Realidad Esencial




REALIDAD ESENCIAL




Bienvenidos al blog donde investigaremos sobre la Realidad, sobre lo que realmente somos más allá de las apariencias e ilusiones, sobre la no-dualidad.

Lee las entradas con una mente abierta dejando que los contenidos te "resuenen", lo que no puedas aceptar, déjalo para más adelante. No se trata de creer nada, más bien, se trata de investigar por si mismo lo que nos apuntan los grandes maestros. La experiencia nos confirma que somos un potencial inmenso, infinito de amor, inteligencia y energía (en palabras del maestro Antonio Blay) a actualizar, a llevar a la acción…



Espero te sientas a gusto en este espacio creado con amor.

Juani


jueves, 12 de septiembre de 2013

Rumi


‎"De hecho, mi alma y la tuya son las mismas,
tú apareces en mí, yo en ti.
Nos escondemos el uno en el otro"...

RUMI

martes, 10 de septiembre de 2013

Amor

  

  En la medida en que amamos nos convertimos en aquello que amamos. El amor tiende a unificar a amalgamar, a hacer una unidad de lo que aparecía como diverso, porque nos conduce al fondo y el fondo es realmente común.  Por eso el amor, no se debe confundir con la intensidad de un sentimiento, pues es mas bien la profundidad del sentir. Es la profundidad la que nos transforma, y no la intensidad por sí sola. La intensidad viene determinada por un canal muy energético, y entonces puede darse un amor muy intenso aunque poco profundo. Se vivirán grandes cosas, pero del mismo modo que se viven, desaparecen. Lo que da estabilidad al amor no es la intensidad, sino la profundidad.
  El acto de amor auténtico consiste en aprender a vivir, a amar, cada vez mas profundamente, mas genuinamente, mas desde el fondo, y esto es lo que nos va conduciendo hacia el centro. La intensidad y la profundidad pueden ir unidas, pero también pueden no ir unidas. En la profundidad siempre hay intensidad, pero en la intensidad no siempre hay profundidad.

- En eso que estás diciendo ¿resultará que hemos de amar también a las personas que nos son hostiles, aunque en ellas no veamos amor?

- Es que el amor depende de ti, no del otro. Si el amor depende del otro, entonces ¿qué amas?, no amas al otro, amas que él hace, lo que te da.
  El amor eres tú. Sé tu mismo amando, y cuanto mas profundamente ames, más tú mismo serás. Pero ahora el amor es una transacción mental: me conviene, no me conviene, me cae bien, etc., y eso no es amor.

- He entendido que hemos de amar a todas las personas de la misma forma, y a mí me parece que no es posible.

- He dicho que el amor es uno, y en la medida en que ese amor está actualizado en nosotros, está ahí siempre, indistintamente. El problema es que como yo no estoy viviendo allí donde el amor es, sino que estoy metido en la mente por mi funcionamiento defectuoso, entonces confundo el amor con mis ideas de valor de las personas. Y a unos les digo que sí, y a otros que no, en función de cómo concuerdan con mi escala de valores, con mi comparación, con mis exigencias, con mis modelos. Pero si yo viviera el amor en su sitio, me daría cuenta de que hay un amor total, indistinto, indiscriminado, para todo el mundo y para todas las cosas.

- ¿Entonces deberíamos amar a todos los seres de la misma manera?

- En efecto. No podemos amar a dos seres de una manera distinta puesto que el amor es Uno, y eso es lo que somos. Si yo soy auténticamente yo, amaré indistintamente, con un amor total, aunque luego exprese ese amor de un modo diferente de acuerdo a mi inteligencia y mi visión de cada una de las situaciones. Pero una cosa es la expresión, como yo expreso el amor, y otra cosa es el amor que yo vivo.
  El amor es uno, no es múltiple. El amor no es que sea grande para algunas personas y pequeño para otras. El amor es una realidad, es una luz encendida, es un sol, es un volcán que está dentro, y el volcán sigue siendo el mismo en todo momento. El problema es que no vivimos el amor donde está, sino a través de la mente, y es la mente la que está diciendo a este sí y a este no, este es bueno y este es malo, este me ayuda y el otro es enemigo.
  De este modo se da la paradoja de que viviendo el amor con unos seres, se vive odio o indiferencia respecto a otros.

- Yo siento el amor por unas determinadas formas, esto no encaja…..

- El amor en sí no tiene forma. El Amor en sí es Plenitud, la forma se la da la mente. El amor es un sentir, no es un pensar. Vive el amor en el sentir, mantente atento a ese sentir y descubrirás que ese amor es una totalidad en sí que no tiene formas.

- Entiendo que el amor es darse, pero nosotros sólo amamos en la medida en que somos correspondidos.

- El amor para nosotros, es como si fuera algo que damos al otro, se vive así, en un sentido siempre transitivo, relacional. La visión debiera ser otra. Cuando uno trabaja interiormente, descubre que es de otro modo. El amor no es que yo lo tenga, que sea una cosa que pueda dar o no dar. El amor soy yo mismo. El amor es mi fondo. Y amar a una persona significa que sea yo mismo desde el fondo en relación con la otra persona. El amor no es una sustancia que yo de, que a uno doy y a otro no doy, a uno doy mas y a otro menos. El amor es mi naturaleza profunda, y amar a una persona es ser uno mismo profundamente abierto en relación con ella. Si intuyes esa visión, verás como cambia tu sentido del amor. Por eso digo que cuanto más amas, más tú mismo eres. Y que al amar, nunca le estás haciendo un favor al otro, es el otro el que te está haciendo un favor a ti, por permitirte ser mas tu mismo. Pero como esto se vive a través del yo-idea que está juzgando, valorando, calculando lo que puede conseguir, dice: “yo te amo si….” Y entonces es cuando viene el drama, porque el otro dice que sí… y luego pasa a decir que no.
                                                    Antonio Blay
                                       Despertar y sendero de realización

domingo, 14 de julio de 2013

El Presente Vivo


Interlocutor: Por lo que yo puedo ver, no hay nada irregular en mi cuerpo ni en mi ser real. Ninguno de ellos son de hechura mía y no necesitan ser mejorados. Lo que no ha ido bien es el «cuerpo interior», llámelo mente, consciencia, antahkarana, cualquiera que sea el nombre.

Maharaj: ¿Qué considera usted que no va bien en su mente?

Int: Es inquieta, codiciosa de lo agradable y temerosa de lo desagradable.

Mah: ¿Qué hay de malo en su búsqueda de lo agradable y en su huida de lo des-agradable? El río de la vida corre entre las orillas del dolor y del placer. Es solo cuando la mente se niega a correr con la vida y se aferra a las orillas, cuando eso de-viene un problema. Por correr con la vida quiero decir aceptación —dejar que venga lo que viene y que se vaya lo que se va. No desee, no tema, observe lo que acontece, cómo y cuando acontece, pues usted no es lo que acontece, usted es a quien ello acontece. Finalmente usted no es ni siquiera el observador. Usted es la potencialidad última de la que la consciencia omniabarcante es la manifestación y expresión.

Int: Sin embargo, entre el cuerpo y el sí mismo hay una nube de pensamientos y de sentimientos que no sirven ni al cuerpo ni al sí mismo. Estos pensamientos y sentimientos son inconsistentes, transitorios y desprovistos de significación, mero polvo mental que ciega y sofoca; sin embargo, están ahí, oscureciendo y destruyendo.

Mah: Ciertamente, la memoria de un acontecimiento no puede pasar por el acon-tecimiento mismo. Tampoco lo puede su anticipación. Hay algo excepcional, único, en el acontecimiento presente, que no tienen el acontecimiento pasado ni el venidero. Hay en él una viveza, una actualidad; destaca como si estuviera iluminado. En lo que acontece ahora hay el «sello de la realidad», que el pasado y futuro no tienen.

Int: ¿Qué es lo que da al presente ese «sello de la realidad»?

Mah: No hay nada peculiar en el acontecimiento presente que lo haga diferente del pasado y del futuro. Por un momento el pasado fue actual y el futuro lo devendrá también.
¿Qué hace al presente tan diferente? Obviamente, mi presencia. Yo soy real porque yo soy siempre ahora, en el presente, y lo que está conmigo ahora participa en mi realidad. El pasado está en la memoria, el futuro —en la imaginación. No hay nada en el acontecimiento presente mismo que lo haga destacar como real. Puede ser un suceso simple, periódico, como la campanada de un reloj. A pesar de nuestro conocimiento de que las campanadas sucesivas son idénticas, la campanada presente es completamente diferente de la anterior y de la siguiente —en tanto que recordada, o esperada. Una cosa enfocada en el ahora está conmigo, pues yo soy siempre presente; es mi propia realidad la que yo imparto al acontecimiento presente.

Int: Pero nosotros tratamos cosas recordadas como si fueran reales.

Mah: Nosotros consideramos los recuerdos, solo cuando irrumpen en el presente. Lo olvidado no cuenta hasta que uno lo recuerda —lo cual implica traerlo al ahora.

Int: Sí, puedo ver que hay en el ahora algún factor desconocido que da realidad momentánea a la actualidad transitoria.

Mah: Usted no necesita decir que es desconocido, pues usted lo ve en constante operación. Desde que usted nació, ¿ha cambiado alguna vez? Las cosas y los pensamientos han estado cambiando todo el tiempo. Pero la sensación de que lo que es ahora es real no ha cambiado nunca, ni siquiera en sueño.

Int: En el sueño profundo no hay ninguna experiencia de la realidad presente.

Mah: La vacuidad del sueño profundo se debe enteramente a la falta de recuerdos específicos. Pero hay una memoria general de bienestar. Hay una diferencia de sensación cuando decimos «yo estaba profundamente dormido» y «yo estaba ausente».

Int: Vamos a repetir la pregunta con la que comenzamos: entre la fuente de la vida y la expresión de la vida (que es el cuerpo), está la mente y sus estados siempre cambiantes. La corriente de los estados mentales es sin fin, sin significación y dolorosa. El dolor es el factor constante. Lo que nosotros llamamos placer es sólo un lapso, un intervalo entre dos estados dolorosos. El deseo y el temor son la trama y la urdimbre del hecho de vivir, y ambos están hechos de dolor. Nuestra pregunta es: ¿puede haber una mente feliz?

Mah: El deseo es el recuerdo del placer y el temor es el recuerdo del dolor. Ambos hacen a la mente inquieta. Los momentos de placer son meramente lapsos en la corriente del dolor. ¿Cómo puede ser feliz la mente?

Int: Eso es verdad cuando deseamos placer o esperamos dolor. Pero hay momentos de dicha inesperada, imprevista. Dicha pura, no contaminada por el deseo. No buscada, no merecida, dada por Dios.

Mah: Sin embargo, la dicha solo es dicha frente a un trasfondo de dolor.

Int: ¿El dolor es un hecho cósmico, o puramente mental?

Mah: El universo es completo y donde hay completud, donde no falta nada, ¿qué puede dar dolor?

Int: El universo puede ser completo como un todo, pero incompleto en los detalles.

 Mah: Una parte del todo vista en relación al todo es también completa. Solo cuando se ve aisladamente deviene deficiente y así un foco de dolor. ¿Qué es lo que lleva al aislamiento?

Int: Las limitaciones de la mente, por supuesto. La mente no puede ver el todo por la parte.

Mah: Muy bien. La mente, por su naturaleza misma, divide y opone. ¿Puede haber alguna otra mente, que una y armonice, que vea el todo en la parte y la parte como totalmente relacionada con el todo?

Int: La otra mente —¿dónde buscarla?

Mah: Yendo más allá de la mente que limita, divide y opone. Poniendo fin al proceso mental tal como nosotros lo conocemos. Cuando éste llega a su fin, nace esa mente.

Int: ¿En esa mente ya no existe el problema de la alegría y de la pena?

Mah: No como nosotros las conocemos, como deseable o repugnante. Deviene más bien una cuestión de amor que busca expresión y que encuentra obstáculos. La mente inclusiva es amor en acción, batallando contra las circunstancias, inicialmente frustrado, finalmente victorioso.

Int: Entre el espíritu y el cuerpo, ¿es el amor el que proporciona el puente?

Mah: ¿Quién más? La mente crea el abismo, el corazón lo cruza.


domingo, 7 de julio de 2013

Reflexión


"Muévete mas allá de cualquier arraigo a los nombres.
Cada guerra y cada conflicto
entre los seres humanos
ha sucedido a causa de algún desacuerdo
con los nombres.

Es una tontería tan innecesaria
porque justo mas allá de la discusión
hay una larga mesa de compañerismo
puesta y esperando por nosotros para sentarnos.

Lo que es alabado es uno, así que la alabanza
es uno también,
muchas jarras vertiéndose
en un enorme cuenco.
Todas religiones, todas cantando, una sola canción.

Las diferencias son tan solo
una ilusión y vanidad.
La luz del Sol parece algo diferente en esta pared
que en esta otra pared.
y mucho mas distinta en esta otra,
pero aun así es una sola luz.

Nos han sido prestadas estos ropajes,
estas personalidades en el tiempo y el espacio,
desde una sola luz,
y cuando le agradecemos,
la vertemos, de nuevo hacia adentro."


Rumi

sábado, 1 de junio de 2013

Relaciones - El Verdadero Amor y la Trascendencia de la Dualidad

Por Kim Eng



Durante mis viajes, una de las preguntas más frecuentes que me hacen es "¿Qué se siente al tener una relación con un ser iluminado?" ¿Por qué esta pregunta? Tal vez ellos tienen la idea o la imagen de una relación ideal, y quieren saber más sobre ello. Tal vez sus mentes quieren proyectarse a un futuro en el que ellos también estarán en una relación ideal y se encontrarán a sí mimos a través de ella.

¿Qué se siente al tener una relación con un ser iluminado?

Siempre que tengo la idea en mi cabeza "Tengo una relación" o "estoy en una relación", no importa con quién, sufro. Esto lo he aprendido.

Con el concepto de "relación" vienen expectativas, recuerdos de relaciones pasadas, y además conceptos mentales condicionados personales y culturales de lo que una "relación" debería ser. Después trataría de hacer que la realidad se ajustase a estos conceptos. Y nunca lo hace. Y vuelvo a sufrir. La cuestión del asunto es: no hay relaciones. Sólo existe el momento presente, y en el momento sólo hay relacionarse.

Cómo nos relacionamos, o mejor dicho cómo de bien amamos, depende de lo vacíos que estamos de ideas, conceptos, expectativas.

Recientemente, le pedí a Eckhart que dijera unas pocas palabras sobre la búsqueda de "relaciones amorosas" del ego. Nuestra conversación fue profundizando rápidamente para referirse a algunos de los aspectos más profundos de la existencia humana. Esto es lo que dijo:

Eckhart Tolle: Lo que convencionalmente llamamos "amor" es una estrategia del ego para evitar rendirse. Estás buscando a alguien para que te de eso que sólo puede venirte en el estado de rendición. El ego utiliza a esa persona como un sustituto para no tener que rendirse. El idioma español es el más honesto a este respecto. Utiliza el mismo verbo 'querer', para decir "te amo" y "te quiero". Para el ego, amar y querer (desear) son lo mismo, mientras que el amor verdadero no tiene ningún deseo, ningún deseo de poseer o que tu pareja cambie. El ego escoge a alguien y lo hace especial. Utiliza a esa persona para tapar el constante sentimiento subyacente de descontento, de "no suficiente", de ira y odio, que están estrechamente relacionados entre sí. Estas son facetas de un sentimiento profundamente arraigado subyacente en los seres humanos, que es inseparable del estado egoico.

Cuando el ego escoge algo y dice "yo amo" esto o aquello, es un intento inconsciente de ocultar o eliminar los sentimientos profundos que siempre acompañan al ego: el descontento, la infelicidad, la sensación de insuficiencia que es tan familiar . Por un tiempo, la ilusión realmente funciona. Pero entonces, inevitablemente, en algún momento, la persona que has elegido, o has hecho especial a tus ojos, deja de funcionar como una tapadera para tu dolor, el odio, el descontento o la insatisfacción que tienen su origen en la sensación de insuficiencia y de sentirse incompleto. Entonces, surge la sensación que estaba oculta, y se proyecta sobre la persona que había sido elegida y hecha especial – quien pensabas que en última instancia iba a "salvarte". De repente, el amor se convierte en odio. El ego no se da cuenta de que el odio es una proyección del dolor universal que sientes dentro. El ego cree que esta persona es la causa del dolor. No se da cuenta de que el dolor es el sentimiento universal de no estar conectado con el nivel más profundo de tu ser – no ser uno con uno mismo.

El objeto del amor es intercambiable, tan intercambiable como el objeto del deseo egoico. Algunas personas pasan por muchas relaciones. Se enamoran y desenamoran muchas veces. Aman a una persona por un tiempo hasta que ya no funciona, porque ninguna persona puede de forma permanente ocultar ese dolor.

Sólo la rendición puede darte lo que estabas buscando en el objeto de tu amor. El ego dice que la rendición no es necesaria porque amo a esta persona. Es un proceso inconsciente, por supuesto. En el momento en que aceptas completamente lo que es, algo dentro de ti emerge que había sido ocultado por el deseo del ego. Es una paz innata que mora en el interior, quietud, vitalidad. Es lo incondicionado, lo que eres en tu esencia. Es lo que habías estado buscando en el objeto de amor. Es tú mismo. Cuando esto sucede, un tipo completamente diferente de amor está presente, que no está sujeto al amor/odio. No elige a una cosa o una persona como algo especial. Es absurdo incluso usar la misma palabra para eso. Ahora bien, puede suceder que, incluso en una relación normal amor/odio, de vez en cuando, introduces el estado de rendición. Temporalmente, brevemente, sucede: experimentas un profundo amor universal y una plena aceptación que a veces puede brillar a través, incluso en una relación egoica. Sin embargo, si la rendición no continúa, se cubre de nuevo con los viejos patrones egoicos. Por lo tanto, no estoy diciendo que el verdadero amor profundo no se pueda presentar de vez en cuando, incluso en una relación normal de amor/odio. Pero es raro y por lo general de corta duración.

Siempre que aceptas lo que es, algo más profundo emerge en ese instante. Así, puedes quedar atrapado en el dilema más doloroso, externo o interno, en los sentimientos o situación más dolorosos, y en el momento en que aceptas lo que es, vas más allá de ellos, los trasciendes. Incluso si sientes odio, en el momento en que aceptas que esto es lo que sientes, lo trasciendes. Todavía puede estar ahí, pero de repente estás en un lugar más profundo donde nada de eso importa ya.

El universo fenoménico entero existe debido a la tensión entre los opuestos. Caliente y frío, crecimiento y decadencia, ganancia y pérdida, éxito y fracaso, las polaridades que forman parte de la existencia, y por supuesto parte de todas las relaciones.

Kim Eng: ¿Entonces es correcto decir que nunca podemos deshacernos de las polaridades?

Eckhart Tolle: No podemos deshacernos de las polaridades en el plano de la forma. Sin embargo, puedes trascender las polaridades a través de la rendición. Estás entonces en contacto con un lugar más profundo dentro de ti donde, por así decirlo, las polaridades ya no existen. Siguen existiendo en el plano externo. Sin embargo, incluso allí, algo cambia en la forma en que las polaridades se manifiestan en tu vida cuando estás en un estado de aceptación o renuncia. Las polaridades se manifiestan de una manera más benigna y suave.

Cuanto más inconsciente seas, más identificado estás con la forma. La esencia de la inconsciencia es la siguiente: la identificación con la forma, ya sea una forma externa (una situación, lugar, evento o experiencia), una forma de pensamiento o una emoción. Cuanto más apegado estás a la forma, menos rendido (entregado) estás, y más extrema, violenta o cruel es tu experiencia de las polaridades. Hay personas en este planeta que viven prácticamente en el infierno y en el mismo planeta hay otros que viven una vida relativamente pacífica. Los que están en paz interior aún experimentan las polaridades, pero de una forma mucho más benigna que la forma extrema en la que muchos humanos las experimentan todavía. Por lo tanto, la forma en que las polaridades se experimentan cambia. Las propias polaridades no se puede eliminar, pero se puede decir, que el universo entero se vuelve algo más benevolente. Ya no es tan amenazante. El mundo ya no se percibe como hostil, que es como el ego lo percibe.

Kim Eng: Si el despertar o vivir una vida en un estado despierto no cambia el orden natural de las cosas, la dualidad, la tensión entre los opuestos, ¿qué significa vivir una vida en el estado despierto? ¿Afecta al mundo, o sólo la experiencia subjetiva que uno tiene del mundo?

Eckhart Tolle: Cuando vives en la rendición, algo viene a través de ti hacia el mundo de la dualidad que no es de este mundo.

Kim Eng: ¿Eso cambia realmente el mundo exterior?

Eckhart Tolle: Lo interno y lo externo son en última instancia uno. Cuando ya no percibes el mundo como hostil, ya no hay más miedo, y cuando no hay más miedo, piensas, hablas y actúas de manera diferente. El amor y la compasión surgen y afectan al mundo. Incluso si te encuentras en una situación de conflicto, hay una emanación de paz en las polaridades. Entonces, algo cambia. Hay algunos maestros o enseñanzas que dicen, nada cambia. Ese no es el caso. Algo muy importante sí que cambia. Aquello que está más allá de la forma brilla a través de la forma, lo eterno brilla a través de la forma en este mundo de la forma.

Kim Eng: ¿Es correcto decir que es tu falta de "reacción en contra", la aceptación de los opuestos de este mundo, lo que provoca cambios en la forma en que los opuestos se manifiestan?

Eckhart Tolle: Sí. Los opuestos seguirán ocurriendo, pero no se alimentan de ti nunca más. Lo que has dicho es un punto muy importante: la "falta de reacción" significa que las polaridades no se alimentan. Esto significa, que a menudo experimentas un colapso de las polaridades, tales como en situaciones de conflicto. Ninguna persona, ninguna situación se convierte en un "enemigo".

Kim Eng: Entonces, los opuestos, en vez de fortalecerse, se debilitan. Y tal vez así es como comienzan a disolverse.

Eckhart Tolle: Eso es correcto. Vivir así, es el comienzo del fin del mundo.

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sábado, 11 de mayo de 2013

Noticias inesperadas




  Recibes una noticia inesperada y se te hace un hoyo en el estómago. La mente proyecta toda clase de imágenes acerca de cómo podría o debería ser la vida.

   Parece como si las cosas hubieran resultado mal, como si algún sueño se estuviera muriendo, como si hubieras perdido algo que era tuyo. ¡No es justo! Te empiezas a enfocar en aquello que falta, en lo que no está aquí, en lo que se ha ido, en eso que jamás regresará. Ya no te sientes en casa, por el momento. Te sientes desconectado, como si necesitaras que las circunstancias cambiaran para poder recuperar tu paz. 
  Pero, espera. Nada ha muerto, excepto el sueño de cómo se supone que 'deberían ser las cosas'. De cualquier forma, nada iba a ser así. No ahora. Ahora, todo es ASÍ. Tal vez el universo no esté equivocado, y este momento no sea ningún error, tal vez no se trate de ningún enemigo al cual se le deba temer o rechazar, sino más bien de un amigo que ha venido para poder ser honrado y abrazado. 

  Cuando nuestra atención está puesta en aquello que hace falta, en lo que se ha ido, en lo que se perdió; nos sentimos nostálgicos, abandonados, separados de la fuente, divididos en contra de nosotros mismos o como una casa rota a punto de desmoronarse. En fin, el cuento de nunca acabar que habla de la pérdida, empieza a generar una resistencia al momento presente. 

  Cuando ponemos atención a lo que siempre está aquí, a lo que nunca se ha ido y jamás se irá; cuando recordamos lo que realmente somos: pura presencia, nos damos cuenta que nada fundamental se ha perdido. Nos sentimos alineados nuevamente, de regreso a casa, incluso en medio de alguna noticia devastadora. Tal vez esa noticia no haya sido ningún error. Tal vez se trataba de otra invitación para alinearnos, para regresar hacia este momento, para respirar profundamente y recordar lo que somos, aquello que nunca se pierde, que nunca está ausente, que jamás se olvida realmente, y que nunca está fuera de nuestro alcance. Se trata de nuestra paz, nuestra alegría e inquebrantable fortaleza, nuestro árbol tan profundamente arraigado en medio de la furiosa tormenta, siempre en silencio, siempre inmutable. Y esta resulta ser la mejor de las noticias.

                                                                         Jeff Foster
                                                                  (Traducido por Tarsila Murguía)

sábado, 4 de mayo de 2013

Lucidez



“Mantenerse lúcido es no necesitar que las cosas sean de una manera o de otra”
                                                                                            Consuelo Martín
                                                                        
  La lucidez es uno de los atributos del Ser que somos, somos un Centro de Energía, de Amor/Felicidad y de Lucidez/Inteligencia.
  Cuando estoy centrada, cuando soy yo misma, estoy conciente que las cosas son como son, que no tiene sentido negar, rechazar, resistir la realidad del ahora, que ya soy completa en este momento independientemente de lo que ocurra.
  Las cosas no siempre son como me gustaría en el nivel de la personalidad, el aprender a aceptar “lo que es”, abre la gran puerta a la conciencia. La resistencia, la aversión a lo que está sucediendo es lo que genera el sufrimiento. El dolor forma parte de la dualidad, pero si no lo acepto, si me resisto, genero un sufrimiento añadido y además pierdo gran cantidad de energía que deja de estar disponible para actuar adecuadamente a la situación. Conviene entonces, que por comprensión acepte lo que  hay y fluya en las distintas situaciones que se presentan al vivir.
  El aceptar las cosas como son, hace que no tenga la necesidad de que sean diferentes, lo cual no significa que si algo se puede cambiar deba de quedarme con los brazos cruzados, luego de aceptar la realidad del momento, puedo realizar la acción oportuna, en el caso que convenga actuar.
  El mantenerme lúcida, es lo que me da esa serenidad, aceptación de los hechos.

                 “Si tiene remedio ¿porqué te preocupas?,
                   Si no tiene remedio ¿porqué te preocupas…?”

  Además, la no necesidad que las cosas (situaciones, personas...) sean de una determinada manera, surge del no apegarme  a las expectativas, a unos resultados que en definitiva nos trasladan a un futuro que es incierto, imaginario, ilusorio.
  Recordar que sólo existe el presente y que cuando acepto el presente, acepto la vida, acepto todo como es, cuando acepto el presente me siento plena y no necesito proyectarme en un futuro, cuando acepto el presente, estoy sanando el pasado, porque todo ocurre en el presente, incluso si sale parte de alguna sombra, al aceptarla y abrazarla e integrarla lo hago en el presente.
  Las cosas son como son, y no es necesario que sean de otra manera, un gran aprendizaje que nos habla de lucidez.
                                                                             
                                                         Juana Ma. Martínez Camacho
                                                            Terapeuta Transpersonal
                                       (Escuela Española de Desarrollo Transpersonal)




domingo, 7 de abril de 2013

La sencillez del ser



He venido a escucharle por primera vez, ¿podría hablarme de su filosofía de la vida?

 Comencemos por considerar por qué has venido hoy aquí. Si buscas el motivo, descubrirás en ti un sentimiento de carencia interior, una especie de hambre que tratas de satisfacer viniendo aquí. Antes de seguir adelante, debes comprender que no hay realmente nada que alcanzar. Cuando te convences completamente de esto, tiene lugar una detención. Toda la energía previamente expandida hacia cualquier objetivo retorna a su origen y eres retrotraído a tu presencia.

   En un principio, puede tratarse de una presencia a algo, porque está en la naturaleza de los ojos el ver y en la de los oídos el oír. Pero cuando visión y audición quedan libres de motivo, finalidad e intención, no pertenecen ya sólo a los ojos y oídos. La atención no cualificada es multidimensional: todo el cuerpo oye y puedes sentir, aunque no de forma sensorial, que visión y audición aparecen en ti, en tu presencia global. Al final, incluso visión y audición desaparecen en esta presencia y tú eres uno con ella. En última instancia, no hay ya un sujeto que ve ni un objeto que es visto. Hay sólo unidad.

  Esto es lo que vengo a comunicarte aquí. La identidad con esa presencia, con esa totalidad, con esa plenitud, es meditación, pero no hay nadie que medite ni objeto sobre el que meditar. Esto, pues, no pertenece a la filosofía. Es tu naturaleza real.

¿No equivale esto a descubrir lo que realmente somos?

Sí, pero nunca podemos conocer quiénes somos realmente como conocemos otras cosas, porque somos el proceso de conocer. Debemos, pues, admitir que somos conocimiento. Todo lo demás es sólo un concepto.
  Pero podemos tener un resplandor fugaz de ello, un destello que provoca una certeza que después no podemos olvidar. Por eso nos esforzamos en volver de nuevo a esa situación.

Me resulta difícil comprender esta idea de que tenemos «un resplandor fugaz» y, sin embargo, volvemos a nuestro modo de vida habitual. ¿Cómo puede ser esto? Parece que sea todavía una experiencia limitada por el tiempo y los conceptos.

  Una experiencia está siempre referida a alguien, a un yo. Es comprendida por referencia al pasado, a la memoria, a lo que ya conocemos. Todavía tiene un sujeto, alguien que experimenta, y un objeto, algo experimentado. Pero lo que fundamentalmente somos nunca puede ser experimentado, nunca puede participar de la relación sujeto-objeto; por eso debemos abandonar todo deseo de experiencia.

¿Qué significa entonces llegar a familiarizarse más con uno mismo?

  Significa llegar a estar más informado sobre lo que no eres, sobre tu cuerpo, tus sentidos, tus emociones, tu mente. Este es un movimiento diametralmente opuesto al intentar agarrar del conocimiento.
  Debe venir a ti. Debes escuchar tu cuerpo, tus sentidos, tu mente, una escucha que exige dejar todo lo que crees saber, todo condicionamiento, todo esquema. Cuando permanecemos en esta escucha, las percepciones emergen de lo que la psicología llamaría el subconsciente y el superconsciente. Pero no pongas énfasis en las percepciones porque acentuar lo percibido te ata a la relación sujeto-objeto.

  Primero, el acento está en el que percibe y, más tarde, te darás cuenta de que lo que se enfatiza es la propia escucha, hasta que finalmente te encuentras tú mismo en esta escucha.   La escucha es el telón de fondo sobre el que aparece todo. Es quietud. Tu cuerpo, tus sentidos, tu mente y todos los estados, vienen y van, pero tú eres esa presencia intemporal.

  La idea de que hay algo que conseguir está profundamente arraigada, por eso continuamos viviendo en el proceso del llegar a ser, proyectando energía para adquirir o conservar algo. Pero la escucha sin motivo profundiza la convicción de que no hay realmente nada que ganar o perder y los condicionamientos se desvanecen en la mente, la agitación desaparece y queda la quietud. Eres entonces como el pescador que no controla el pez ni el agua. Limítate a observar y acaba por sentir que todo está contenido en esa mirada, en ese silencio, que nada hay aparte de eso. En ese momento estás en el umbral de tu ser real y ningún deseo puede venir a interferir. Eres aprehendido por el propio Ser.

¿Qué es lo que lleva a elegir ciertas cosas en oposición a otras?

  ¿Cuál es el motivo que te lleva a una determinada elección? Sí, observa esto con claridad. Si el cambio deseado es solamente superficial, andaremos de una compensación a otra a través de las diversas ideas y técnicas que la sociedad ofrece. Mirando más profundamente el motivo que se oculta tras una cierta elección, puedes descubrir una sensación de algo perdido en ti mismo. Para ver en qué consiste esta deficiencia se requiere sosiego y una actitud de apertura libre del pasado. No permitas que las ideas o la memoria te digan lo que necesitas, mantente calmo y conocerás la respuesta a tu pregunta.

Buscar algo, esperar algo, tratar de alcanzar algo, son movimientos desde tu eje hacia la periferia, desde la conciencia global hacia un punto de vista.

A veces hay algo en mí que no quiere renunciar a una cierta elección…

  Si la elección es muy profunda, hazla, empréndela, síguela, no la rehúses. Simplemente, sé consciente mientras lo haces.

¿Quiere usted decir que cuando uno no contradice al ego, éste desaparece?

  Desde luego. Aceptarlo es muy importante. Acepta tus acciones, tus ansias, tus deseos. Aceptarlos te coloca en una situación de inteligencia, de espontaneidad, en la que el universo queda en libertad.
 Todo lo que anteriormente se encontraba restringido por tus conceptos, recupera su expresión natural. Sólo entonces es posible una comprensión real puesto que las conclusiones aparecen en ti, lo que no tiene nada que ver con el proceso habitual de la memoria.

A veces surge una inteligencia que incita a un espontáneo «soltar», sin esfuerzo ni intención. Y otras veces puedo querer que algo me deje, pero la liberación no sucede. ¿Es porque es el ego el que está tratando de dejarlo ir?

  Cualquier intento de soltar provoca anticipación y resistencia porque estás personalmente implicado en lo que deseas suprimir. Cualquier tentativa de forzar un estado u objeto con intención de dejarlo ir sólo sirve para reforzarlo. Puedes incluso intentar algunas técnicas psicológicas, pero con frecuencia éstas se oponen a un auténtico soltar puesto que te fijan al ego.

  Por lo tanto debes aceptar primero tu estado y aceptarte a ti mismo. En la aceptación genuina no existe ninguna implicación personal en lo que es aceptado, pues no hay persona. Pero no es una aceptación psicológica. El que ve está completamente fuera de lo que es visto. Sólo entonces hay una auténtica transformación, una reorquestación de todas las energías, pues ambos, el que ve y lo que es visto, apuntan ahora a tu totalidad, a la conciencia global.

¿Tiene la persona alguna realidad?

  No tiene ninguna realidad. Lo que es real existe en sí mismo. Eso significa que es autónomo, que no tiene necesidad de un agente para ser conocido. Puesto que la personalidad tiene necesidad de la conciencia para ser conocida, no es real.

¿Es entonces la personalidad una superposición intelectual a la realidad?

  La personalidad es relativa porque su existencia depende de la conciencia. La identificación con la personalidad la restringe automáticamente, dejando así de ser funcional. La verdadera personalidad aparece en una situación dada y se acalla en el momento en que la situación termina. No hay fijación, pues está completamente abierta a todo lo que es.

  Desde luego. en nuestra sociedad, las relaciones humanas se dan generalmente entre personalidad y personalidad, entre objeto y objeto. En una relación de este tipo hay sólo una actitud de agarrar, sólo una continua búsqueda de seguridad.

¿Qué quiere decir con «búsqueda de seguridad»?

  El individuo, el yo relativo, necesita una situación para existir, y un yo diferente aparece en cada situación. Si «yo» camino, aparece un yo que está caminando. Si «yo» estoy pensando, aparece un yo que piensa. Pero cuando la situación termina, también ese yo desaparece. Así, el yo relativo, el ego, proyecta continuamente situaciones para asegurarse a sí mismo, para encontrar su concreción.

  Todo pensamiento está vinculado a una imagen que, a su vez, está limitada por los cinco sentidos. Todo pensamiento, incluso el pensamiento abstracto, está siempre relacionado con un particular sentido de la percepción, con una excepción: el yo último. La pregunta «¿quién soy yo?» está referida al sujeto último que, careciendo de imagen, de proyección, se disuelve en el silencio. Este es el yo que todos los seres vivos tienen en común: pura autoexistencia.

¿Cómo podemos reconocer nuestra naturaleza real?
  
 Puedes saber lo que no eres, pero no puedes saber lo que eres. ¿Conoces realmente lo que no eres? Tu cuerpo cambia, tus emociones y sensaciones cambian. Tus ideas son ahora completamente diferentes a las que tenías hace diez años. Toma nota de todo lo que en ti está cambiando. Hay ya paz en una mirada silenciosa. Cuando llegues a estar familiarizado con lo que no eres, sentirás una distancia, un espacio, entre la actitud de observación y lo observado, hasta que llega el momento en que sientes lo que eres sin sentirlo. Esto no es el simple proceso de conocer algo. Esto está fuera de la relación sujeto-objeto. Esto es ser-conocimiento.
                                           La sencillez del ser. Jean Klein


sábado, 23 de marzo de 2013

¿Qué es la Realidad?



¿Qué es la Realidad?
Antonio Blay (enseñanzas de Ramana Maharshi)

  Nosotros somos plenitud, somos realidad. Entonces, ¿cómo es que nos planteamos problemas?, ¿cómo es posible que nosotros seamos plenitud, seamos realidad y que no obstante no nos demos cuenta? Es que lo que ahora decimos que es nuestra conciencia no es nada más que un solo rayo de luz, es la noción de realidad y mucha sombra.
  La sombra es ausencia de luz, no es nada de por sí. Si pudiéramos afirmar «yo soy», si quisiéramos adoptar la actitud mental de plenitud que fuéramos capaces de actualizar ahora, la que está a nuestro alcance en este momento, no haríamos nada más que convertir en acto lo que ya está en nosotros permanentemente.
  Como no se trata de adquirir nada, ni de incorporarnos absolutamente nuevas ideas, ni nuevos sentimientos del exterior sino que está todo dentro, en la medida en que seamos capaces de adoptar interiormente la actitud de ser, de plenitud, de felicidad, de realidad, de poder, en esta misma medida nos iremos recuperando, redescubriendo la verdad.
  Es sencillo, pero nos cuesta porque estamos hipnotizados por nuestro hábito de pensar que «yo soy esto», «soy poca cosa», «tengo problemas», «no realizo mi ambición». Esta es la ignorancia. La ignorancia no consiste en que nos falte conocer alguna nueva verdad, sino en creer que yo soy una cosa que no soy, en olvidar lo que realmente soy y en el fondo estar buscándolo constantemente durante toda la vida. Cuando por la mañana nos despertamos, recuperamos nuestra conciencia de personalidad, pero en realidad con conciencia de personalidad o sin ella, hemos sido siempre el mismo. Se trata pues de volver a recuperar nuestra noción de realidad, y esto no por ninguna maniobra externa, no porque nadie nos dé ninguna clave, ningún secreto, sino simplemente por el hecho de vivir de un modo directo, inmediato nuestra aspiración, por vivirla en presente.

  Hay que utilizar el poder de afirmar, el poder de actualizar, hay que tener el coraje de realizar todo lo que estamos aspirando, todo lo que estamos intuyendo, de disponernos interiormente como si ya lo viviéramos, como si ya lo fuéramos. Es esto que cuando no se ve parece un absurdo y cuando se ve resulta transparente. Ya somos todas estas cosas; lo único que nos impide vivirlo son nuestras ideas negativas, nuestras actitudes de limitación. En la medida en que vayamos reafirmando en nosotros las actitudes positivas y las ideas amplias de afirmación total, lo único que haremos será recuperar la verdad, lo que realmente somos. Pero tenemos miedo. Y el miedo impide pensar bien, sentir bien, actuar bien.

¿De qué tenemos miedo?
  Tenemos miedo de que nos venga algún daño, algún perjuicio de un modo u otro. De nuevo estamos proyectados hacia fuera, pendientes de la realidad exterior que ha de venir a confirmar o negar nuestra realidad personal. Démonos cuenta de este engaño, no hemos de depender en nuestro ser de nada del exterior en absoluto. Porque lo que somos lo somos con exterior y sin exterior. Y hemos de ser capaces de volver a descubrir nuestra realidad, volver a, vivirla, a vivirla en presente, tener el valor de poder afirmar «yo soy». Y que la mente se dirija sin vacilación a tomar plena conciencia de este acto de ser, investigando sin cesar. Que investigue a pesar de los miedos, que adopte la actitud de apertura interior, de abrirse ante todo lo que sea verdad, pase lo que pase. No hemos de tener nunca miedo a la verdad.

  Descubrir lo que somos, lo que es nuestro ser, lo que hay en el eje de nosotros mismos. Esto no nos ha de producir nunca miedo, ni nos ha de desviar si evitamos cuidadosamente formarnos falsas ideas o ideologías, si buscamos directamente la experiencia. 
  Todo lo que nos da valor es nuestra experiencia. Nuestro desarrollo es producto de la experiencia. No de teorías ni de ideas, sino de la experiencia, de lo que vivimos de un modo directo e inmediato. Hemos de llegar al fondo de esta experiencia hasta vivir realmente quien soy yo, qué experimento, quién es ese que está detrás de cada experiencia. Sin confundir el yo con ninguna experiencia particular. Buscar este centro que une todos los radios, este «yo» que está detrás de cada instante.



  Eso sólo depende de nosotros. No hemos de echar la culpa a nadie. No hemos de quejamos de la vida. La vida está bien hecha, el mundo está bien hecho. Es nuestra mente la que tiene sombras, que está medio cerrada, en un período infantil. Y tiene exigencias de persona mayor. Nuestra mente es la que ha de volver a su sitio, a su fuente, en lugar de vivir como los niños pendientes de todas las cosas que brillan, de todos los detalles externos.
  Aprender a que nuestra mente se abra hacia dentro, hasta que llegue a vivir bien lo que constituye el centro, la fuente y el eje de cada uno de nuestros actos, de nuestros pensamientos, de nuestros impulsos. Todo se reduce a un problema de completa apertura interior de la mente.
  Esto se puede hacer en silencio, en meditación, siempre con la investigación constante «¿qué soy yo?». Pero también se puede practicar sobre la marcha, mientras actuamos, a condición de que lo hagamos con todo nuestro ser, con toda la fuerza, con toda la capacidad y que mientras actuemos así permanezcamos despiertos. Porque al actuar con toda nuestra capacidad, esta capacidad se hace para nosotros una realidad consciente. Y cuando somos conscientes de toda la realidad y de toda la capacidad, inmediatamente percibimos lo que hay detrás de ella. Si vivimos de un modo superficial, en este ambiente habitual de seguridad, con esta política de no arriesgarnos, de no aventurarnos, de ir tirando, no podemos pretender llegar a ninguna verdad con mayúscula, a ninguna realización capital.
  Si queremos vivir así, conforme, pero hemos de saber que toda la vida nos la pasaremos «a medias tintas». El que sienta la urgencia de descubrir la verdad ha de estar dispuesto a luchar por ella del todo, a vivir del todo. Este «del todo» no quiere decir que tenga que ser muy impulsivo, significa que debe ser muy generoso, estar muy abierto por dentro, sin reservas ni salvedades, con toda su capacidad en lo que hace y estar muy abierto mentalmente para percibir toda la fuerza que nos lleva a actuar y el eje que hay detrás, que es la fuente de donde brota esa fuerza. 

  O sea que el camino está a nuestra disposición. Es un problema de disposición interior, de coraje, de espíritu de aventura, de lanzarse a vivir. Aunque exteriormente uno puede seguir haciendo exactamente lo mismo que hace de ordinario, porque el trabajo de realización no consiste en hacer nada exterior.
   Muchas veces le han preguntado a Ramana Maharshi «Yo voy a renunciar a la familia y voy a hacer vida de monje peregrino, porque eso me facilitará la liberación», y él siempre ha contestado más o menos lo mismo: «¿Qué sacarás de dejar tu casa si llevas contigo tu «yo» y todo su equipaje? La realidad la tienes igual en tu casa que en todas partes».
  El verdadero abandono, el verdadero sacrificio, es el sacrificio del yo; el verdadero silencio es el silencio del yo, no el silencio exterior. La verdadera abnegación no consiste en sacrificar cosas exteriores, aunque esto puede circunstancialmente ayudar, sino en ofrecer el yo, en ofrecer nuestra idea de ese «yo», y no otra cosa cualquiera.
   Exteriormente podemos hacer el mismo trabajo, dedicarnos a nuestro quehacer habitual, pues es un proceso puramente interior. No se trata de hacer nada fuera con mucho coraje, con mucho genio, no; la energía es interior, tenemos que emplearla frente a nosotros mismos, no frente a los demás, porque es a nosotros a quien tememos, no a los demás. Cuando estamos solos continúan exactamente los mismos problemas. Y si creemos que solamente tenemos problemas ante la gente, nos equivocamos, porque en realidad lo único que hace la gente es despertar los problemas que existen en el interior. Los problemas están en nuestro interior.
  Hemos de aprender a estar con todo nuestro yo presente en lo que hacemos, como si en cada situación nos jugáramos la vida, o como si fuéramos a morir. Parece muy dramático, pero no lo es, antes al contrario. Desde el punto de vista de la realidad, más bien es una broma, un juego. Porque lo que nos vemos obligados a abandonar con tanto sentimiento, con tanta pena, es justamente lo que nos obstruye y nos perjudica, lo que está vacío y no tiene valor ni realidad. Son cosas que parecen difíciles si uno no puede intuirlas directamente.




  Al llegar a la realización, todos los problemas de la vida quedan resueltos. ¡Y pensar que se han vertido toneladas de tinta en libros de filosofía! Hemos tenido a veces que aguantar discusiones y demostraciones aburridísimas en los intentos de explicación del por qué y del cómo de la vida, de la naturaleza, del hombre, de Dios.
  Cuando se intuye la realidad se da uno cuenta de que hay un error constante de perspectiva en el planteamiento de la mayoría de los problemas y de los postulados tal como suelen exponerse en las teorías filosóficas. Es que superponen siempre dos cosas: el problema de Dios y el problema del mundo; el problema de lo Absoluto y el problema de lo relativo; el problema de lo Uno y lo múltiple, entre lo Absoluto y lo relativo, entre Dios y la criatura. Esto que nos parece muy natural, es completamente falso desde su misma formulación inicial. Lo que pasa es que sólo se percibe claramente la falsedad cuando existe una profunda experiencia interior. Uno se da cuenta entonces de que no es posible parangonar lo absoluto con lo relativo, porque una de dos, o vivimos con conciencia de lo relativo y entonces lo absoluto es una pura hipótesis, o vivimos con conciencia de nuestra noción de absoluto y entonces lo relativo no tiene realidad.
  Por tanto no se pueden establecer nexos entre una cosa y la otra; son estados de conciencia, grados de luz, pero no son relaciones de razón, relaciones lógicas de ninguna clase.
  O sea que la mayor parte de los problemas desaparecen por completo en el orden filosófico. Esto demuestra una vez más que el camino de la especulación no es el que nos puede conducir a la realización. La India tiene eso de bueno, que fundamenta el trabajo interior en la experiencia, no en teorías. Y eso considero que no tiene precio, y es lo que pretendo inculcar.   Dejemos de especular, de teorizar, de criticar, de preguntar y de contestar. Simplemente aprendamos a mirar, a abrir nuestra mente, aprendamos a ser más sinceros, más despiertos, más nosotros mismos, ante nosotros mismos y ante las cosas. Que nuestra mente se mantenga abierta, sin prisas pero viviendo cada situación de un modo total. Y aseguro que entonces todos los problemas de tipo teórico y de tipo práctico, todos los problemas afectivos y los problemas de aspiraciones aún no realizadas quedarán completamente solucionados. Porque en la medida en que lleguemos a la realización, quedaremos satisfechos del todo, no por compensación, sino en la verdadera moneda.

  Una vez más digo que toda la satisfacción que buscamos en las cosas procede de esta realidad central, del mismo modo que como decíamos en otro lugar, todo amor que ponemos en las personas no es más que una expresión del amor único que se expresa a través nuestro. Por lo tanto, cuando vamos derecho a esta fuente no hacemos sino encontrar lo mismo que andábamos buscando, pero del todo. No es una mera compensación psicológica sino que es el encuentro con la verdad, el descubrimiento de la evidencia total, lo mismo que en realidad deseábamos aunque sin saberlo bien.
  Es preciso que aprendamos a ver que esta investigación de la realidad no es algo que nos aleja de la vida, que nos aleja de la gente. No nos aleja de nada; al contrario, es lo único que nos conduce al centro de la vida, al centro de nosotros mismos, al centro de las demás personas y de las cosas, y el único sitio desde donde se ve cada cosa mejor y del todo es desde su centro.
   El único sitio desde donde uno puede manejar toda la cosa, la que sea, es desde su centro. Por lo tanto cuando hacemos esta investigación y nos acercamos a nuestro centro estamos llegando al centro de todo, incluso al centro de nuestras actividades, al centro de nuestra relación con la gente, al centro de nuestra capacidad mental, etc. No temamos que la realización nos aleje de la vida; nos alejará de nuestras falsas ilusiones de la vida, pero nos dará a cambio una perspectiva cierta, real, total de lo que es la vida.

  Muchas veces se plantea como problema la afirmación de la Advaita Vedanta que dice «todo lo que existe es ilusorio, sólo Brahma es real» y por otro lado afirma «el universo es Brahma». Esto nos parece un absurdo, una cosa muy difícil de aceptar. Es porque no se acaba de ver bien. Todo es real porque sólo existe la realidad, no existe nada que no sea la realidad. De un modo intuitivo podemos verlo y aceptarlo. El error está en querer ver dos valores: absoluto y relativo. Pero desde el momento en que tenemos esta intuición de lo real, vemos todas las cosas insertadas en lo real, en función de lo real, en su dimensión real. Y de repente descubrimos que todo es real, pero todo es real desde su centro; todo es ilusorio cuando confundimos la forma, el nombre con la realidad. Sin embargo, incluso esa forma y ese nombre adquieren realidad cuando los podemos vivir desde el centro.



  Este es un camino que debe ser recorrido personalmente. La mera lectura, la reflexión y la especulación no nos harán adelantar un solo paso. Quienes sienten auténtico interés por el conocimiento de la verdad, por la filosofía viva, deben tener muy en cuenta que nuestra capacidad de descubrir la verdad no depende sólo de nuestra aptitud intelectual sino además de la profundidad de nuestra experiencia interna. Es ésta la que proporciona unos datos, una perspectiva y una evidencia que nada ni nadie más pueden darnos. Por eso el camino de la autoinvestigación debe ser recorrido a pie, paso a paso, experimentalmente. Está en nuestra mano el hacerlo. Es el camino para aquel que tiene interés en vivir la realidad desde su nivel mental. El camino del Jñana Yoga conduce a esa experiencia, a esa vivencia de la realidad que al mismo tiempo es plenitud interior, amor perfecto y conciencia del poder total, porque arriba todo se junta. Es abajo, en el punto de partida del camino donde hay separación y diferencias y donde nos encontramos que a uno le será más fácil subir a través de la autoinvestigación, hecha de esta manera que estamos describiendo; a otro le resultará más sencillo subir por el sendero del amor, y a otros por otros caminos.

  Tampoco hay inconveniente que uno siga al mismo tiempo varios caminos. Sólo que entonces ha de tener cuidado especial en que la diversidad de técnicas no disminuya o disperse la plenitud de dedicación. Es preciso que lo que cada uno siga lo siga del todo, que lo siga con toda su fuerza, con toda su capacidad y que esta total capacidad se renueve a cada momento. Si ahora, por ejemplo, yo me pongo a mirar y a buscar con toda mi capacidad de investigación qué es el yo, esto no me da ninguna garantía que de hecho esté utilizando toda mi verdadera capacidad, sino tan sólo la que yo puedo disponer en ese momento. Pero precisamente por esto, a medida que utilice toda mi capacidad disponible ahora se irá desarrollando más y más esta capacidad. Por eso esta actitud de total dedicación tiene que estar renovándose constantemente. Es hacer un acto de entrega total, renovándolo cada vez del todo según nuestra capacidad del momento. Al final, esta entrega renovada conduce a la plena experiencia. No hay en ello error posible. Es la gran ventaja de lo experimental, que no hay error porque no se trata de especular, de teorizar, no se trata de decirme que soy una persona muy lista o muy buena, etc., no he de convencerme de nada. Se trata de ver lo que soy, de vivirlo, de vivirlo de veras, de un modo total, y es en lo único que no puede haber error. El error puede existir siempre en un proceso intelectual, proceso de adquisición de conocimiento de las cosas, de datos; pero en lo que es tomar conciencia directa, inmediata de sí mismo, en esto no hay error posible. Al decir «yo» me refiero a algo que siento de modo directo e inmediato. Se trata que este «yo» que resuena en mí aprenda a vivirlo más y más mediante la centración mental, mediante la apertura y la penetración. En esto no hay error porque no hay especulación, comparación, no hay adjetivos. Es buscar el sustantivo, el único, del cual se derivan los demás. Este único sustantivo es ser, el ser que soy, la realidad central.

  Porque no tenemos esta evidencia clara de nuestra realidad profunda, total, incondicionada, estamos poniendo constantemente condiciones a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. Buscamos la libertad y nos creemos que consiste en manejar las cosas, en hacer más combinaciones con ellas. No, la suma de los relativos nunca nos dará un absoluto. Es otra noción, otra dimensión. No llegaremos al conocimiento, a la realidad atareándonos con los datos, con las ideas. Por mucho que andemos con sueños no descubriremos nuestra personalidad como seres concretos de conciencia vigílica. Se trata de un nuevo plano, de un nuevo nivel de ser. Esta experiencia, la única que nos conducirá a la realización, es una experiencia que está en nosotros, a nuestro alcance y que sólo espera que dejemos de estar confundiéndonos con las cosas, con nuestro nombre, con nuestras condiciones, con nuestras circunstancias, para que podamos respirar hondo y sentir realmente que soy yo.