de 2017

Un autentico Amor desde adentro

No esperes una razón para amar.
No esperes el cuerpo perfecto, o los pensamientos perfectos, o el compañero perfecto, o el éxito perfecto, o el momento perfecto.
No estás buscando la ‘vida perfecta’, sino el abrazo perfecto a esta vida imperfecta, el abrazo a la presencia misma, el amor incondicional de esta historia de ‘mí’ sin resolver que nunca parece ir como lo planeaste, por lo menos no por mucho tiempo.
¡A veces las cosas parecen ir de lo mejor! Estás manifestando espléndidamente, tu vibración es alta, tu sueño está intacto.
Luego, un visitante inesperado irrumpe. Algo falla y se sale de lo que estaba planeado. Llega un diagnóstico. Una certeza se hace añicos. Un tropiezo o una caída. Un viejo sentimiento regresa, un temor, una duda, una sensación de haber sido abandonado por algo que jamás debió abandonarte.
La narrativa de ‘mi vida maravillosa’ se convierte en aire. Y te quedas con la vida en carne viva, una vez más. Sin protección, una vez más. Sin respuestas, una vez más. Sentimientos de fracaso, vergüenza; sin saber cómo vivir.

¿Ninguna razón para amar?
¡No, una razón para amar aún más profundamente!
Para acogerte a ti mismo en un abrazo mucho más profundo.
Para ponerte cara a cara con el decepcionado, con el abandonado, con el avergonzado, con el que se le ha roto el corazón.
Para mantenerlos cerca de ti, en la calidez de la presencia.
Para estar aquí y escuchar el canto de los pájaros, para acariciar la mañana mientras va surgiendo.
Para sentir el porrazo y la presión y el jaleo de la vida, donde estás, como estás, sin esperar.

No te has abandonado a ti mismo. Y esto lo cambia todo, incluso mientras todo cambia. Eres sumamente estable, aquí en el ojo del huracán, inquebrantable mientras todo se viene abajo.
Sé ese abrazo, nunca esperando amor, sino amando, incluso cuando te sientas rechazado o no amado.
Esto romperá el ciclo de abandono de una vez por todas. Y todo el dinero del mundo, todo el éxito, toda la fama, todas las respuestas, todas las ‘validaciones’ o ‘perfecciones’ externas no podrán tocar este amor divino.
Es tan puro, tan libre, tan auténtico. Es tú, ya no impulsado por el miedo.
- Jeff Foster