Realidad Esencial




REALIDAD ESENCIAL




Bienvenidos al blog donde investigaremos sobre la Realidad, sobre lo que realmente somos más allá de las apariencias e ilusiones, sobre la no-dualidad.

Lee las entradas con una mente abierta dejando que los contenidos te "resuenen", lo que no puedas aceptar, déjalo para más adelante. No se trata de creer nada, más bien, se trata de investigar por si mismo lo que nos apuntan los grandes maestros. La experiencia nos confirma que somos un potencial inmenso, infinito de amor, inteligencia y energía (en palabras del maestro Antonio Blay) a actualizar, a llevar a la acción…



Espero te sientas a gusto en este espacio creado con amor.

Juani


martes, 29 de mayo de 2018

Cuando emerge la tristeza (las noches oscuras del alma)



No tienes que hacer nada…deja que las cosas sucedan por si…solo has de vivir  momento a momento…
 ¿y qué tiene de malo sentir la tristeza?, sólo está aquí en tu presente para que la vivas, para que la sientas, la abraces…. es una tristeza profunda, de mucho tiempo… es la tristeza que no te has permitido sentir, que callas con actividades o razonamientos, o tratando de salir rápidamente de ella…ahora toca abrazarla, sentirla, permitirla, no busques el “por qué esta otra vez aquí”…
Ella viene para que la reconozcas, no tiene una motivación concreta más que te la permitas sentir… has acumulado durante tanto tiempo en tu sistema el dolor y ahora solo toca sentirlo…te transformará el hacerlo, lo atravesarás y te darás cuenta de la luz que hay del otro lado de la tristeza.
La tristeza solo está en la superficie, ábrete a experimentarla conscientemente…tú no eres esa tristeza…tú eres el que se da cuenta de ella, observa…., y al permitirla, al atravesarla eres más consciente de ti, de tu realidad como Ser, como esencia inafectada que puede sostener cualquier estado y es consciente de la impermanencia de los mismos. 
Desde ese lugar esencial que eres como Realidad, la tristeza no tiene importancia, pasa…puede volver…. la sostienes, la permites y se disuelve…quedando la Comprensión que todo es pasajero, que hay algo que no muere, que es eterno y desde donde está surgiendo la vida, tu Esencia…
Juani  


viernes, 18 de mayo de 2018

La Autorrealización



Según A. Blay, la autorrealización se puede entender en dos sentidos; el primer sentido es que la persona llegue a vivirse plenamente, a sentir su vida, su realidad concreta como ser humano, colmada en una existencia integrada con el mundo que le rodea, es sentirse vivir plenamente, sentirse ser uno mismo en relación con el mundo. Esta es la acepción más occidental.
En un sentido más profundo, autorrealización supone llegar a descubrir, a realizar cual es la identidad última de cada uno de nosotros, descubrir la identidad.
Identidad significa quién o qué es lo que realmente somos, no como seres humanos particulares, concretos (de hecho somos una suma de cosas constantemente cambiantes) sino como identidad última, lo que hace que en nosotros  surja esa noción de sentirse uno mismo, esa identidad que permanece idéntica a lo largo de todos los cambios que se suceden en la vida, a lo largo de todas las circunstancias que puedan ir cruzándose en nuestro camino.


¿Por qué es tan importante descubrir la identidad?

Porque cuando se descubre la identidad, se soluciona completamente todo lo que es anhelo de la vida, las demandas que se tienen y se resuelven todos  los problemas que la persona pueda tener, porque la persona realiza la plenitud mucho más allá de lo que había soñado, y porque es el único modo de descubrir el sentido del sí mismo, de la existencia y de lo que está más allá de  lo que ahora se entiende por  sí mismo y por existencia.


La autorrealización en su sentido más profundo,  es un proceso de liberación del  condicionamiento que ha sufrido nuestra mente por las ideas aceptadas que hay en ella y por los hábitos o automatismos que ha adquirido. Se  trata de trascender, superar la identificación con nuestra mente condicionada para que se trasluzca  la verdad de lo que somos y, así, poder desarrollarnos en plenitud.
La autorrealización supone llegar a descubrir cuál es la identidad última que hay en mí y poder desarrollarla dando lugar a un cambio en la percepción de mi realidad.


Realizarse es descubrir lo que una/o es detrás del error en que se vive, y si no se descubre el error no se puede vivir la verdad.
La verdad no es algo a adquirir, la verdad es lo que queda cuando quito el error que he superpuesto.
Antonio Blay.
                                                                    

lunes, 23 de abril de 2018

El poder de la Presencia en las relaciones

por Eckhart Tolle

Tal vez hayas experimentado un profundo sentido de presencia mientras caminas a solas por la naturaleza o en meditación silenciosa, pero ¿es posible traer esta cualidad de aceptación relajada y abierta en nuestras relaciones? 
En este extracto Eckhart Tolle analiza el reto de tener un encuentro verdadero con otro ser humano y cómo hacer esa conexión a través del arte de la presencia.
Cuando te encuentras con otros seres humanos, mantén el trasfondo de quietud consciente en tu percepción del otro. Es fácil de hacer en la naturaleza con un árbol o una flor. Es más difícil con otros seres humanos a causa de nuestras mentes ruidosas.
En la mayoría de los casos, cuando te encuentras con otro, te encuentras con una entidad egoica que no sabe quién es. Piensa que él es su historia personal y que necesita algo para realizarse a sí mismo. Tiene todo tipo de miedos, y te interpreta a través de los ojos de su condicionamiento.
Así que en tu interacción con los demás, es esencial estar ahí como presencia y no como una mente etiquetadora. 
Una forma de hacerlo es sentir tu campo energético interno, o sentir lo que yo llamo el "cuerpo interior" como un punto de entrada en la presencia. 
Siguiendo la respiración con tu atención te permite sentir la presencia como un fenómeno en todo el cuerpo y, por último, sentir cómo la presencia trasciende incluso el cuerpo y el mundo de los fenómenos. La mente se resistirá, pero hazlo de todos modos.
Sentirás una vitalidad en este campo de energía: esa es tu ancla. Si puedes sentir el cuerpo interior cuando estás frente a otro ser humano (alguien que nunca has visto antes o alguien que conoces) hay un momento de quizás tres segundos en los que sólo le miras. En ese mirar hay quietud. No hay juicio. Sólo hay un campo de presencia. Es entonces cuando realmente te encuentras con otro ser humano. Te conectas a un nivel más profundo.
Y eso sólo es posible cuando no estás perdido en el mundo de la forma o reaccionando a él —la forma de esa persona, que puede ser su apariencia externa o su forma psicológica. Cuando te encuentras con alguien y traes a la interacción un espacio de no-pensamiento, un espacio de consciencia —sólo mirar o escuchar—, la conciencia va más allá de la apariencia y la escucha; hay en realidad un flujo de energía entre vosotros —una energía totalmente diferente de una interacción normal entre mentes pensantes.
Aquí tienes una frecuencia muy diferente entre dos seres humanos. Es un campo de energía pacífica y viva que os conecta, en la que los dos momentáneamente os volvéis uno. E incluso si el otro ser humano no tiene ni idea de lo que está pasando, él o ella puede simplemente sentirse repentinamente libre, no juzgado/a.
Un desafío mayor que encontrarse con un extraño es encontrarse con alguien con quien compartes una pequeña historia. Cuanta más historia compartes, más difícil se hace porque el pensamiento antiguo y los patrones de comportamiento van a querer volver. 
Es enormemente liberador cuando puedes encontrarte con alguien que conoces sin traer el pasado como un principio operativo activo. En lugar de encontrarte con la otra persona como una historia personal andante, hazlo sólo en este momento, a través del poder de este momento —que es el poder de la presencia, y lo que realmente eres.
Por ejemplo, muchos de nosotros no crecimos en una familia consciente, y en muchos casos el resentimiento entre los miembros de la familia se intensifica con los años. Las mismas reacciones pueden ocurrir durante cada visita —tienes una pelea y te vas. Y entonces un día os encontráis —y sientes el cuerpo interior al mismo tiempo. Permaneces anclado en el Ahora.
Si haces esto, descubrirás que es difícil para alguien seguir representando el viejo guión si ya no lo representas más. En la presencia, te liberas de eso que pensabas que necesitabas cuando estabas identificado con el pensamiento; no necesitas nada, psicológicamente hablando. 
Con la presencia viene la aceptación —una aceptación compasiva de lo que es— porque con la presencia has encontrado espacio interior... consciencia sin forma... paz.
 Fuente: advaitainfo




viernes, 13 de abril de 2018

Vivir con Lucidez


Vivir lúcida es aprender a observar y soltar las  percepciones de los sentidos, pensamientos, imágenes, palabras, soltar las creencias, los deseos, los miedos, para conectar con el silencio interior, con el "darme cuenta" del funcionamiento de la mente.

Vivir con lucidez es  no necesitar que las cosas, personas, situaciones, sean de una manera determinada, o como me gustaría que fueran...,  es no esperar un resultado concreto, es hacerme responsable de mi vida sin culpar a los demás, ni a las circunstancias de lo que me sucede.

Estar lúcida es estar consciente de la Verdad,  que todo es como es, que la felicidad no me la puede dar ni quitar nada del “exterior”, que no puedo cambiar a nadie y que todo lo que me sucede colabora a mi despertar, a mantener la lucidez, y comprender que las cosas no suceden por azar, que todo tiene un sentido, aunque la mente a veces no lo pueda ver, que todo esta perfectamente diseñado por una inteligencia superior de la cual formo parte.

Vivir con lucidez  es liberarme del sufrimiento, comprender que el dolor y el placer forman parte de la vida, pero que el sufrimiento es opcional, el sufrimiento surge de lo que me digo   respecto de la situacion dolorosa.   Aceptar que en el mundo de las formas todo es dual, la mente es la que crea esa dualidad y la proyecta en el mundo, y que soy mucho más que esa dualidad.
Es aprender a desapegarme y comprender la verdad más allá que las situaciones sean favorables o desfavorables (es la mente la que las etiqueta, en sí mismas, las situaciones son neutras), comprendiendo que en todo funciona un orden superior, la inteligencia de la vida, que es la que actúa a través de todo lo que existe.

Mediante la lucidez comprendo que soy libertad, amor, paz, alegría, plenitud, y comprendo  que no depende de las condiciones externas...., soy conciencia, el Ser.

La vida es como una película y cada uno de nosotros somos como  actores, cada cual interpreta el papel que le corresponde, la inteligencia superior “asigna” los papeles a cada personaje para que desarrolle su argumento, pero sin confundir que solo estamos interpretando un papel, que no somos el personaje, que somos el actor, el ser, que mi identidad está más allá de los sentidos, de las proyecciones, de lo que ocurre  en el existir.
 Todo lo que me sucede es para Ver, Descubrir y Comprender, todo es adecuado en cada momento, más allá del “bien” y del “mal”, y todo lo que sucede es una invitación a abrirme cada vez más a la lucidez, a esta gran aventura del  despertar de la conciencia.  

www.centroelim.org



domingo, 1 de abril de 2018

Siddhartta


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Siddhartta escuchaba. Ahora permanecía atento, totalmente entregado a esa sensación; completamente vacío, solo dedicado a asimilar; se daba cuenta de que acababa de aprender a escuchar.

Ya en muchas ocasiones, había oído las voces del rio, pero hoy sonaban diferentes. Ya no podía diferenciar las alegres de las tristes, las del niño y las del hombre: todas eran una, el lamento del que anhela y la risa del sabio, el grito de la ira y el suspiro del moribundo.
Todas estaban entretejidas, enlazadas y ligadas de mil maneras. Y todo aquello unido era el mundo, todas las voces, los fines, los anhelos, los sufrimientos, los placeres, lo bueno y lo malo; el rio era la música de la vida.
Y cuando Siddhartta escuchaba con atención al rio, podía oír esa canción de mil voces; y si no se concentraba en el dolor o en la risa, si no ataba su alma a una de aquellas voces adentrándola en su Yo, entonces percibía únicamente el todo, la unidad.
En aquel momento, la canción de mil voces consistía en una sola palabra.

Herman Hesse, Siddhartha

martes, 27 de marzo de 2018

Atención central- ser uno mismo



Cuando la persona aprende a vivir sintiéndose a sí misma, siendo consciente de sí misma en todo momento, se da cuenta que hay algo en sí misma que es aparte de las cosas que hace o dice, aparte de lo que piensa y de lo que le ocurre por dentro.

Se da cuenta que él es en todo momento, haga esto o lo otro, haga algo o no haga nada. Esto da a uno una noción directa, una experiencia inmediata de independencia respecto a las cosas que ocurren. Esto, curiosamente, hay pocas personas que lo experimenten espontáneamente.

Uno suele estar tan estrechamente conectado con su acontecer interior o exterior que en cada momento se cree ser aquello que le ocurre, y por eso si lo que le ocurre es desagradable, la persona se vive a sí misma negativamente, y si lo que le ocurre es agradable, positivamente.
En realidad no debiera ser así.

La persona es siempre algo intrínseco, algo positivo, con total independencia de que le ocurran cosas agradables o desagradables. Es decir, hay que aprender a cultivar esta vivencia más central de yo, cómo espectador, en todo momento. Cultivándola en todo momento se descubre que hay una constante, lo mismo si ocurren cosas agradables como desagradables. 
Esa constante que hay detrás de las variaciones nos conduce hasta una evidencia nueva, una evidencia interior de independencia respecto a las diversas cosas y circunstancias. Se ve que hay un factor común, una identidad de uno consigo mismo más allá de todos los cambios. Esto es lo que da una sensación de verdadera independencia y de libertad interior. Uno se emancipa. Las cosas ya no le afectan como antes, a pesar de que puede manejarlas mejor que antes, porque al no confundirse con las cosas aprende a valorarlas sin tendenciosidad. 

De este modo adquiere una visión más correcta de las personas, una valoración más justa de las situaciones y, por lo tanto, su capacidad de juicio y de decisión gana también en calidad.
Al mismo tiempo este vivir conectado con sus cualidades interiores, con las nociones básicas de realidad, de energía, de discernimiento, hace que estas mismas cualidades, que están dentro de un modo potencial, se vayan desarrollando y manifestando con mayor celeridad.
Esto proporciona a la persona una gran fuerza y solidez interior. Su núcleo central, el núcleo del yo-experiencia, se va consolidando de una manera extraordinaria. Esto conduce directamente a ese estado de fortaleza, de estabilidad y de maduración que en el fondo todos están buscando a través de una cosa u otra.

Algunas personas piensan que este vivir centrado en sí mismo puede conducirles a una indiferencia o apatía por todo lo externo.
Confunden la independencia interior con la indiferencia o frialdad. Piensan erróneamente que si no se identifican con lo que ocurre, personas o acontecimientos que rodean su vida, no pueden sentir su impacto.
Y es que uno sin darse cuenta tiende a interpretar el estado de no identificación con el estado de aislamiento interior en que uno se cierra a la impresión de lo externo y lo mira todo solamente desde fuera; y no es esto.
Cuando uno aprende a estar centrado uno puede abrirse totalmente al impacto, a la impresión, y uno tiene mucha mayor sensibilidad que antes, mejor dicho, tiene la misma, pero dispone de ella del todo, cosa que antes no ocurría porque siempre había una actitud de rigidez como autoprotección.

En el momento en que uno se siente seguro, fuerte, ya no tiene necesidad de protegerse, porque no se: siente amenazado, y entonces es cuando puede aceptar lo que venga. Pero si yo no me siento yo en mí mismo y tan sólo me apoyo en unas impresiones, o en unos estados de ánimo, forzosamente he de retener estas impresiones, o buscar otras que sean más positivas y agradables para mí, a fin de sentirme artificialmente más fuerte.

Por eso el lograr esta actitud de atención central, se traduce en una libertad y en un aumento de poder interior. Uno dispone de sí mismo, dispone de su sensibilidad, puede abrirse. No queda impresionado ni por las ideas, ni por las emociones; uno percibe las propias emociones pero las percibe como algo exterior al yo. Sin embargo las vive y las siente del todo; no es un simple mirarlas con un juicio crítico, como hace la persona que está normalmente cerrada, y como se suele hacer siempre y a diario. Se trata de ser yo del todo, sintiendo el yo como centro de este todo. Y entonces que este yo se abra a la experiencia; y esta experiencia no modificará para nada al yo, sino simplemente ensanchará su campo de vivencia, su campo experimental, pero sin hacerle perder en modo alguno esta cohesión, esta axialidad, esta independencia básica que le caracteriza. En consecuencia, uno disfruta mucho más que antes.
Y de la misma manera, uno aprende también a expresarse con más naturalidad, con más libertad que antes, porque antes uno tenía que estar siempre calculando lo que decía y cómo lo decía, si representaba un riesgo para la propia seguridad social, o la idea que los demás se formaban de uno mismo, la opinión, la crítica, etc.
Pero cuando uno vive centrado, ciertamente toma en cuenta el problema de la crítica, porque es un hecho real, pero no depende interiormente de él y, por lo tanto, puede expresarse con toda la libertad, aunque de hecho utiliza esta libertad justo en la medida que lo juzga prudente en cada situación.

Entonces se produce un modo nuevo de poder vivenciar las cosas y en verdad se disfruta mucho más que antes. Se parece un poco a lo que experimenta un buen actor cuando ha de vivir un papel y este papel lo puede vivir muy conscientemente.
El actor disfruta enormemente al representar aquel papel y al expresar aquellos sentimientos que trata de vivir. Pero en la medida que él se mantiene consciente, él se siente independiente de aquello que expresa, sin dejar por eso de sentirlo. O sea, cuanto más capaz es de sentirlo y al mismo tiempo de mantenerse él mismo centrado, consciente, más aumenta su capacidad de disfrute; juega mejor porque juega más todo él. Y exactamente igual ocurre en la receptividad: uno participa más plenamente en lo que ve.

Relajación y Energía - Antonio Blay


martes, 20 de febrero de 2018

Somos Plenitud, somos Realidad









Nosotros somos plenitud, somos realidad. Entonces, ¿cómo es que nos planteamos problemas?, ¿cómo es posible que nosotros seamos plenitud, seamos realidad y que no obstante no nos demos cuenta? 

Es que lo que ahora decimos que es nuestra conciencia no es nada más que un solo rayo de luz, es la noción de realidad y mucha sombra. La sombra es ausencia de luz, no es nada de por sí. 

Si pudiéramos afirmar «yo soy», si quisiéramos adoptar la actitud mental de plenitud que fuéramos capaces de actualizar ahora, la que está a nuestro alcance en este momento, no haríamos nada más que convertir en acto lo que ya está en nosotros permanentemente.

Como no se trata de adquirir nada, ni de incorporarnos absolutamente nuevas ideas, ni nuevos sentimientos del exterior sino que está todo dentro, en la medida en que seamos capaces de adoptar interiormente la actitud de ser, de plenitud, de felicidad, de realidad, de poder, en esta misma medida nos iremos recuperando, redescubriendo la verdad. 

Es sencillo, pero nos cuesta porque estamos hipnotizados por nuestro hábito de pensar que «yo soy esto», «soy poca cosa», «tengo problemas», «no realizo mi ambición». Esta es la ignorancia. La ignorancia no consiste en que nos falte conocer alguna nueva verdad, sino en creer que yo soy una cosa que no soy, en olvidar lo que realmente soy y en el fondo estar buscándolo constantemente durante toda la vida. 

Cuando por la mañana nos despertamos, recuperamos nuestra conciencia de personalidad, pero en realidad con conciencia de personalidad o sin ella, hemos sido siempre el mismo. Se trata pues de volver a recuperar nuestra noción de realidad, y esto no por ninguna maniobra externa, no porque nadie nos dé ninguna clave, ningún secreto, sino simplemente por el hecho de vivir de un modo directo, inmediato nuestra aspiración, por vivirla en presente.

Hay que utilizar el poder de afirmar, el poder de actualizar, hay que tener el coraje de realizar todo lo que estamos aspirando, todo lo que estamos intuyendo, de disponernos interiormente como si ya lo viviéramos, como si ya lo fuéramos. Es esto que cuando no se ve parece un absurdo y cuando se ve resulta transparente. 
Ya somos todas estas cosas; lo único que nos impide vivirlo son nuestras ideas negativas, nuestras actitudes de limitación. En la medida en que vayamos reafirmando en nosotros las actitudes positivas y las ideas amplias de afirmación total, lo único que haremos será recuperar la verdad, lo que realmente somos. Pero tenemos miedo. Y el miedo impide pensar bien, sentir bien, actuar bien.

¿De qué tenemos miedo?
Tenemos miedo de que nos venga algún daño, algún perjuicio de un modo u otro. De nuevo estamos proyectados hacia fuera, pendientes de la realidad exterior que ha de venir a confirmar o negar nuestra realidad personal.
Démonos cuenta de este engaño, no hemos de depender en nuestro ser de nada del exterior en absoluto. Porque lo que somos lo somos con exterior y sin exterior. Y hemos de ser capaces de volver a descubrir nuestra realidad, volver a, vivirla, a vivirla en presente, tener el valor de poder afirmar «yo soy». Y que la mente se dirija sin vacilación a tomar plena conciencia de este acto de ser, investigando sin cesar. Que investigue a pesar de los miedos, que adopte la actitud de apertura interior, de abrirse ante todo lo que sea verdad, pase lo que pase. No hemos de tener nunca miedo a la verdad.

Descubrir lo que somos, lo que es nuestro ser, lo que hay en el eje de nosotros mismos. Esto no nos ha de producir nunca miedo, ni nos ha de desviar si evitamos cuidadosamente formarnos falsas ideas o ideologías, si buscamos directamente la experiencia. Todo lo que nos da valor es nuestra experiencia. 

Nuestro desarrollo es producto de la experiencia. No de teorías ni de ideas, sino de la experiencia, de lo que vivimos de un modo directo e inmediato. Hemos de llegar al fondo de esta experiencia hasta vivir realmente quien soy yo, qué experimento, quién es ese que está detrás de cada experiencia. 
Sin confundir el yo con ninguna experiencia particular. Buscar este centro que une todos los radios, este «yo» que está detrás de cada instante.

Antonio Blay


lunes, 25 de diciembre de 2017

Despierta...

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No busques mas afuera lo que ya tienes dentro
Hay el universo dentro de ti
Sólo falta que te des cuenta…
Que retires el velo ilusorio
que hace que te sientas separado….

Plenitud interior,
De donde todo está surgiendo…
Nada que hacer…
Todo sucede por sí mismo….
Se expresa…
Allí no hay separación…
Vacío lleno…
Espaciosidad…
Amor…

Deja de buscar…
Sólo aquiétate en silencio interno
Deja pasar toda esa maraña de pensamientos
que te dicen quién eres, qué eres, como debes ser….
Suelta esa programación…
Despierta!....date cuenta de quien eres….más allá del cuerpo físico…
más allá de la mente pensante….más allá….espacio infinito vivo, vibrante… pura energía, potencialidad……

Despierta hermano!...ahora…no postergues para el “mañana”…
Si te animas, puedes despertar ahora….
Respira…y deja pasar todas las historias de tu mente, observa que queda…….Despierta….
Y aunque el velo te vuelva a nublar, regresa a donde ya eres….
Sólo hace falta un momento, un instante, este instante y estás ahí, en tu Centro…donde ya Eres, solo es darte cuenta...

                                                                                  Juani
                                                      

miércoles, 6 de diciembre de 2017

La actitud de Centramiento no debe alejarnos de la vida.

Resultado de imagen de centramiento

Algunas personas piensan que este vivir centrado en sí mismo puede conducirles a una indiferencia o apatía por todo lo externo.
Confunden la independencia interior con la indiferencia o frialdad. Piensan erróneamente que si no se identifican con lo que ocurre, personas o acontecimientos que rodean su vida, no pueden sentir su impacto. Y es que uno sin darse cuenta tiende a interpretar el estado de no identificación con el estado de aislamiento interior en que uno se cierra a la impresión de lo externo y lo mira todo solamente desde fuera; y no es esto.

Cuando uno aprende a estar centrado uno puede abrirse totalmente a1 impacto, a la impresión, y uno tiene mucha mayor sensibilidad que antes, mejor dicho, tiene la misma, pero dispone de ella del todo, cosa que antes no ocurría porque siempre había una actitud de rigidez como autoprotección.

En el momento en que uno se siente seguro, fuerte, ya no tiene necesidad de protegerse, porque no se siente amenazado, y entonces es cuando puede aceptar lo que venga. Pero si yo no me siento yo en mí mismo y tan sólo me apoyo en unas impresiones, o en unos estados de ánimo, forzosamente he de retener estas impresiones, o buscar otras que sean más positivas y agradables para mí, a fin de sentirme artificialmente más fuerte.
Por eso el lograr esta actitud de atención central, se traduce en una libertad y en un aumento de poder interior. Uno dispone de sí mismo, dispone de su sensibilidad, puede abrirse. No queda impresionado ni por las ideas, ni por las emociones; uno percibe las propias emociones pero las percibe como algo exterior al yo. Sin embargo las vive y las siente del todo; no es un simple mirarlas con un juicio crítico, como hace la persona que está normalmente cerrada, y como se suele hacer siempre y a diario.

Se trata de ser yo del todo, sintiendo el yo como centro de este todo. Y entonces que este yo se abra a la experiencia; y esta experiencia no modificará para nada al yo, sino simplemente ensanchará su campo de vivencia, su campo experimental, pero sin hacerle perder en modo alguno esta cohesión, esta axialidad, esta independencia básica que le caracteriza. En consecuencia, uno disfruta mucho más que antes.

Y de la misma manera, uno aprende también a expresarse con más naturalidad, con más libertad que antes, porque antes uno tenía que estar siempre calculando lo que decía y cómo lo decía, si representaba un riesgo para la propia seguridad social, o la idea que los demás se formaban de uno mismo, la opinión, la crítica, etc. Pero cuando uno vive centrado, ciertamente toma en cuenta el problema de la crítica, porque es un hecho real, pero no depende interiormente de él y, por lo tanto, puede expresarse con toda la libertad, aunque de hecho utiliza esta libertad justo en la medida que lo juzga prudente en cada situación.
Entonces se produce un modo nuevo de poder vivenciar las cosas y en verdad se disfruta mucho más que antes. Se parece un poco a lo que experimenta un buen actor cuando ha de vivir un papel y este papel lo puede vivir muy conscientemente. El actor disfruta enormemente al representar aquel papel y al expresar aquellos sentimientos que trata de vivir. Pero en la medida que él se mantiene consciente, él se siente independiente de aquello que expresa, sin dejar por eso de sentirlo. O sea, cuanto más capaz es de sentirlo y al mismo tiempo de mantenerse él mismo centrado, consciente, más aumenta su capacidad de disfrute; juega mejor porque juega más todo él. Y exactamente igual ocurre en la receptividad: uno participa más plenamente en lo que ve.

Algo semejante pasa también con los sentimientos de compasión. Todo el mundo nos dice que es muy bueno compadecer a los otros, y compadecer quiere decir compartir lo que el otro siente. Y esto es medio verdad y es medio mentira.
La compasión es positiva cuando va acompañada de una desidentificación, es negativa cuando se está identificado.

Abrirse al sufrimiento del otro es bueno, pero identificarse con el sufrimiento del otro es aumentar el propio mal y el del otro. Por tanto, esto sólo tiene sentido cuando uno es capaz de mantenerse independiente interiormente, y en esta actitud se abre al modo de sentir del otro. Porque, además, sólo así tendrá uno la capacidad de influir sobre el otro, de poder ayudarle, de reaccionar frente a él.
En cambio, si uno está identificado con el sufrimiento del otro sólo aumenta la cantidad de llanto en el mundo, pero no aumenta nada bueno; sufrir por sufrir es absurdo; ahora, sufrir para compartir algo y a partir de este algo que comparte ayudarle a subir un escalón, conducirle a algo más luminoso, esto sí es positivo.

Por tanto, creo que la compasión es positiva en la medida que hay esta conciencia central, esta desidentificación y al mismo tiempo una auténtica sinceridad para recibir lo que siente el otro.


                                                                                    Relajación y energía (Antonio Blay)



jueves, 2 de noviembre de 2017

La Realidad


Vivir la realidad es eminentemente vivir el presente; es descubrir que sólo existe el presente y que el presente es una totalidad, y que ahora yo no estoy viviendo esa totalidad porque hay una parte de mí que está pendiente del pasado que llevo dentro no liquidado, y esa parte del pasado no liquidado que llevo dentro es la que se proyecta mecánica e inevitablemente en un deseo de futuro determinado, entonces, este juego de que mi pasado dentro se está proyectando hacia mi futuro, mi idea de futuro, está impidiendo que yo viva toda la realidad que soy, y que encuentre la plenitud en el presente. 

La Realización (vivir la Realidad que soy en esencia), es eliminar toda esa carga, todo ese lastre que llevamos del pasado; y cuando eliminamos esto, la necesidad compulsiva de proyectar hacia el futuro desaparece, y entonces, la persona descubre la dimensión ilimitada del presente, del instante. 

Sólo existe el instante, pero estamos resbalando por encima de ese instante porque no tenemos disponibilidad interior para vivir la situación hasta el fondo y desde el fondo, entonces, esta inercia mecánica que está funcionando en mí, constantemente me hace interpretar el presente en función del pasado y proyectarlo en función del futuro y eso es una distorsión que me está impidiendo vivir mi propia realidad a fondo, ahora, mucho más la realidad de los demás y de las cosas, porque siempre el cristal estará empañado por un pasado que me está echando sus motas negras. 

Lo que afecta a la mente no es el que existan percepciones y fenómenos de conciencia, lo que afecta a la mente son todas las cosas vividas que yo no he liquidado, son todos los asuntos pendientes, deseos y temores que subsisten dentro, todo lo que son experiencias no finiquitadas, o sea no vividas del todo, no digeridas del todo. 

Cuando era pequeño y luego de grande porque ya lo he aprendido, cuando tengo una experiencia desagradable, procuro olvidarme de ella, cuanto más pronto mejor, entonces, busco un estímulo que me sustituya esa cosa desagradable y esto impide que yo viva aquella experiencia desagradable del todo, que haga la digestión mental de ello, entonces esto yo lo corto, quiero que no exista porque es desagradable, lo estoy inhibiendo y así corto su digestión consciente; esto quedará allí, cortado, inhibido, no seré consciente de ello, pero estará empujando desde dentro constantemente y se traducirá en una tendencia a desear o temer, según sea la experiencia. 
Si es una experiencia de dolor proyectará en mí el miedo a todas las situaciones similares a esa, inevitablemente, sin saber por qué; si la experiencia es agradable proyectará mi deseo hacia esa experiencia agradable para que esta se repita una y otra vez. 

Como nuestra vida está llena de cosas agradables y desagradables que no hemos vivido a fondo, nuestra mente es un tejido, una red que está llena de cosas pendientes y es por eso que nuestra cabeza no para nunca, y esto viene de toda la agitación interior que hay constantemente y afecta hasta el dormir en profundidad, porque hay tal cantidad de material dentro que está tratando de liquidarse, incluso a nivel inconsciente que no se puede llegar a descansar en profundidad. 

Todo asunto interior que no se ha vivido totalmente, tiende a quererse vivir totalmente, es esa dinámica interior que me está proyectando compulsivamente hacia algo, lo que interfiere; no es el recuerdo del pasado, es la agitación mental, emocional, vital que está implicando este pasado no completado, no vivido totalmente. 

Ej. Si yo he tenido problemas de sentirme disminuido, menospreciado, habrá en mí una absoluta necesidad de resolver esa situación definitivamente, porque si no, estaré repitiendo el mismo problema una y otra vez, y mientras yo no elimine la situación a fondo, eso actuará compulsivamente a pesar mío. 

  Antonio Blay