Realidad Esencial




REALIDAD ESENCIAL




Bienvenidos al blog donde investigaremos sobre la Realidad, sobre lo que realmente somos más allá de las apariencias e ilusiones, sobre la no-dualidad.

Lee las entradas con una mente abierta dejando que los contenidos te "resuenen", lo que no puedas aceptar, déjalo para más adelante. No se trata de creer nada, más bien, se trata de investigar por si mismo lo que nos apuntan los grandes maestros. La experiencia nos confirma que somos un potencial inmenso, infinito de amor, inteligencia y energía (en palabras del maestro Antonio Blay) a actualizar, a llevar a la acción…



Espero te sientas a gusto en este espacio creado con amor.

Juani


domingo, 29 de abril de 2012

Somos mas que nuestra mente concreta


Limitaciones de la mente concreta

Observa que tú, en tu profundidad, estás viviendo otras cosas, si no no te darías cuenta de que sufres, y sufres; no te darías cuenta de que estás solo, cuando te sientes solo. No te darías cuenta de todo este mundo vivencial interior sólo con tu mente concreta. El problema es que a la hora de pensar, piensas sólo con la mente concreta y entonces reduces toda esta realidad completa que vives a lo que puede formular tu mente concreta. Y en consecuencia, tus decisiones tienes que tomarlas con esta misma mente concreta.
Tú has de poder reconocer-te ya ahora, ver que eres mucho más que esta mente concreta, que tienes dentro de ti un mundo interior de vivencias, de aspiraciones, de deseo de vida, de expansión, de realidad total; y eso en un plano puramente psicológico. Eso has de poder aceptarlo ahora, más allá de lo que tu mente concreta pueda formular.

 La mente es una herramienta, ella es tu instrumento, precioso, absolutamente necesario para manejar las cosas; pero no es toda tu realidad, ni mucho menos; es algo a tu servicio. Has de poder descubrir esta noción actual de ti, que está mucho más profunda y mucho más elevada y es mucho más rica y compleja que las formulaciones en el nivel de la mente concreta.
No esperes ninguna demostración directa de la mente concreta, por ejemplo, de que eres un ser vivo, y mucho menos de que eres esa plenitud. La mente es simplemente un instrumento de simbolización, pero no es equivalente a la realidad que tú eres.
 Cuando tu tienes hambre, el hambre es su propia razón, su propia evidencia; no hace falta que tu mente concreta te diga que tienes hambre, que lo formule.
Y cuando tu estás en un peligro y tratas de sobrevivir, esta fuerza, esta necesidad de sobrevivir, es algo evidente por sí mismo: es tu realidad mucho más -o por lo menos, igual que tu capacidad de formular concretamente, enjuiciar, valorar, criticar o deducir pruebas.
Hemos de estar abiertos a toda la realidad que somos, podamos o no dar razón de ella.

Pregunta: ¿Por qué la persona se refugia tanto en la mente concreta?
Blay: Por varias razones. Nos refugiamos en la mente concreta porque la utilizamos como un medio para controlar las cosas. Igualmente sirva para defendernos de las cosas; y para defenderse también de las cosas internas, de los miedos, de los recuerdos desagradables, de los peligros que el exterior pueda entrañar. Por eso estamos siempre crispados sobre esta mente, porque es nuestra pantalla, nuestro medio de autodefensa.
También porque la mente concreta es un instrumento precioso para hacer las cosas, para manejarnos en el mundo concreto, para adecuarnos a unos objetivos; hacer, manejarnos, adecuarnos, son unos medios para unos fines. Pero la realidad que tu eres no es ningún medio para ningún fin; la realidad que nosotros somos no tiene ninguna finalidad, simplemente Es.

Eso se parece a la pregunta que hacía un personaje cuya actitud era siempre analítica: «un niño recién nacido ¿para qué sirve?». Pues no sirve para nada; es en sí mismo. En cambio, nuestra mente concreta siempre está buscando unos medios para unos fines; es siempre utilitaria, está siempre subordinada a un objetivo. Pero nuestra totalidad no tiene objetivo, ya que un objetivo es siempre algo en relación a otra cosa, es siempre una parte en relación con otra parte o en relación con el todo, pero nuestra totalidad, por definición, no puede tener objetivo, no es algo en relación con otro algo. Así, no es posible aplicar este criterio de utilidad o de demostración en lo que se refiere a nuestra totalidad o a nuestra identidad esencial. Lo que es válido para el mundo de relaciones no es válido para el sujeto de este mundo; son órdenes completamente diferentes. ¿Lo veis eso?

Pregunta: Pero parece ser que la noción de realidad es también una creación de la mente.
Blay: No, no. La noción de realidad se formula a través de la mente pero no viene de la mente; porque cuando tú tienes un dolor de muelas muy fuerte, este dolor de muelas no es tu mente. Y, sin duda, aquello es lo más real (en aquel momento). Digo «noción de realidad» no en el sentido de noción puramente intelectual, sino en el de vivencia o modo de experimentar lo real. Es un sentido más amplio de noción, y que puede manifestarse en lo vital o en lo afectivo. Pero lo curioso es que esta noción de realidad no viene de la mente, pues aunque estemos hipnotizados por nuestra mente, de hecho la desbordamos ampliamente. Yo soy el que está crispado, soy yo en relación con la mente; o sea, hay alguien que está detrás de esta mente.

Toda la felicidad que soy capaz de anhelar la soy ahora. Toda la realidad última, suprema, definitiva, eterna, que yo sea capaz de desear o de intuir, ya la soy totalmente ahora. Y si no la vivo es porque mi mente está ausente de ella. Y todo el conocimiento, toda la evidencia, toda la claridad y lucidez que yo soy capaz de desear o de intuir, ya la soy; pero lo ignoro porque mi foco mental está concentrado en el aspecto externo. Todo el trabajo consiste en que yo aprenda a dirigir mi atención hacia este fondo, hacia ese océano de conciencia que hay; simplemente. Y que luego aprenda a vivir desde ahí. Es un problema de traslación (de este foco).

Pregunta: ¿Es un problema de atención mental?
Blay: Sí. Nosotros estamos polarizados en la mente, y en la mente hay el factor que piensa (mente concreta), pero también hay un foco mental de atención. Y es ahí donde estamos manejando esa noción de realidad. Y al estar crispados en este punto no vivimos como realidad más que lo que manejamos a través de este centro. Así, como estamos identificados aquí, debemos aprender a vivir abriéndonos desde aquí y conectarnos con el fondo, lo que se produce sólo cuando yo dejo de estar crispado sobre las formas, cuando yo aprendo a estar presente, despierto, pero soltando las formas.        
                                                                     A. Blay- La Realidad


sábado, 28 de abril de 2012

“ESO”


Silenciosa y serenamente
Olvidamos todas las palabras.
Clara y nítidamente aparece Eso
Cuando lo entendemos, es vasto y sin límites;
En su esencia, somos claramente conscientes
Extrañadamente reflejante es esa brillante conciencia,
Maravillosa es esta pura reflexión.

El rocío y la luna,
Las estrellas y los arroyos,
La nieve sobre los pinos,
Y las nubes que flotan sobre los picos de montaña,
Eran oscuros y se vuelven claros y refulgentes,
Eran sombríos y se vuelven resplandecientes.
Una infinita maravilla habita esta serenidad,
En esta reflexión todo esfuerzo intencional se desvanece.

La serenidad es la palabra final,
La consciencia es la respuesta a todo.
Liberada de todo esfuerzo, esta respuesta es natural y espontánea.
La desarmonía surgirá si no hay serenidad en la contemplación
Y todo se volverá inútil y secundario.

La verdad de la reflexión-serena es perfecta y completa.
¡Mira! ¡Los cien ríos fluyen en torrentes
Tumultuosos hasta el gran océano!

Hung-Chih

jueves, 19 de abril de 2012

La expresión en la vida



   La vida está pidiendo que todo yo sea expresión, que todo lo que soy y tengo lo entregue de un modo inteligente, que lo utilice en mi vivir, que lo invierta en mi existencia cotidiana, mi energía física, mi salud.
 ¿Para qué lo quiero, sino es para vivir, andar, hacer? 
¿Para qué quiero mis sentimientos, mi capacidad- de amar, de reír, sino es para poderlo comunicar, para poderlo compartir, para poder iluminar con mi pequeña luz la luz de los demás? 
  Mi inteligencia, mi capacidad de comprender, también la tengo sólo para dar; en la medida en que guardo algo, estoy haciendo una estafa a la vida, me estoy engañando a mí mismo. Es esto lo que hay que ver; el sentido total de la vida. 
  La vida la tenemos para vivirla hasta el fondo y desde el fondo, y cada instante de ella debe ser un acto total en el que todo yo me brindo a vivir aquella situación, desde lo más profundo hasta lo más externo, como si todas las puertas interiores estuvieran siempre abiertas, libres.
 Cierto que mi expresión siempre está configurada por la inteligencia; pero que la inteligencia no impida la expresión, que la inteligencia dé la forma adecuada, pero no reste expresión.

Si esto que estamos tratando de sugerir, se entiende, se intuye, entonces el trabajo será más fácil. Porque la mayor parte de los problemas, por no decir todos los problemas que tenemos, proceden de nuestro miedo a vivir. Todos los problemas son el resultado de que algo en mí quiere vivir y al mismo tiempo algo en mí quiere retener, quiere estar, quiere guardar, de un modo estático.
Yo tengo miedo de entregarme, porque tengo miedo a perderme, a que yo deje de ser yo, porque creo ser unas cosas y quiero ser esas cosas que creo ser. Esto es falso, erróneo y, como todo lo erróneo, produce dolor.
 Yo únicamente he de pretender ser yo mismo del todo, pero no de una manera determinada. Yo mismo he de estar creando, improvisando, mi manera en cada momento, no he de partir de unas ideas previas, para luego obligarme a conformarme todo yo a esas ideas previas.
 He de descubrir que la vida es un proceso creador constante y que es en cada momento que he de tratar de ver, de descubrir, de crear lo más adecuado, lo más correcto. Entonces afrontaré la vida con esa actitud dinámica, con esa actitud centrífuga creadora. Entonces la vida no me creará problemas.
 Los problemas se originan cuando estoy intentando poner condiciones a la vida, cuando estoy intentando que las personas y las cosas sean de un modo y no de otro, cuando quiero que lo demás se conforme a mí, que actúe o esté de acuerdo con mi idea, con mi gusto, con mi interés. Al no responder lo exterior tal como yo deseo, tal como yo exijo, o al responderme de un modo precisamente opuesto, esto lo vivo como una lesión a mi dignidad, a mis derechos, a mi justicia. Los problemas siempre son de este tipo.
Por tanto, la persona que desarrolla el coraje de vivir en un cien por cien, esa persona se hace invulnerable. Nada puede herirla porque no tiene nada que proteger. La vida le viene dada, le viene renovada, le viene acrecentada en cada instante, no solamente la vida física sino, además y sobre todo, su conciencia de ser, de poder, de inteligencia, de amor, todo esto le está siendo renovado y nadie puede quitárselo.

 En la media en que la persona aprende a centrarse más y más en esta fuente de vida, en esta capacidad de ser, de crear y de expresarse, se desprende de todo lo que son formas. No es que no las tenga. Lo que ocurre es que deja de depender de ellas, y, por lo tanto, no hay nada que la pueda herir, ni problemas financieros, ni situaciones sociales, ni problemas o desengaños personales, ni la muerte de un familiar; no hay nada que sea una lesión real.
En cambio, esta persona será la más capaz de ayudar, la más capaz de ser útil porque no se trata de que la persona se aísle de los demás, se gire de espaldas a los demás para protegerse y se desinterese de los demás, llevada de un fiero egoísmo, sino todo lo contrario.
Bien, entonces, manteniendo en este espíritu, o tratando de crecer en este espíritu, entonces sí que las actividades de la vida diaria ofrecen en cada momento una posibilidad espléndida, porque la ventaja que ofrece la vida diaria es que los estímulos van cambiando en cada momento. En un momento, será un estímulo que necesita responderse físicamente, en otro será a través del sentimiento, y en otro será a través de la mente. Hay una pulsación que varia constantemente en nuestras situaciones cotidianas. Por esto es un ejercitamiento global, total, de nosotros mismos.
  
 Se trata de que aprenda a responder a esto de un modo total, de que trate en cada momento de vivir todo yo cada situación, que todo yo viva cada situación como algo único, pleno, centrándome en el instante, centrándome en lo inmediato, en lo presente. Que yo viva este presente todo yo, con toda mi mente, mi afectividad y mi cuerpo, todo yo presente expresándome, proyectándome en este instante, siempre de una manera perfectamente adecuada. Manteniendo esto, se cambia y se cambia rápido.
La persona que trabaja efectivamente en esta línea, en muy pocos meses verá desaparecer sus estados de inseguridad, de angustia, sus sentimientos de inferioridad, su insomnio, su problema de estómago, o cualquier otro.
Por medio de la autoexpresión, se puede descargar todo lo que estaba retenido.
                                                                                                                                          A. Blay




martes, 17 de abril de 2012

La conciencia como Fondo



Se trata de aprender a ver que la conciencia no es sólo lo que la mente mira. La, conciencia es lo que está detrás de lo que la mente mira. Cuando tú me vez a mí eres solo consciente de mí; pero no podrías ser consciente de mí si no fueras consciente de la pared que hay detrás de mí. Pero siendo consciente de la pared, no eres actualmente consciente de que ves la pared; porque tu atención exterior, que tiende siempre a particularizarse, se centra en mi forma física y no en el fondo gracias al cual percibes la forma particular. Pero no podrías percibir esta forma particular sino percibieras el fondo.

Y así ocurre con todo acto de conciencia: somos conscientes de algo gracias a que somos también conscientes de otra cosa detrás. Soy consciente de una idea porque hay una no-idea alrededor; sino no sería consciente de la idea. Soy consciente de una verdad como verdad, porque hay una noción de inteligencia detrás; y la verdad es la forma particular de esta inteligencia. Hay un sentimiento (o estado) particular porque hay un fondo universal o total en ti que es un «sentir» siempre presente. Si no hubiera este fondo no podrías percibir el estado o sentimiento particular. Es por esta facultad maravillosa que al focalizar nuestra atención en algo particular dejamos de ser actualmente conscientes del fondo, a pesar de que lo seguimos siendo (de un modo u otro), sino no podríamos percibir lo particular.

Es parecido a una visión. En la visión -esto se ve muy claro en el cine-, ocurre cuando se quiere enfocar claramente un primer plano (o una figura en primer término); entonces lo que está detrás se obscurece, quedando borroso. Si se quiere centrar lo que está en el fondo se diluye lo que está en primer plano ¿no es cierto? Así, podríamos decir: detrás de esta conciencia lúcida, actual, que tenemos de nosotros en primer plano, está esa presencia difusa de la realidad total que somos.

Es necesario descubrir que esa cosa que parece no-cosa es nuestra conciencia completa, amplia, profunda, pero ahora estamos adiestrados a mirar sólo lo particular; y de lo particular, a otro particular y a otro particular. Y así, estamos constantemente resbalando por lo que son figuras o estados particulares, fenómenos particulares de la conciencia, sin descubrir que esto implica ser toda la conciencia que hay en el fondo. Debemos aprender a aceptar esa no cosa presente, eso que parece que no es nada, eso que parece que es silencio, eso que parece que no tiene sentido (al principio), porque es la base, es el sustrato del cual está hecha mi conciencia particular.

Estamos mentalizados a creer que es más real la forma que el fondo y no es cierto; porque una forma es sólo forma del fondo. Estamos acostumbrados a creer que una ola es más real que el mar; nuestra mente lo percibe así porque el mar es amorfo y la ola es la forma que percibe distintamente nuestra mente. Pero la ola no le da mayor realidad al mar, la ola está hecha (toda ella) del mar, y percibimos la ola gracias al mar, o sea, lo que es no-ola.

Así, todos los actos particulares, de pensar, de sentir, de querer, son como olas de una océano básico. Nosotros atendemos a las olas de cada momento sin tomar conciencia del océano base que somos. Se trata, pues, de educar la mente a prestar atención a lo que es el fondo, y entonces, desde el fondo vivir las formas, desde la totalidad vivir lo parcial, desde la plenitud vivir cada acto particular.
                                                                                                A. Blay



lunes, 16 de abril de 2012

Conciencia


                                                    
La infinita luz de la conciencia
mis cansados ojos ciega
Y siento, como hasta el alma se repliega
en un remanso de paz, que en apariencia
parece estar hecho de la esencia.
de esa inmensidad que me sosiega.
y veo, como inundo el firmamento,
Como me expando, me diluyo,
y me confundo con una sensación de amor profundo
que hace enmudecer el pensamiento.

                                                                          Rafael Cuadros

sábado, 14 de abril de 2012

Reflexionando con Osho



El Paraíso




                                                               El Significado de la vida


viernes, 13 de abril de 2012

Felicidad


Felicidad es alcanzar
el nuevo puerto cada dia,
cual agua que fluye,
libre de estancamiento
y melancolía,

... El ayer se ha marchado ya
y se lleva consigo toda charla pertinente,
hoy, hoy debemos vivir esa historia fresca otra vez
como la rivera renovando todo a su paso
ahora sigue, eres libre!

Rumi


martes, 10 de abril de 2012

El Centro inclusivo



 Cuando yo vivo mi centro es cuando descubro el centro de los demás. Cuando yo vivo mi conciencia profunda es cuando descubro mi parentesco con los demás.
 Cuando yo vivo sólo lo externo es cuando vivo lo que me separa totalmente de los demás. Por lo tanto, el lugar desde dónde yo vivo es lo que señala mi capacidad de vivir.
Si vivo lo periférico el otro será para mí un ser distinto, el cual podrá ayudarme o oponérseme, pero siempre como un ser diferente.
Cuando yo vivo desde mi conciencia interna, el otro es alguien que resuena como yo, que tiene unos modos muy semejantes a mí, que tiene el mismo argumento básico de existencia y que participa de lo que yo vivo -y yo de lo que él vive-, me dé cuenta o no.
 Y cuando llego más al centro descubro que hay una profunda identidad de sujeto último.
Esta profunda identidad de sujeto último no la realizo como identidad de mí, sino como realidad e identidad última del Ser. Podríamos decir que descubro que él y yo somos uno; que es lo mismo que descubrir que él y yo somos en Dios. Somos uno en el Centro de los centros, en el Centro Supremo que llamamos Dios.
Cuando yo soy capaz de estar atento a mí y al otro, descubro este nuevo centro, que no es ni yo ni el otro; este nuevo centro es el centro de mi centro, y a la vez es el centro del otro centro. O sea que yo descubro mi identidad última, central, con el otro, a través de mi vivencia de la presencia, central, de Dios.

Todo esto es experiencia, todo esto es posible; si lo trabajáis podréis llegar a ello. No se trata de ideas que he de aceptar porque me gustan, sino que son para experimentarlas. No se trata de pensar: «dentro del otro está Dios y he de esforzarme en creerlo»; no se trata de esto.
Se trata de que yo viva mi conciencia de ser, que descubra lo que hay detrás de eso, y entonces que trate de vivir lo que hay detrás en el otro. Y veré que me es imposible vivir simultáneamente el estar detrás mío y el estar detrás en el otro, si no voy a un punto detrás y encima de todo. A un punto que une absolutamente todas las cosas. De ahí el sentido tan profundo de esta frase misteriosa que encontramos en el evangelio, que dice: «Cuando dos o más estuvierais reunidos en mi nombre allí en medio estoy yo».
O sea que cuando alguien tiene que estar con otras personas y se sitúa en lo que ocurre (por encima), no en yo, no en él, sino en lo que ocurre, entonces descubrirá una conciencia más allá de su conciencia personal. Esta conciencia es lo único que centra todos los centros, es la Conciencia Superior, el Ser Supremo.
 De ahí que el estar presentes, muy profundamente presentes a la situación individual y de grupo, es un medio poderosísimo para el desarrollo de la intuición y para el crecimiento de la conciencia espiritual.
                                                                 A. Blay

viernes, 6 de abril de 2012

El secreto de la relación humana


   Es cuando se produce el fenómeno de conciencia conocido como inducción. Si yo, al relacionarme con una persona estoy cerrado dentro de mis miedos, estoy provocando aunque no lo mencione, los miedos de la otra persona, estoy despertando los suyos. 


  Si yo tengo una actitud de serenidad interior, aunque yo exteriormente no manifieste nada especial, por inducción tiendo a producir un estado de serenidad en el otro. 

  Cuando yo estoy centrado en un nivel de visión espiritual, entonces veo todas las posibilidades positivas que hay dentro de aquella persona, y que esto es la verdadera naturaleza profunda de la persona en curso de expresión. Cuando yo veo esto y lo mantengo, estoy ayudando a que el otro también lo vea y lo desarrolle; estoy induciendo su elevación de conciencia. 

  Esta es una actitud en la relación humana que generalmente se conoce muy poco. Y así se ayuda mucho más que queriendo convencer a la otra persona de lo que ha de hacer o de lo que no ha de hacer. Porque ante lo que yo pueda decirle tendrá una reacción personal. En cambio, cuando yo veo esto, cuando veo lo que el otro es en el fondo, estoy yendo a favor de lo que el realmente quiere, y entonces no hay ninguna presión, ningún obstáculo. Estoy, diríamos, estimulándole desde su propio interior en la dirección que él desea. 

  Este es el secreto de la relación humana. Que yo viva centrado en mi conciencia de realidad y que desde ahí aprenda a ver la realidad que está latente y que quiere expresarse en el otro. Y mantener esto a todo trance, sin dejarme influir por las apariencias, por lo que se ve en el exterior, de defectos, de contradicciones, sino aprendiendo a ver lo que es detrás de lo que aparece. 
                                                                                                       A. Blay


jueves, 5 de abril de 2012

Comprensión



¿Cómo puedo solucionar un problema que está completamente por debajo del nivel de mi consciencia?

 -Nisargadatta: Siendo tú mismo….observándote durante tu vida cotidiana con un interés despierto, con la intención de comprender más que de juzgar, aceptando plenamente lo que emerja, sea lo que sea, por el mero hecho de que ya está ahí; de este modo, fomentas que lo profundo emerja a la superficie y enriquezca tu vida y tu consciencia con sus energías hasta el momento cautivas.

Este es el gran trabajo de la consciencia: elimina obstáculos y libera energías por medio de la comprensión de la naturaleza de la vida y la mente. La inteligencia es la puerta de acceso a la libertad y la atención despierta es la madre de la inteligencia.

Pregúntate ahora mismo:

¿Estoy despierto/a? ¿Dónde se encuentra mi mente en este preciso momento?
                                                                                                                   
                                                                                                          
Nisargadatta Maharaj       



lunes, 2 de abril de 2012

Vivir Centrado


Cuando la persona aprende a vivir sintiéndose a sí misma, siendo consciente de sí misma en todo momento, se da cuenta que hay algo en sí misma que es aparte de las cosas que hace o dice, aparte de lo que piensa y de lo que le ocurre por dentro.
 Se da cuenta que él es en todo momento, haga esto o lo otro, haga algo o no haga nada. Esto da a uno una noción directa, una experiencia inmediata de independencia respecto a las cosas que ocurren. Esto, curiosamente, hay pocas personas que lo experimenten espontáneamente.
 Uno suele estar tan estrechamente conectado con su acontecer interior o exterior que en cada momento se cree ser aquello que le ocurre, y por eso si lo que le ocurre es desagradable, la persona se vive a sí misma negativamente, y si lo que le ocurre es agradable, positivamente.
En realidad no debiera ser así.
La persona es siempre algo intrínseco, algo positivo, con total independencia de que le ocurran cosas agradables o desagradables. Es decir, hay que aprender a cultivar esta vivencia más central de yo, cómo espectador, en todo momento. Cultivándola en todo momento se descubre que hay una constante, lo mismo si ocurren cosas agradables como desagradables. Esa constante que hay detrás de las variaciones nos conduce hasta una evidencia nueva, una evidencia interior de independencia respecto a las diversas cosas y circunstancias. Se ve que hay un factor común, una identidad de uno consigo mismo más allá de todos los cambios. Esto es lo que da una sensación de verdadera independencia y de libertad interior. Uno se emancipa. Las cosas ya no le afectan como antes, a pesar de que puede manejarlas mejor que antes, porque al no confundirse con las cosas aprende a valorarlas sin tendenciosidad. De este modo adquiere una visión más correcta de las personas, una valoración más justa de las situaciones y, por lo tanto, su capacidad de juicio y de decisión gana también en calidad.
Al mismo tiempo este vivir conectado con sus cualidades interiores, con las nociones básicas de realidad, de energía, de discernimiento, hace que estas mismas cualidades, que están dentro de un modo potencial, se vayan desarrollando y manifestando con mayor celeridad.
Esto proporciona a la persona una gran fuerza y solidez interior. Su núcleo central, el núcleo del yo-experiencia, se va consolidando de una manera extraordinaria. Esto conduce directamente a ese estado de fortaleza, de estabilidad y de maduración que en el fondo todos están buscando a través de una cosa u otra.
                      
Algunas personas piensan que este vivir centrado en sí mismo puede conducirles a una indiferencia o apatía por todo lo externo.
Confunden la independencia interior con la indiferencia o frialdad. Piensan erróneamente que si no se identifican con lo que ocurre, personas o acontecimientos que rodean su vida, no pueden sentir su impacto.
 Y es que uno sin darse cuenta tiende a interpretar el estado de no identificación con el estado de aislamiento interior en que uno se cierra a la impresión de lo externo y lo mira todo solamente desde fuera; y no es esto.
Cuando uno aprende a estar centrado uno puede abrirse totalmente a1 impacto, a la impresión, y uno tiene mucha mayor sensibilidad que antes, mejor dicho, tiene la misma, pero dispone de ella del todo, cosa que antes no ocurría porque siempre había una actitud de rigidez como autoprotección.
En el momento en que uno se siente seguro, fuerte, ya no tiene necesidad de protegerse, porque no se: siente amenazado, y entonces es cuando puede aceptar lo que venga. Pero si yo no me siento yo en mí mismo y tan sólo me apoyo en unas impresiones, o en unos estados de ánimo, forzosamente he de retener estas impresiones, o buscar otras que sean más positivas y agradables para mí, a fin de sentirme artificialmente más fuerte.
Por eso el lograr esta actitud de atención central, se traduce en una libertad y en un aumento de poder interior. Uno dispone de sí mismo, dispone de su sensibilidad, puede abrirse. No queda impresionado ni por las ideas, ni por las emociones; uno percibe las propias emociones pero las percibe como algo exterior al yo. Sin embargo las vive y las siente del todo; no es un simple mirarlas con un juicio crítico, como hace la persona que está normalmente cerrada, y como se suele hacer siempre y a diario. Se trata de ser yo del todo, sintiendo el yo como centro de este todo. Y entonces que este yo se abra a la experiencia; y esta experiencia no modificará para nada al yo, sino simplemente ensanchará su campo de vivencia, su campo experimental, pero sin hacerle perder en modo alguno esta cohesión, esta axialidad, esta independencia básica que le caracteriza. En consecuencia, uno disfruta mucho más que antes.
Y de la misma manera, uno aprende también a expresarse con más naturalidad, con más libertad que antes, porque antes uno tenía que estar siempre calculando lo que decía y cómo lo decía, si representaba un riesgo para la propia seguridad social, o la idea que los demás se formaban de uno mismo, la opinión, la crítica, etc.
 Pero cuando uno vive centrado, ciertamente toma en cuenta el problema de la crítica, porque es un hecho real, pero no depende interiormente de él y, por lo tanto, puede expresarse con toda la libertad, aunque de hecho utiliza esta libertad justo en la medida que lo juzga prudente en cada situación.
Entonces se produce un modo nuevo de poder vivenciar las cosas y en verdad se disfruta mucho más que antes. Se parece un poco a lo que experimenta un buen actor cuando ha de vivir un papel y este papel lo puede vivir muy conscientemente.
El actor disfruta enormemente al representar aquel papel y al expresar aquellos sentimientos que trata de vivir. Pero en la medida que él se mantiene consciente, él se siente independiente de aquello que expresa, sin dejar por eso de sentirlo. O sea, cuanto más capaz es de sentirlo y al mismo tiempo de mantenerse él mismo centrado, consciente, más aumenta su capacidad de disfrute; juega mejor porque juega más todo él. Y exactamente igual ocurre en la receptividad: uno participa más plenamente en lo que ve.
                                                                                             
                                                           Relajación y Energía - Antonio Blay