Realidad Esencial




REALIDAD ESENCIAL




Bienvenidos al blog donde investigaremos sobre la Realidad, sobre lo que realmente somos más allá de las apariencias e ilusiones, sobre la no-dualidad.

Lee las entradas con una mente abierta dejando que los contenidos te "resuenen", lo que no puedas aceptar, déjalo para más adelante. No se trata de creer nada, más bien, se trata de investigar por si mismo lo que nos apuntan los grandes maestros. La experiencia nos confirma que somos un potencial inmenso, infinito de amor, inteligencia y energía (en palabras del maestro Antonio Blay) a actualizar, a llevar a la acción…



Espero te sientas a gusto en este espacio creado con amor.

Juani


miércoles, 11 de marzo de 2026

La Realidad: Conciencia


Si queremos saber qué es la Realidad, qué es la Vida y de qué estamos hechos nosotros, para actuar en ella, tenemos que saber que la Realidad está hecha de conciencia que es el acto de darnos cuenta. Aquello por lo que nos damos cuenta es el trasfondo de que está hecha la Realidad.

Nos acostumbramos a pensar que la Realidad es algo que está fuera de nosotros, un objeto externo. Pero lo que crea ese objeto, lo que lo construye, es el acto de darse cuenta.
En nuestra conciencia de vigilia nos parece que lo real es lo que se proyecta en la vida y el "darse cuenta" es algo que sin saber como, refleja la realidad, algo que se nos escapa. Es todo lo contrario. La Conciencia es la realidad que se manifiesta fuera en mil situaciones y formas a las que llamamos nuestra vida. El que hagamos esta inversión tiene enormes consecuencias en nuestra existencia. Es un error que nos hace vivir de una manera equivocada.

Si siento que vivo más intensamente, que mi vida tiene más realidad, más autenticidad, pienso que la causa es algo de fuera. Algo atrae mi atención, me hace estar más consciente y considero a ese algo causa de la felicidad que siento; pero si me noto más vivo, mejor, es porque he intensificado mi conciencia y no porque ese objeto que tengo delante sea verde o rojo, o porque esa persona sea simpática o no lo sea. He creado una condición en mi mente. He condicionado mi estado interno de mantenerme despierto, alerta, a una cosa o situación externa que me produce satisfacción. Lo que me interesa me hace sentir muy bien. Lo que no me interesa, no pongo atención en ello. Pero me parece que no es interesante por una idea en mi mente. La vida entera es interesante si nos damos cuenta de que es la conciencia, si la vemos de dentro a fuera. Pero como la vemos al revés condicionamos nuestros estados internos a las realidades exteriores y creamos las condiciones de acuerdo con ideas que tenemos en nuestra mente.

La verdad funciona de otra manera. Cuando descubrimos la verdad, no nos condiciona; la verdad nos libera, nos abre por dentro. Amplía nuestra conciencia.
Cuando una persona, cosa, o situación nos interesa, se intensifica nuestra conciencia, pero no se amplía. La he limitado. La consecuencia de esto es que me he atado a eso, que no soy libre.
Al descubrir los verdaderos valores, los que son expresión de la conciencia profunda, los diferenciamos de los otros, los que son cualidades cambiantes. Y con independencia de ellos sentir‚ que soy fuerza, amor, belleza, armonía; a pesar de mi debilidad, de mi estatura, de mi falta de dinero, etc...

Con la atención en la totalidad esos valores absolutos se van expresando porque lo que hace que se limiten y condicionen es la atención particularizada a las representaciones externas de ellos. Estos valores que todos los seres humanos intuimos en el silencio, son los verdaderos móviles para que despierte nuestra atención.

La ampliación de la conciencia, la atención auténtica es todo lo contrario a la concentración: se produce de una manera espontánea y natural, en el silencio y la quietud de la mente. Todo lo verdadero es espontáneo y sencillo. Lo originario, que es lo verdadero, lo que está en lo profundo de la conciencia es siempre natural y sencillo.

Si la atención es justo ese darse cuenta, ese ampliar la conciencia, ¿Cuando ampliamos la conciencia?. Cuando intuimos que somos amor, belleza... La verdadera atención se produce de esta manera: descubro una verdad, cuando me intereso por ella, y cuando estoy pendiente de esa verdad porque intuyo que es esencial, entonces mi conciencia se amplía. No tengo que hacer nada más. Intuyo que soy amor, que no depende de las condiciones, que el amor es libre de todo condicionamiento y la conciencia se amplía en esta verdad.

Así voy abarcando más y más, descubriendo las verdades y manteniendo mi atención en darme cuenta de ellas, porque descubro que me interesan profundamente, porque las amo.
No es así como funcionamos. En el momento en que nos sucede algo desagradable ponemos en ello nuestra atención, nos desesperamos y sufrimos, pero cuando pasa un poco de tiempo, o mucho, eso se olvida y nuestra atención es cogida por otro suceso, desapareciendo esa desesperación. El cambio de nuestra atención cambia nuestros estados afectivos y emocionales. Aquí podemos investigar qué es lo que hacemos con la realidad: estamos dando realidad a aquello en lo que ponemos o concentramos nuestra atención.

Seamos pues inteligentes y no demos realidad absoluta a ninguna cosa, ya que todas son relativas y cambiantes. Demos sólo realidad a esa atención que viene del fondo, a esa Presencia interna y dejemos que en esa atención, en esa conciencia, se vayan manifestando y expresando todas las cosas que sirven para hacernos aprender. Todo lo que sucede nunca es casual. Absolutamente todos los acontecimientos son expresión de la Inteligencia, todos son expresión del movimiento de la Inteligencia, los más desagradables, los que creemos que no nos corresponden, todos.

Consuelo Martin
www.centroelim.org



martes, 10 de marzo de 2026

El trabajo interior

 

Cuando se trabaja en serio, planteándose constantemente la obligación de mantener la autoconciencia en cada instante, eso va produciendo la progresiva desidentificación de los fenómenos que vivimos. 

Al cabo de un tiempo de practicar este ¿quién soy yo?, no como una fórmula mental que se repite mecánicamente sino tratando de buscar, de ver, de sentir, de descubrir con toda nuestra capacidad de percepción, este yo profundo que está viviendo la experiencia de cada momento, uno se desprende de lo que ocurre, de lo que sucede. Esto va liberando a la persona de cargas inútiles, de preocupaciones, y al mismo tiempo desarrolla una noción de mayor fuerza interior, mayor claridad, mayor decisión, y sobre todo un sentido amplio, profundo y claro de sí mismo.

Eso es algo que no puede ser dado por nada exterior, sino que se manifiesta de un modo espontáneo cuando le quitamos las cosas que le hemos puesto encima: las identificaciones. Entonces se descubre el yo; y descubrir quiere decir quitar lo que lo cubre; quiere decir quitar todas las cosas que yo estoy creyendo ser, quitar las falsas identidades producidas por identificación.
 Cuando yo voy tomando conciencia de mí en relación con cada cosa que vivo, estoy quitando una identificación que allí existía; y sólo por este hecho se va produciendo una liberación interior. Así, este procedimiento, esta exigencia, conduce ya durante el camino a unos resultados magníficos.

A medida que uno se acerca más y más a este centro –y uno se acerca al centro a medida que se va desidentificando de la periferia-, crece este resplandor interior, aumenta el sentimiento de grandeza y la fuerza interna se hace más y más patente, y es como si toda la vida de uno se transfigurase, cambiase. 

La experiencia de la Realización auténtica del yo central no es para ser descrita. Baste con indicar la razón de ser de este trabajo y apuntar esas señales que nos indicarán que estamos progresando por el camino correcto.

Muchas personas temen que al desidentificarse su vida pierda sabor, calor, pierda humanidad: «si yo me desprendo de mis sentimientos, si no me identifico con las situaciones, con las personas, quizá me convertiré en alguien frío, insensible, indiferente»; éste es su razonamiento.
La verdad es que nadie por hacer este trabajo se ha convertido en insensible o indiferente. 
Las personas que son insensibles o indiferentes lo son no porque hayan buscado su yo, sino porque se han cerrado a vivir realmente unas experiencias, porque han bloqueado su capacidad de respuesta, porque no se han arriesgado a vivir valientemente las experiencias de la vida. Entonces estas personas se enfrían, se insensibilizan artificialmente porque se rodean de una muralla y no se abren a la experiencia, no la viven profundamente; y al no vivirla profundamente no pueden ahondar ni descubrir qué hay en el centro.

No creamos que nos convertiremos en personas frías, apáticas, indiferentes o menos humanas.
Viviremos realmente más independientes pero no menos sensibles. No nos afectarán tanto las situaciones pero las comprenderemos mejor. No estaré tan apegado a las personas pero, en cambio, me sentiré más cerca que nunca de su interior. Adquiriremos una auténtica libertad e independencia pero al mismo tiempo una mayor conciencia de proximidad interior con todo y con todos.

Éste es el síntoma del progreso: poseo una mayor conciencia de comunidad, de comunión interior con los demás, y a la vez respeto más su libertad, su independencia. No deseo poseer a la persona, no le exijo que me dé afecto ni obediencia a cambio de mi afecto o de mi obediencia; dejo al otro libre porque yo también me siento libre. Y éste es un signo de madurez. 
La persona va viviendo cada vez más una presencia interior que le da una paz profunda, una fuerza y una claridad que le posibilita poder desprenderse de los demás sin ningún problema, y eso, entonces, la convierte en persona capaz de vivir con los demás para aportar, para hacer, no para retener, no para exigir o utilizar a los demás. 
Es realmente un camino auténtico de realización interior.

"Personalidad y niveles superiores de conciencia". Antonio Blay Fontcuberta