Realidad Esencial




REALIDAD ESENCIAL




Bienvenidos al blog donde investigaremos sobre la Realidad, sobre lo que realmente somos más allá de las apariencias e ilusiones, sobre la no-dualidad.

Lee las entradas con una mente abierta dejando que los contenidos te "resuenen", lo que no puedas aceptar, déjalo para más adelante. No se trata de creer nada, más bien, se trata de investigar por si mismo lo que nos apuntan los grandes maestros. La experiencia nos confirma que somos un potencial inmenso, infinito de amor, inteligencia y energía (en palabras del maestro Antonio Blay) a actualizar, a llevar a la acción…



Espero te sientas a gusto en este espacio creado con amor.

Juani


sábado, 4 de mayo de 2013

Lucidez



“Mantenerse lúcido es no necesitar que las cosas sean de una manera o de otra”
                                                                                            Consuelo Martín
                                                                        
  La lucidez es uno de los atributos del Ser que somos, somos un Centro de Energía, de Amor/Felicidad y de Lucidez/Inteligencia.
  Cuando estoy centrada, cuando soy yo misma, estoy conciente que las cosas son como son, que no tiene sentido negar, rechazar, resistir la realidad del ahora, que ya soy completa en este momento independientemente de lo que ocurra.
  Las cosas no siempre son como me gustaría en el nivel de la personalidad, el aprender a aceptar “lo que es”, abre la gran puerta a la conciencia. La resistencia, la aversión a lo que está sucediendo es lo que genera el sufrimiento. El dolor forma parte de la dualidad, pero si no lo acepto, si me resisto, genero un sufrimiento añadido y además pierdo gran cantidad de energía que deja de estar disponible para actuar adecuadamente a la situación. Conviene entonces, que por comprensión acepte lo que  hay y fluya en las distintas situaciones que se presentan al vivir.
  El aceptar las cosas como son, hace que no tenga la necesidad de que sean diferentes, lo cual no significa que si algo se puede cambiar deba de quedarme con los brazos cruzados, luego de aceptar la realidad del momento, puedo realizar la acción oportuna, en el caso que convenga actuar.
  El mantenerme lúcida, es lo que me da esa serenidad, aceptación de los hechos.

                 “Si tiene remedio ¿porqué te preocupas?,
                   Si no tiene remedio ¿porqué te preocupas…?”

  Además, la no necesidad que las cosas (situaciones, personas...) sean de una determinada manera, surge del no apegarme  a las expectativas, a unos resultados que en definitiva nos trasladan a un futuro que es incierto, imaginario, ilusorio.
  Recordar que sólo existe el presente y que cuando acepto el presente, acepto la vida, acepto todo como es, cuando acepto el presente me siento plena y no necesito proyectarme en un futuro, cuando acepto el presente, estoy sanando el pasado, porque todo ocurre en el presente, incluso si sale parte de alguna sombra, al aceptarla y abrazarla e integrarla lo hago en el presente.
  Las cosas son como son, y no es necesario que sean de otra manera, un gran aprendizaje que nos habla de lucidez.
                                                                             
                                                         Juana Ma. Martínez Camacho
                                                            Terapeuta Transpersonal
                                       (Escuela Española de Desarrollo Transpersonal)




domingo, 7 de abril de 2013

La sencillez del ser



He venido a escucharle por primera vez, ¿podría hablarme de su filosofía de la vida?

 Comencemos por considerar por qué has venido hoy aquí. Si buscas el motivo, descubrirás en ti un sentimiento de carencia interior, una especie de hambre que tratas de satisfacer viniendo aquí. Antes de seguir adelante, debes comprender que no hay realmente nada que alcanzar. Cuando te convences completamente de esto, tiene lugar una detención. Toda la energía previamente expandida hacia cualquier objetivo retorna a su origen y eres retrotraído a tu presencia.

   En un principio, puede tratarse de una presencia a algo, porque está en la naturaleza de los ojos el ver y en la de los oídos el oír. Pero cuando visión y audición quedan libres de motivo, finalidad e intención, no pertenecen ya sólo a los ojos y oídos. La atención no cualificada es multidimensional: todo el cuerpo oye y puedes sentir, aunque no de forma sensorial, que visión y audición aparecen en ti, en tu presencia global. Al final, incluso visión y audición desaparecen en esta presencia y tú eres uno con ella. En última instancia, no hay ya un sujeto que ve ni un objeto que es visto. Hay sólo unidad.

  Esto es lo que vengo a comunicarte aquí. La identidad con esa presencia, con esa totalidad, con esa plenitud, es meditación, pero no hay nadie que medite ni objeto sobre el que meditar. Esto, pues, no pertenece a la filosofía. Es tu naturaleza real.

¿No equivale esto a descubrir lo que realmente somos?

Sí, pero nunca podemos conocer quiénes somos realmente como conocemos otras cosas, porque somos el proceso de conocer. Debemos, pues, admitir que somos conocimiento. Todo lo demás es sólo un concepto.
  Pero podemos tener un resplandor fugaz de ello, un destello que provoca una certeza que después no podemos olvidar. Por eso nos esforzamos en volver de nuevo a esa situación.

Me resulta difícil comprender esta idea de que tenemos «un resplandor fugaz» y, sin embargo, volvemos a nuestro modo de vida habitual. ¿Cómo puede ser esto? Parece que sea todavía una experiencia limitada por el tiempo y los conceptos.

  Una experiencia está siempre referida a alguien, a un yo. Es comprendida por referencia al pasado, a la memoria, a lo que ya conocemos. Todavía tiene un sujeto, alguien que experimenta, y un objeto, algo experimentado. Pero lo que fundamentalmente somos nunca puede ser experimentado, nunca puede participar de la relación sujeto-objeto; por eso debemos abandonar todo deseo de experiencia.

¿Qué significa entonces llegar a familiarizarse más con uno mismo?

  Significa llegar a estar más informado sobre lo que no eres, sobre tu cuerpo, tus sentidos, tus emociones, tu mente. Este es un movimiento diametralmente opuesto al intentar agarrar del conocimiento.
  Debe venir a ti. Debes escuchar tu cuerpo, tus sentidos, tu mente, una escucha que exige dejar todo lo que crees saber, todo condicionamiento, todo esquema. Cuando permanecemos en esta escucha, las percepciones emergen de lo que la psicología llamaría el subconsciente y el superconsciente. Pero no pongas énfasis en las percepciones porque acentuar lo percibido te ata a la relación sujeto-objeto.

  Primero, el acento está en el que percibe y, más tarde, te darás cuenta de que lo que se enfatiza es la propia escucha, hasta que finalmente te encuentras tú mismo en esta escucha.   La escucha es el telón de fondo sobre el que aparece todo. Es quietud. Tu cuerpo, tus sentidos, tu mente y todos los estados, vienen y van, pero tú eres esa presencia intemporal.

  La idea de que hay algo que conseguir está profundamente arraigada, por eso continuamos viviendo en el proceso del llegar a ser, proyectando energía para adquirir o conservar algo. Pero la escucha sin motivo profundiza la convicción de que no hay realmente nada que ganar o perder y los condicionamientos se desvanecen en la mente, la agitación desaparece y queda la quietud. Eres entonces como el pescador que no controla el pez ni el agua. Limítate a observar y acaba por sentir que todo está contenido en esa mirada, en ese silencio, que nada hay aparte de eso. En ese momento estás en el umbral de tu ser real y ningún deseo puede venir a interferir. Eres aprehendido por el propio Ser.

¿Qué es lo que lleva a elegir ciertas cosas en oposición a otras?

  ¿Cuál es el motivo que te lleva a una determinada elección? Sí, observa esto con claridad. Si el cambio deseado es solamente superficial, andaremos de una compensación a otra a través de las diversas ideas y técnicas que la sociedad ofrece. Mirando más profundamente el motivo que se oculta tras una cierta elección, puedes descubrir una sensación de algo perdido en ti mismo. Para ver en qué consiste esta deficiencia se requiere sosiego y una actitud de apertura libre del pasado. No permitas que las ideas o la memoria te digan lo que necesitas, mantente calmo y conocerás la respuesta a tu pregunta.

Buscar algo, esperar algo, tratar de alcanzar algo, son movimientos desde tu eje hacia la periferia, desde la conciencia global hacia un punto de vista.

A veces hay algo en mí que no quiere renunciar a una cierta elección…

  Si la elección es muy profunda, hazla, empréndela, síguela, no la rehúses. Simplemente, sé consciente mientras lo haces.

¿Quiere usted decir que cuando uno no contradice al ego, éste desaparece?

  Desde luego. Aceptarlo es muy importante. Acepta tus acciones, tus ansias, tus deseos. Aceptarlos te coloca en una situación de inteligencia, de espontaneidad, en la que el universo queda en libertad.
 Todo lo que anteriormente se encontraba restringido por tus conceptos, recupera su expresión natural. Sólo entonces es posible una comprensión real puesto que las conclusiones aparecen en ti, lo que no tiene nada que ver con el proceso habitual de la memoria.

A veces surge una inteligencia que incita a un espontáneo «soltar», sin esfuerzo ni intención. Y otras veces puedo querer que algo me deje, pero la liberación no sucede. ¿Es porque es el ego el que está tratando de dejarlo ir?

  Cualquier intento de soltar provoca anticipación y resistencia porque estás personalmente implicado en lo que deseas suprimir. Cualquier tentativa de forzar un estado u objeto con intención de dejarlo ir sólo sirve para reforzarlo. Puedes incluso intentar algunas técnicas psicológicas, pero con frecuencia éstas se oponen a un auténtico soltar puesto que te fijan al ego.

  Por lo tanto debes aceptar primero tu estado y aceptarte a ti mismo. En la aceptación genuina no existe ninguna implicación personal en lo que es aceptado, pues no hay persona. Pero no es una aceptación psicológica. El que ve está completamente fuera de lo que es visto. Sólo entonces hay una auténtica transformación, una reorquestación de todas las energías, pues ambos, el que ve y lo que es visto, apuntan ahora a tu totalidad, a la conciencia global.

¿Tiene la persona alguna realidad?

  No tiene ninguna realidad. Lo que es real existe en sí mismo. Eso significa que es autónomo, que no tiene necesidad de un agente para ser conocido. Puesto que la personalidad tiene necesidad de la conciencia para ser conocida, no es real.

¿Es entonces la personalidad una superposición intelectual a la realidad?

  La personalidad es relativa porque su existencia depende de la conciencia. La identificación con la personalidad la restringe automáticamente, dejando así de ser funcional. La verdadera personalidad aparece en una situación dada y se acalla en el momento en que la situación termina. No hay fijación, pues está completamente abierta a todo lo que es.

  Desde luego. en nuestra sociedad, las relaciones humanas se dan generalmente entre personalidad y personalidad, entre objeto y objeto. En una relación de este tipo hay sólo una actitud de agarrar, sólo una continua búsqueda de seguridad.

¿Qué quiere decir con «búsqueda de seguridad»?

  El individuo, el yo relativo, necesita una situación para existir, y un yo diferente aparece en cada situación. Si «yo» camino, aparece un yo que está caminando. Si «yo» estoy pensando, aparece un yo que piensa. Pero cuando la situación termina, también ese yo desaparece. Así, el yo relativo, el ego, proyecta continuamente situaciones para asegurarse a sí mismo, para encontrar su concreción.

  Todo pensamiento está vinculado a una imagen que, a su vez, está limitada por los cinco sentidos. Todo pensamiento, incluso el pensamiento abstracto, está siempre relacionado con un particular sentido de la percepción, con una excepción: el yo último. La pregunta «¿quién soy yo?» está referida al sujeto último que, careciendo de imagen, de proyección, se disuelve en el silencio. Este es el yo que todos los seres vivos tienen en común: pura autoexistencia.

¿Cómo podemos reconocer nuestra naturaleza real?
  
 Puedes saber lo que no eres, pero no puedes saber lo que eres. ¿Conoces realmente lo que no eres? Tu cuerpo cambia, tus emociones y sensaciones cambian. Tus ideas son ahora completamente diferentes a las que tenías hace diez años. Toma nota de todo lo que en ti está cambiando. Hay ya paz en una mirada silenciosa. Cuando llegues a estar familiarizado con lo que no eres, sentirás una distancia, un espacio, entre la actitud de observación y lo observado, hasta que llega el momento en que sientes lo que eres sin sentirlo. Esto no es el simple proceso de conocer algo. Esto está fuera de la relación sujeto-objeto. Esto es ser-conocimiento.
                                           La sencillez del ser. Jean Klein


sábado, 23 de marzo de 2013

¿Qué es la Realidad?



¿Qué es la Realidad?
Antonio Blay (enseñanzas de Ramana Maharshi)

  Nosotros somos plenitud, somos realidad. Entonces, ¿cómo es que nos planteamos problemas?, ¿cómo es posible que nosotros seamos plenitud, seamos realidad y que no obstante no nos demos cuenta? Es que lo que ahora decimos que es nuestra conciencia no es nada más que un solo rayo de luz, es la noción de realidad y mucha sombra.
  La sombra es ausencia de luz, no es nada de por sí. Si pudiéramos afirmar «yo soy», si quisiéramos adoptar la actitud mental de plenitud que fuéramos capaces de actualizar ahora, la que está a nuestro alcance en este momento, no haríamos nada más que convertir en acto lo que ya está en nosotros permanentemente.
  Como no se trata de adquirir nada, ni de incorporarnos absolutamente nuevas ideas, ni nuevos sentimientos del exterior sino que está todo dentro, en la medida en que seamos capaces de adoptar interiormente la actitud de ser, de plenitud, de felicidad, de realidad, de poder, en esta misma medida nos iremos recuperando, redescubriendo la verdad.
  Es sencillo, pero nos cuesta porque estamos hipnotizados por nuestro hábito de pensar que «yo soy esto», «soy poca cosa», «tengo problemas», «no realizo mi ambición». Esta es la ignorancia. La ignorancia no consiste en que nos falte conocer alguna nueva verdad, sino en creer que yo soy una cosa que no soy, en olvidar lo que realmente soy y en el fondo estar buscándolo constantemente durante toda la vida. Cuando por la mañana nos despertamos, recuperamos nuestra conciencia de personalidad, pero en realidad con conciencia de personalidad o sin ella, hemos sido siempre el mismo. Se trata pues de volver a recuperar nuestra noción de realidad, y esto no por ninguna maniobra externa, no porque nadie nos dé ninguna clave, ningún secreto, sino simplemente por el hecho de vivir de un modo directo, inmediato nuestra aspiración, por vivirla en presente.

  Hay que utilizar el poder de afirmar, el poder de actualizar, hay que tener el coraje de realizar todo lo que estamos aspirando, todo lo que estamos intuyendo, de disponernos interiormente como si ya lo viviéramos, como si ya lo fuéramos. Es esto que cuando no se ve parece un absurdo y cuando se ve resulta transparente. Ya somos todas estas cosas; lo único que nos impide vivirlo son nuestras ideas negativas, nuestras actitudes de limitación. En la medida en que vayamos reafirmando en nosotros las actitudes positivas y las ideas amplias de afirmación total, lo único que haremos será recuperar la verdad, lo que realmente somos. Pero tenemos miedo. Y el miedo impide pensar bien, sentir bien, actuar bien.

¿De qué tenemos miedo?
  Tenemos miedo de que nos venga algún daño, algún perjuicio de un modo u otro. De nuevo estamos proyectados hacia fuera, pendientes de la realidad exterior que ha de venir a confirmar o negar nuestra realidad personal. Démonos cuenta de este engaño, no hemos de depender en nuestro ser de nada del exterior en absoluto. Porque lo que somos lo somos con exterior y sin exterior. Y hemos de ser capaces de volver a descubrir nuestra realidad, volver a, vivirla, a vivirla en presente, tener el valor de poder afirmar «yo soy». Y que la mente se dirija sin vacilación a tomar plena conciencia de este acto de ser, investigando sin cesar. Que investigue a pesar de los miedos, que adopte la actitud de apertura interior, de abrirse ante todo lo que sea verdad, pase lo que pase. No hemos de tener nunca miedo a la verdad.

  Descubrir lo que somos, lo que es nuestro ser, lo que hay en el eje de nosotros mismos. Esto no nos ha de producir nunca miedo, ni nos ha de desviar si evitamos cuidadosamente formarnos falsas ideas o ideologías, si buscamos directamente la experiencia. 
  Todo lo que nos da valor es nuestra experiencia. Nuestro desarrollo es producto de la experiencia. No de teorías ni de ideas, sino de la experiencia, de lo que vivimos de un modo directo e inmediato. Hemos de llegar al fondo de esta experiencia hasta vivir realmente quien soy yo, qué experimento, quién es ese que está detrás de cada experiencia. Sin confundir el yo con ninguna experiencia particular. Buscar este centro que une todos los radios, este «yo» que está detrás de cada instante.



  Eso sólo depende de nosotros. No hemos de echar la culpa a nadie. No hemos de quejamos de la vida. La vida está bien hecha, el mundo está bien hecho. Es nuestra mente la que tiene sombras, que está medio cerrada, en un período infantil. Y tiene exigencias de persona mayor. Nuestra mente es la que ha de volver a su sitio, a su fuente, en lugar de vivir como los niños pendientes de todas las cosas que brillan, de todos los detalles externos.
  Aprender a que nuestra mente se abra hacia dentro, hasta que llegue a vivir bien lo que constituye el centro, la fuente y el eje de cada uno de nuestros actos, de nuestros pensamientos, de nuestros impulsos. Todo se reduce a un problema de completa apertura interior de la mente.
  Esto se puede hacer en silencio, en meditación, siempre con la investigación constante «¿qué soy yo?». Pero también se puede practicar sobre la marcha, mientras actuamos, a condición de que lo hagamos con todo nuestro ser, con toda la fuerza, con toda la capacidad y que mientras actuemos así permanezcamos despiertos. Porque al actuar con toda nuestra capacidad, esta capacidad se hace para nosotros una realidad consciente. Y cuando somos conscientes de toda la realidad y de toda la capacidad, inmediatamente percibimos lo que hay detrás de ella. Si vivimos de un modo superficial, en este ambiente habitual de seguridad, con esta política de no arriesgarnos, de no aventurarnos, de ir tirando, no podemos pretender llegar a ninguna verdad con mayúscula, a ninguna realización capital.
  Si queremos vivir así, conforme, pero hemos de saber que toda la vida nos la pasaremos «a medias tintas». El que sienta la urgencia de descubrir la verdad ha de estar dispuesto a luchar por ella del todo, a vivir del todo. Este «del todo» no quiere decir que tenga que ser muy impulsivo, significa que debe ser muy generoso, estar muy abierto por dentro, sin reservas ni salvedades, con toda su capacidad en lo que hace y estar muy abierto mentalmente para percibir toda la fuerza que nos lleva a actuar y el eje que hay detrás, que es la fuente de donde brota esa fuerza. 

  O sea que el camino está a nuestra disposición. Es un problema de disposición interior, de coraje, de espíritu de aventura, de lanzarse a vivir. Aunque exteriormente uno puede seguir haciendo exactamente lo mismo que hace de ordinario, porque el trabajo de realización no consiste en hacer nada exterior.
   Muchas veces le han preguntado a Ramana Maharshi «Yo voy a renunciar a la familia y voy a hacer vida de monje peregrino, porque eso me facilitará la liberación», y él siempre ha contestado más o menos lo mismo: «¿Qué sacarás de dejar tu casa si llevas contigo tu «yo» y todo su equipaje? La realidad la tienes igual en tu casa que en todas partes».
  El verdadero abandono, el verdadero sacrificio, es el sacrificio del yo; el verdadero silencio es el silencio del yo, no el silencio exterior. La verdadera abnegación no consiste en sacrificar cosas exteriores, aunque esto puede circunstancialmente ayudar, sino en ofrecer el yo, en ofrecer nuestra idea de ese «yo», y no otra cosa cualquiera.
   Exteriormente podemos hacer el mismo trabajo, dedicarnos a nuestro quehacer habitual, pues es un proceso puramente interior. No se trata de hacer nada fuera con mucho coraje, con mucho genio, no; la energía es interior, tenemos que emplearla frente a nosotros mismos, no frente a los demás, porque es a nosotros a quien tememos, no a los demás. Cuando estamos solos continúan exactamente los mismos problemas. Y si creemos que solamente tenemos problemas ante la gente, nos equivocamos, porque en realidad lo único que hace la gente es despertar los problemas que existen en el interior. Los problemas están en nuestro interior.
  Hemos de aprender a estar con todo nuestro yo presente en lo que hacemos, como si en cada situación nos jugáramos la vida, o como si fuéramos a morir. Parece muy dramático, pero no lo es, antes al contrario. Desde el punto de vista de la realidad, más bien es una broma, un juego. Porque lo que nos vemos obligados a abandonar con tanto sentimiento, con tanta pena, es justamente lo que nos obstruye y nos perjudica, lo que está vacío y no tiene valor ni realidad. Son cosas que parecen difíciles si uno no puede intuirlas directamente.




  Al llegar a la realización, todos los problemas de la vida quedan resueltos. ¡Y pensar que se han vertido toneladas de tinta en libros de filosofía! Hemos tenido a veces que aguantar discusiones y demostraciones aburridísimas en los intentos de explicación del por qué y del cómo de la vida, de la naturaleza, del hombre, de Dios.
  Cuando se intuye la realidad se da uno cuenta de que hay un error constante de perspectiva en el planteamiento de la mayoría de los problemas y de los postulados tal como suelen exponerse en las teorías filosóficas. Es que superponen siempre dos cosas: el problema de Dios y el problema del mundo; el problema de lo Absoluto y el problema de lo relativo; el problema de lo Uno y lo múltiple, entre lo Absoluto y lo relativo, entre Dios y la criatura. Esto que nos parece muy natural, es completamente falso desde su misma formulación inicial. Lo que pasa es que sólo se percibe claramente la falsedad cuando existe una profunda experiencia interior. Uno se da cuenta entonces de que no es posible parangonar lo absoluto con lo relativo, porque una de dos, o vivimos con conciencia de lo relativo y entonces lo absoluto es una pura hipótesis, o vivimos con conciencia de nuestra noción de absoluto y entonces lo relativo no tiene realidad.
  Por tanto no se pueden establecer nexos entre una cosa y la otra; son estados de conciencia, grados de luz, pero no son relaciones de razón, relaciones lógicas de ninguna clase.
  O sea que la mayor parte de los problemas desaparecen por completo en el orden filosófico. Esto demuestra una vez más que el camino de la especulación no es el que nos puede conducir a la realización. La India tiene eso de bueno, que fundamenta el trabajo interior en la experiencia, no en teorías. Y eso considero que no tiene precio, y es lo que pretendo inculcar.   Dejemos de especular, de teorizar, de criticar, de preguntar y de contestar. Simplemente aprendamos a mirar, a abrir nuestra mente, aprendamos a ser más sinceros, más despiertos, más nosotros mismos, ante nosotros mismos y ante las cosas. Que nuestra mente se mantenga abierta, sin prisas pero viviendo cada situación de un modo total. Y aseguro que entonces todos los problemas de tipo teórico y de tipo práctico, todos los problemas afectivos y los problemas de aspiraciones aún no realizadas quedarán completamente solucionados. Porque en la medida en que lleguemos a la realización, quedaremos satisfechos del todo, no por compensación, sino en la verdadera moneda.

  Una vez más digo que toda la satisfacción que buscamos en las cosas procede de esta realidad central, del mismo modo que como decíamos en otro lugar, todo amor que ponemos en las personas no es más que una expresión del amor único que se expresa a través nuestro. Por lo tanto, cuando vamos derecho a esta fuente no hacemos sino encontrar lo mismo que andábamos buscando, pero del todo. No es una mera compensación psicológica sino que es el encuentro con la verdad, el descubrimiento de la evidencia total, lo mismo que en realidad deseábamos aunque sin saberlo bien.
  Es preciso que aprendamos a ver que esta investigación de la realidad no es algo que nos aleja de la vida, que nos aleja de la gente. No nos aleja de nada; al contrario, es lo único que nos conduce al centro de la vida, al centro de nosotros mismos, al centro de las demás personas y de las cosas, y el único sitio desde donde se ve cada cosa mejor y del todo es desde su centro.
   El único sitio desde donde uno puede manejar toda la cosa, la que sea, es desde su centro. Por lo tanto cuando hacemos esta investigación y nos acercamos a nuestro centro estamos llegando al centro de todo, incluso al centro de nuestras actividades, al centro de nuestra relación con la gente, al centro de nuestra capacidad mental, etc. No temamos que la realización nos aleje de la vida; nos alejará de nuestras falsas ilusiones de la vida, pero nos dará a cambio una perspectiva cierta, real, total de lo que es la vida.

  Muchas veces se plantea como problema la afirmación de la Advaita Vedanta que dice «todo lo que existe es ilusorio, sólo Brahma es real» y por otro lado afirma «el universo es Brahma». Esto nos parece un absurdo, una cosa muy difícil de aceptar. Es porque no se acaba de ver bien. Todo es real porque sólo existe la realidad, no existe nada que no sea la realidad. De un modo intuitivo podemos verlo y aceptarlo. El error está en querer ver dos valores: absoluto y relativo. Pero desde el momento en que tenemos esta intuición de lo real, vemos todas las cosas insertadas en lo real, en función de lo real, en su dimensión real. Y de repente descubrimos que todo es real, pero todo es real desde su centro; todo es ilusorio cuando confundimos la forma, el nombre con la realidad. Sin embargo, incluso esa forma y ese nombre adquieren realidad cuando los podemos vivir desde el centro.



  Este es un camino que debe ser recorrido personalmente. La mera lectura, la reflexión y la especulación no nos harán adelantar un solo paso. Quienes sienten auténtico interés por el conocimiento de la verdad, por la filosofía viva, deben tener muy en cuenta que nuestra capacidad de descubrir la verdad no depende sólo de nuestra aptitud intelectual sino además de la profundidad de nuestra experiencia interna. Es ésta la que proporciona unos datos, una perspectiva y una evidencia que nada ni nadie más pueden darnos. Por eso el camino de la autoinvestigación debe ser recorrido a pie, paso a paso, experimentalmente. Está en nuestra mano el hacerlo. Es el camino para aquel que tiene interés en vivir la realidad desde su nivel mental. El camino del Jñana Yoga conduce a esa experiencia, a esa vivencia de la realidad que al mismo tiempo es plenitud interior, amor perfecto y conciencia del poder total, porque arriba todo se junta. Es abajo, en el punto de partida del camino donde hay separación y diferencias y donde nos encontramos que a uno le será más fácil subir a través de la autoinvestigación, hecha de esta manera que estamos describiendo; a otro le resultará más sencillo subir por el sendero del amor, y a otros por otros caminos.

  Tampoco hay inconveniente que uno siga al mismo tiempo varios caminos. Sólo que entonces ha de tener cuidado especial en que la diversidad de técnicas no disminuya o disperse la plenitud de dedicación. Es preciso que lo que cada uno siga lo siga del todo, que lo siga con toda su fuerza, con toda su capacidad y que esta total capacidad se renueve a cada momento. Si ahora, por ejemplo, yo me pongo a mirar y a buscar con toda mi capacidad de investigación qué es el yo, esto no me da ninguna garantía que de hecho esté utilizando toda mi verdadera capacidad, sino tan sólo la que yo puedo disponer en ese momento. Pero precisamente por esto, a medida que utilice toda mi capacidad disponible ahora se irá desarrollando más y más esta capacidad. Por eso esta actitud de total dedicación tiene que estar renovándose constantemente. Es hacer un acto de entrega total, renovándolo cada vez del todo según nuestra capacidad del momento. Al final, esta entrega renovada conduce a la plena experiencia. No hay en ello error posible. Es la gran ventaja de lo experimental, que no hay error porque no se trata de especular, de teorizar, no se trata de decirme que soy una persona muy lista o muy buena, etc., no he de convencerme de nada. Se trata de ver lo que soy, de vivirlo, de vivirlo de veras, de un modo total, y es en lo único que no puede haber error. El error puede existir siempre en un proceso intelectual, proceso de adquisición de conocimiento de las cosas, de datos; pero en lo que es tomar conciencia directa, inmediata de sí mismo, en esto no hay error posible. Al decir «yo» me refiero a algo que siento de modo directo e inmediato. Se trata que este «yo» que resuena en mí aprenda a vivirlo más y más mediante la centración mental, mediante la apertura y la penetración. En esto no hay error porque no hay especulación, comparación, no hay adjetivos. Es buscar el sustantivo, el único, del cual se derivan los demás. Este único sustantivo es ser, el ser que soy, la realidad central.

  Porque no tenemos esta evidencia clara de nuestra realidad profunda, total, incondicionada, estamos poniendo constantemente condiciones a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. Buscamos la libertad y nos creemos que consiste en manejar las cosas, en hacer más combinaciones con ellas. No, la suma de los relativos nunca nos dará un absoluto. Es otra noción, otra dimensión. No llegaremos al conocimiento, a la realidad atareándonos con los datos, con las ideas. Por mucho que andemos con sueños no descubriremos nuestra personalidad como seres concretos de conciencia vigílica. Se trata de un nuevo plano, de un nuevo nivel de ser. Esta experiencia, la única que nos conducirá a la realización, es una experiencia que está en nosotros, a nuestro alcance y que sólo espera que dejemos de estar confundiéndonos con las cosas, con nuestro nombre, con nuestras condiciones, con nuestras circunstancias, para que podamos respirar hondo y sentir realmente que soy yo.



lunes, 21 de enero de 2013

La crisis en el trabajo interior



  A medida que profundizamos un poco más en nosotros, nos encontramos con que muchas cosas que antes nos ilusionaban ahora de repente nos damos cuenta de que son niñerías y esto nos obliga a cambiar nuestra escala de valores. Cuando esto lo descubrimos de un modo claro, definido, apenas presenta problema si realmente estamos decididos a proseguir nuestro camino cueste lo que cueste.
 El verdadero problema surge cuando apunta la nueva etapa, pero aún no estamos establecidos en ella. Cuando estamos a punto de llegar a un nuevo estado pero todavía no hemos llegado a él, porque entonces nos damos cuenta de que tal circunstancia o situación, la que sea, nuestro círculo social de amigos, nuestras costumbres y aficiones a las que hasta ahora hemos estado muy adheridos, están amenazando ya en desligarse y perder todo interés. Y esto sí que a veces produce miedo, perplejidad y vacilación por nuestra fuerte identificación con todo ello.
  Debemos darnos cuenta de que cada vez que sintamos estos miedos y estas dudas es que progresamos. No hemos de ver estas crisis como algo negativo, sino como puntos de referencia positivos de nuestro avance. Si no progresáramos no aparecerían miedos nuevos ni nuevas inquietudes. Desde este punto de vista cada vez que nos encontramos mal es que vamos bien, porque al fin y al cabo para seguir encontrándonos como ahora no valía la pena movernos de sitio.

  Siempre que hay un trabajo de profundización, un ensanchamiento de conciencia hay también algo que cae, algo que se suelta. Puede ser que a veces se perciba antes lo que se suelta que el nuevo estado interior que se encuentra detrás.
  Si primero se percibe lo positivo, estupendo, ya que lo antiguo cae como una fruta madura, sin ningún esfuerzo, como el adolescente se desprende con naturalidad de los juguetes que le apasionaban unos años atrás.
 Pero cuando primero uno siente que aquello va a caer y todavía no vive lo que hay detrás, el nuevo estado subjetivo, el grado de iluminación correspondiente, entonces es inevitable que sufra la crisis como algo intenso y doloroso. En esos momentos es cuando uno ha de aprender a tener discernimiento y serenidad, y darse cuenta de que siguiendo el trabajo, a pesar de todo, descubrirá al fin el poco valor y consistencia que tiene la costumbre antigua a la que aún tan fuertemente se agarra.

  Hemos de ver claro que en el trabajo interior vamos a ganar. Y a ganar no ya los objetos o las situaciones a que estamos adheridos, sino precisamente lo que vamos buscando, lo que estamos poniendo de valor en aquello. Porque siempre, de un modo o de otro, buscamos en cualquier cosa mayor plenitud, mayor satisfacción, mayor realidad. Y esto es precisamente lo que encontramos de un modo real y permanente. Por eso es importante que aprendamos a ver las crisis como amigas, como indicadoras de nuestro adelanto; nunca como barreras ante las que uno retrocede. Es evidente que todos las encontraremos en nuestro trabajo. Pero es que si no las encontramos porque trabajamos, las encontraremos igualmente porque la vida nos las impondrá. Y más vale que aprendamos a ir por nuestro pie y por la vía positiva de ir descubriendo lo bueno que se oculta detrás de todas las formas y de todas las apariencias, que no que la vida nos arranque las cosas de un modo violento en su sereno pero inflexible devenir.
                                                                                                A. Blay

viernes, 18 de enero de 2013

El Amor Lúcido



 En el estado de lucidez no hay miedo, ni necesidad de asegurar algo, no hay deseos de continuidad, ni temor a perder, no hay exigencia de reciprocidad, porque no hay nada que perder, ni nada que ganar.
  Es una expresión espontánea de lo que siempre ha estado y está ahí, un potencial inmenso, infinito y que se expresa por sí mismo. Nadie puede herir a nadie si está instalado en la verdad.
  El amor lúcido es un estado inocente, una gracia divina, que no se busca mediante esfuerzos o méritos. La lucidez llega como gracia al investigar lo que la lucidez es.

  El amor no es controlar, manipular, vivir con astucia, no es acumular información para dominar a otros, no es envidia, ofensa, comparación no es ignorar nuestra esencia.

  El amor es inocencia, madurez, no envidia, no ofensa, no comparación, no posesión. El amor es completo en sí mismo, no necesita compañía.

  Quien no ha descubierto el amor como estado del ser, lo vive como una exigencia a los demás, como un querer repetir las satisfacciones placenteras, como una demanda de emociones y sentimientos que luego cambian a lo opuesto, quedando un vacío.
  Pero si comienzo a observar para descubrir con lucidez lo que sucede, me doy cuenta de lo que va apareciendo, y veré que se va integrando gracias al amor. Para descubrir este amor, sabremos que no está en el tiempo, para investigarlo hemos de dejar que surja como inspiración, y si estamos lúcidos, si comprendemos el amor como un estado nuevo, sobrevendrá de un modo natural, porque es lo real.
  Ser bueno o malo desde la personalidad es como una comedia vista desde la verdad.
  El amor surge de la comprensión, al no comprender surge la separación.

   El amor no es lo que se suele conocer por amor, no es sentimientos, ni emociones, ni sensaciones que nacen de la separatividad porque uno necesita al otro. En el amor no hay otro. Si me quedo en las sensaciones, emociones agradables, al no tenerlas sobreviene la angustia; pero si me quedo en silencio y miro con sinceridad, estas sensaciones/emociones no tienen el resplandor del amor que intuyo. El amor surge cuando hay libertad.
  El otro no es separado de mi por lo que no tiene sentido tratar de poseerlo.
 
  Como el amor no es nada de lo conocido, lo descubriré sin buscarlo, con una mente inocente, que carece de información. La inocencia es un estado original que no tiene que ver con los años, ni experiencias, ni conocimientos adquiridos, es un estado claro y simple, sincero y en soledad, anterior al pensar.
  Al estar libre para comprender como funciona la interacción humana ya no me hieren, el amor es inocente, no hiere. El amor está ahí con objetos o sin ellos, no necesita del otro. El amor ilumina un objeto, otro o ninguno, sin perder su plenitud.

  En la inocencia se borra el pasado, nada se guarda, nada se repite.
 
    Así como la luz no puede dejar de iluminar, el amor no puede dejar de amar. Si soy amor, no necesitaré buscarlo afuera, lo que sea preciso en la interrelación, la vida se encargará de presentarlo.
  No he de controlar los deseos que surgen cuando vivo limitaciones, pues al controlar, lo que hago es deformar el vivir, más bien comprenderé desde un lugar donde no esté identificado, puedo experimentar con mi cuerpo una sensación agradable sin estar yo atado a ella, sin identificación.

  El milagro es vivir desde el verdadero amor.

  El amor es siempre nuevo, siempre está naciendo. El enamoramiento de dos personas es real y nunca deja de ser un enamoramiento del amor.
  El amor renueva, vitaliza, rejuvenece, y si ese amor produce esto, lo que producirá el enamoramiento total del amor en sí; al comprender todo, abrazamos todo, la pasión nos lleva sin medida fuera de lo racional. Este amor verdadero es el creador de lo nuevo, ajeno a la memoria, deshace las barreras de separación que se levantaron por la incomprensión.

  Comprenderé la vida aprendiendo a ser consciente, expandiéndome gozosa en libertad. 
                           

miércoles, 9 de enero de 2013

Despertar del Sueño



Mientras vivimos en el sueño de la identificación, nos valemos de los sentidos físicos para percibir de manera limitada lo Real.
  Nuestra existencia se arma con recuerdos del pasado, experiencias que hemos tenido, deseos , temores… vivimos atrapados en el tiempo, sin permitirnos funcionar naturalmente, perdiéndonos valiosos mensajes de nuestro cuerpo por no estar atentos, en el presente, en el ahora.
Vivimos de una manera mecánica, condicionada, y todo lo complicamos actuando compulsivamente, de manera reactiva, y creemos que eso es la realidad.
  Mientras estoy identificado con lo que creo ser, no puedo elegir las respuestas más adecuadas, saludables a la situación porque sale lo automático, lo impulsivo, lo mecánico, por la fuerza del condicionamiento; y es que el pasado está tiñendo el presente, proyectándose en un futuro ilusorio, supuestamente mejor…

   Todo cambia cuando suelto el tiempo psicológico y me instalo en el presente, viviendo momento a momento, vigilando, observando lo que pasa en mi mente y soltándolo. Observando los mecanismos reactivos que se ponen en marcha ante los estímulos externos, dándome cuenta que sólo son programas con los que venimos funcionado durante muchos años …
Al despertar, expresamos en muestra vida los valores del ser surgiendo la acción de manera espontánea, inspirada ( no teñida por las emociones y pensamientos que se mueven en la superficie) independientemente de lo que acontezca, en una actitud contemplativa.
  El despertar nos lleva a mirar la verdad directamente, descubriendo la inteligencia, la belleza, la energía y el amor que soy, la Realidad, ese potencial en vías de actualización, atestiguando todo lo que acontece desde la conciencia.

  Una vez descubierta la Verdad, debo mantenerme allí donde la he visto, si quiero que ilumine mi vida, como un faro que alumbra el camino del navegante en la oscuridad del océano.
Cuando me despisto, me distraigo, se trata de observar esa distracción y volver a la contemplación con una actitud amorosa, para ello debo de tener una vocación por vivir desde la verdad y estar “vigilante” para darme cuenta. Mantenerme atenta a la luz que soy en lo profundo.

  Luego que se va haciendo el camino, ese estado de lucidez se mantiene sin esfuerzo, lo mantiene la luz, y, al estar despierta, más lucidez, paz, alegría, espontaneidad y amor sin causa sentiré.
Para despertar a la Verdad es imprescindible hacer silencio de lo pensado, sentido, soñado, imaginado; un camino de soledad y silencio hacia el sí mismo, adentrándose en la aventura del descubrir.
  Lo que nos separa de la Realidad es la mente entretenida con sus imaginaciones y sueños, se trata entonces de “girar” la mente y mirar hacia adentro, hacia la luz, y a partir de esa mirada despierta, el amor surge espontáneo inevitablemente.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Inconsciencia - Conciencia



  Como probablemente sabe, mientras duerme usted se mueve constantemente entre las fases del dormir sin sueños y el estado de soñar.
  De forma similar, en el estado de vigilia la mayoría de las personas sólo cambia entre inconsciencia ordinaria e inconsciencia profunda.
 Lo que yo llamo inconsciencia ordinaria significa estar identificado con sus procesos de pensamiento y con sus emociones, sus reacciones, deseos y aversiones. Es el estado normal de la mayoría de las personas.
   En ese estado usted está gobernado por la mente egotista, y es inconsciente del Ser. Es un estado no de dolor o infelicidad agudos, sino de un nivel bajo de incomodidad, descontento, aburrimiento o nerviosismo casi continuos, una especie de estática de fondo.
 Puede ser que usted no se dé cuenta de esto porque es parte frecuente de la vida "normal", del mismo modo que no se hace consciente de un ruido continuo de fondo bajo, como el zumbido de un aire acondicionado, hasta que se detiene. Cuando se detiene de repente, hay una sensación de alivio. Muchas personas usan el alcohol, las drogas, el sexo, la comida, el trabajo, la televisión o incluso el ir de compras como anestésicos, en un intento inconsciente por suprimir la incomodidad básica. Cuando esto ocurre, una actividad que podría ser muy agradable, si se usa con moderación, se convierte en una actividad compulsiva o adictiva, y todo lo que se logra a través de ella es un brevísimo alivio de síntomas.

  La incomodidad de la inconsciencia ordinaria se convierte en el dolor de la inconsciencia profunda -un estado de sufrimiento o infelicidad más agudo y más obvio cuando las cosas "van mal", cuando el ego está amenazado o en su situación vital hay un reto, una amenaza o una pérdida importante, reales o imaginarias; o cuando hay conflicto en una relación. Es una versión intensificada de la inconsciencia ordinaria, diferente de ella no en el tipo sino en el grado.

  En la inconsciencia ordinaria, la resistencia habitual o negación de lo que es crea la incomodidad y el descontento que la mayoría de las personas aceptan como la forma normal de vivir. Cuando esta resistencia se intensifica por algún reto o amenaza al ego, trae negatividad intensa en la forma de ira, miedo agudo, agresión, depresión, etcétera.

  La inconsciencia profunda a menudo significa que el cuerpo del dolor ha sido disparado y que usted se ha identificado con él. La violencia física sería imposible sin inconsciencia profunda. Puede ocurrir también cuando una multitud de personas o incluso toda una nación genera un campo colectivo de energía negativa.

  El mejor indicador de su nivel de conciencia es cómo maneja los retos de la vida cuando llegan. En esos retos, una persona ya inconsciente tiende a volverse más profundamente inconsciente y una persona consciente más intensamente consciente.

  Usted puede utilizar un reto para despertar, o puede permitir que lo empuje a un sueño aún más profundo. El sueño de la inconsciencia ordinaria se convierte entonces en una pesadilla.
  Si usted no puede estar presente ni siquiera en circunstancias normales, tales como cuando está sentado solo en una habitación, caminando por el bosque o escuchando a alguien, ciertamente no podrá permanecer consciente cuando algo "va mal" o se enfrenta con gente o situaciones difíciles, con la pérdida o la amenaza de pérdida. Usted será dominado por una reacción, que en última instancia es siempre una forma de miedo, y arrastrado a la inconsciencia profunda. 
  Esos retos son sus pruebas. Sólo la forma en que usted los resuelva le mostrará a usted y a los demás en qué punto está en cuanto a su estado de conciencia, no el tiempo que puede permanecer sentado con los ojos cerrados o qué visiones tiene.

  Así que es esencial traer más conciencia a su vida en las situaciones ordinarias cuando todo transcurre con relativa facilidad. De esta forma, usted crece en poder de presencia.
  Eso genera un campo de energía en usted y alrededor de usted de una gran frecuencia de vibraciones. Ni la inconsciencia, ni la negatividad, ni la discordia o la violencia pueden penetrar en ese campo y sobrevivir, lo mismo que la oscuridad no puede sobrevivir en la presencia de la luz.
  Cuando usted aprenda a ser testigo de sus pensamientos y emociones, que es una parte esencial de estar presente, puede quedar sorprendido cuando se dé cuenta por primera vez de la "estática" de fondo de inconsciencia ordinaria que tiene y de qué pocas veces si acaso alguna, usted está verdaderamente a gusto consigo mismo.
 En el nivel de su pensamiento, usted encontrará mucha resistencia en forma de juicio, descontento y proyección mental lejos del Ahora. En el nivel emocional, habrá una corriente subterránea de incomodidad, tensión, aburrimiento o nerviosismo. Todos son aspectos de la mente en su modo de funcionamiento habitual de resistencia al presente.
                                                                                                                                  E. Tolle

domingo, 16 de diciembre de 2012

Libertad es el Ser mismo


  
  Una idea equivocada que se suele tener es que  libertad es hacer “lo que a uno le venga en gana”, pero la libertad no tiene que ver con ello, pues no es algo de la mente pensante, sino que la libertad tiene que ver con un estado más allá de la mente, donde podemos sentir el amor y la libertad en toda su pureza. Para ello, hay que investigar, observar profundamente nuestras experiencias, nuestras motivaciones, indagar desde dónde brotan las intuiciones y la comprensión donde todo “encaja”, llegar a la fuente de donde todo está surgiendo.

  La mente concreta, con su lógica nos es útil como lo es un ordenador, es un instrumento con el cual podemos organizar ideas, manejar datos, comparar, analizar, etc., pero no es para nada creativa, porque su manera de funcionar es mecánica, automática, reactiva, nace de reglas impuestas; para alcanzar la comprensión, la libertad, debo trascender el pensamiento y llegar a vivenciar la “no separación”, conectar con la mente que intuye, sobrepasando la lógica.

La libertad es el Ser mismo: yo soy yo mismo la libertad que busco.

  No se trata de “acabar” con el pensamiento, ni descartar los sentimientos, sensaciones biológicas (sentir frío, calor, placer, dolor, etc.) sino más bien verlos como instrumentos que nos ayudan a expresar lo que somos. El problema no es que haya pensamientos, emociones, el problema surge de la identificación con estos hábitos de pensar y sentir y  la continuidad que les damos en el tiempo, creyendo ser lo que no somos; en esencia no somos nada de lo que cambia, nada de lo que aparece y desaparece es real.

  Mientras hay relación de una cosa con otra, no hay libertad, sino dependencia. Por ello hay que investigar y trascender los opuestos, la dualidad, ya que la libertad verdadera sólo puede vivirse en la unidad del amor, abriéndose a lo total, a un estado de no separatividad.

  En las relaciones de pareja, en general se habla de amor, cuando lo que se suele vivir es más bien necesidad.
  Si indago y descubro el Amor que “nada necesita”, el amor sin apegos  significa que ya he atravesado por la división y la necesidad de otro, y me habré dado cuenta de la unidad, y allí reside la Libertad, la Lucidez.

                               Ser libres es aprender a Ser.

   En la libertad no hay una entidad que diga “yo experimento la libertad”, en el tiempo no hay libertad y el yo pertenece al tiempo.
  El verdadero aprender y enseñar es siempre un descubrir.
  La oportunidad máxima para la libertad es el instante presente.