Realidad Esencial




REALIDAD ESENCIAL




Bienvenidos al blog donde investigaremos sobre la Realidad, sobre lo que realmente somos más allá de las apariencias e ilusiones, sobre la no-dualidad.

Lee las entradas con una mente abierta dejando que los contenidos te "resuenen", lo que no puedas aceptar, déjalo para más adelante. No se trata de creer nada, más bien, se trata de investigar por si mismo lo que nos apuntan los grandes maestros. La experiencia nos confirma que somos un potencial inmenso, infinito de amor, inteligencia y energía (en palabras del maestro Antonio Blay) a actualizar, a llevar a la acción…



Espero te sientas a gusto en este espacio creado con amor.

Juani


domingo, 17 de noviembre de 2013

Evolución-Crecimiento


Diferentes unidades de conciencia

  Nuestra evolución se produce como si ésta consistiera en ir creciendo, adquiriendo conciencia y dominio de una unidad pequeña para pasar a otra unidad mayor y luego a otra mayor y así progresivamente. Esto ya lo vemos en lo que es el desarrollo psicológico habitual, conocido por todos nosotros, en el que van apareciendo horizontes cada vez más amplios y más ricos a medida que la persona va creciendo.
  Pero desde el punto de vista de la realización, el crecimiento no sólo estriba en este horizonte mayor que se va asumiendo -con una mayor riqueza de experiencias y de visión- sino que consiste concretamente en pasar a través de una jerarquía de unidades.
  Primero, la persona va adquiriendo conciencia de su personalidad, de su cuerpo, de su afectividad, de su mente, y gran parte de la vida consiste en un aprendizaje para poder ir manejando todo esto. Pero luego, la persona ha de llegar a descubrir, en un momento u otro de su evolución, que eso que está viviendo como su unidad realmente sólo es parte de otra nueva unidad, la cual es también él mismo. Esa nueva unidad es lo que he descrito otras veces con el nombre de nuestro universo individual.
   Toda nuestra vida, desde el punto de vista subjetivo, es nuestra conciencia; y esta conciencia es una constante actualización de un potencial interior. Esto quiere decir que todo aquello de lo que yo soy o he sido o puedo llegar a ser consciente, es una actualización de esa identidad básica que yo soy, y que ese potencial es el que luego se va manifestando en mi campo de conciencia.


Los tres sectores de mi realidad

  En ese campo de conciencia, por un lado está mi personalidad, está mi cuerpo, están mis ideas, mis hábitos, mi conducta, mis recuerdos, está todo lo que yo vivo en primera persona. Pero también en este mismo campo de conciencia está lo que yo vivo como lo otro: mi imagen del mundo, mi conocimiento de las personas, mi valoración de las personas, todo lo que yo siento en relación con personas, seres y circunstancias; y todo esto es también un aspecto de mi propia conciencia. Y aunque esto se corresponde que está realidad más allá de mí, yo solamente vivo ese mundo según está registrado en mi propia conciencia.

  Además, esta conciencia tiene otro sector superior que es donde yo voy registrando todo lo que, a mi entender, está por encima de mí y por encima del mundo. Y ahí es donde nosotros vamos registrando todo lo que son aspectos de una belleza ideal, de una bondad, de una felicidad, de un poder, de un Ser, de una eternidad; en definitiva, todo lo que llamamos valores trascendentes. También todo esto es parte integrante de nuestro mundo o universo individual.

  Éstos son los tres grandes sectores de nuestra conciencia. Lo que yo vivo en primera persona: yo. Lo que vivo como perteneciente a lo que está fuera de mí: el mundo, la existencia. Y luego lo que son los valores o realidades superiores: lo trascendente, lo espiritual, lo divino.

  Durante la primera etapa de evolución, la cual puede durar muchos siglos, el hombre va tomando conciencia de su propia personalidad como su única unidad; el hombre vive su personalidad, su cuerpo, su mente, su afectividad, a la vez que está constantemente enfrentado y en relación con el mundo y también con unas realidades superiores. O sea, que el se vive como una unidad enteramente distinta del mundo, del resto del mundo y de lo superior. Pero llega el momento en que va descubriendo -o ha de llegar a descubrir- que de algún modo eso que conoce del mundo es él mismo; no que el mundo en sí sea él mismo, sino que su conocimiento, su conciencia del mundo, es su conciencia, es una parte de sí mismo. Y que lo que uno intuye, conoce o formula respecto a lo superior es otra parte de esta conciencia total de sí mismo; es un aspecto de sí mismo.

  Fijémonos bien, porque esto no quiere decir que yo no me relacione con los demás; simplemente quiere decir que yo solamente me relaciono con los demás a través de mi noción, de mi imagen -de la conciencia en mí- de los demás. Y que yo me relaciono con lo trascendente sólo a través de mi conciencia de lotrascendente. Por esto os decía que no hay auténtica comunicación superior si no hay esa presencia, esa realidad superior actualizada en mi conciencia.

  Así, todo lo que yo conozco, valoro, en todos los aspectos, en todas las áreas de la existencia, visibles o invisibles, presentes, pasadas o futuras, son aspectos de mi propia conciencia total. Y todos esos aspectos, todos esos contenidos de mi conciencia total, son expresión de lo que esta misma conciencia es en su centro, de lo que yo soy en mi identidad central, en mi ser, en mi autenticidad.



Yo como creador

  La persona ha de ir aprendiendo a reconocerse a sí misma en esa unidad total; en lugar de vivirse sólo como una parte -a la que pone su nombre personal- ha de llegar a reconocerse en lo que no es él. Los demás son otros aspectos de sí mismo, son otro modo de vivirse a sí mismo en tanto que otro. Y mi relación con Dios es otro modo de vivirme a mí mismo en tanto que lo Superior. Pero eso se suele hacer sin reconocerse, y por lo tanto sin asumir esa identidad total que somos. La evolución, en este aspecto, consiste en que yo vaya tomando conciencia, que vaya reconociéndome en todas estas áreas de conciencia.

  Como puede verse, esto presenta un horizonte fabuloso. Porque yo he de darme cuenta de que todo lo que conozco, todo lo que siento, todo lo que existe para mí, es mi propia existencia; la cual a la vez es reflejo de la existencia en sí. Que todo cuanto conozco, que todo cuanto deseo, que todo cuanto percibo, que todo cuanto hay en mi interior, desde mi noción del firmamento, del universo, hasta las cualidades más íntimas de alguna persona a quien yo conozco y admiro, todo son aspectos de mi propia realidad total. Yo he de hacer un cambio; es necesario que traslade mi centro de identidad desde mi explosiva personalidad al centro de todo ese campo de conciencia. Esto se parece mucho a descubrir que en esta escala concreta, en esta etapa particular de mi evolución, yo soy como un dios.

  Y soy como un dios en el sentido de que:
a) yo mantengo mi identidad aparte de todo el campo de conciencia;
b) este campo de conciencia y todas las cosas que existen en él, todas las formas y contenidos, salen de mi propia naturaleza, de mi propia creación;
c) yo puedo mantener una dirección activa respecto a todo lo que es esta expresión de mi propio potencial en mi universo.

  Pero yo no soy como un dios en el sentido de que:
a) yo me encuentro que toda esa actualización de conciencia ya tiene lugar dentro de una realidad manifestada, que ya existe, que ya me pre-existe;
b) que yo, aunque tengo realmente un dominio sobre todo lo que es mi respuesta, en cambio no tengo dominio sobre los estímulos que yo estoy recibiendo.

  O sea, que hay un background, hay una base que está más allá de mi propia creación y luego hay una naturaleza de estímulos, de circunstancias particulares, que también van más allá de mi capacidad de creación. Es necesario que por un lado yo llegue a descubrir esa naturaleza diríamos, de dios, en pequeño, y por otro lado que yo aprenda a vivir conectado con esa otra parte en que yo no soy dios. Gracias a eso se produce una articulación mía con la existencia en sí.

  Lo que yo digo de ser dios dentro de nuestro universo es una noción más rica de lo que parece, porque yo no puedo pasar a una unidad superior hasta que yo no haya asumido la unidad actual. Si yo realmente soy dios en mi universo -en ese sentido que he explicado-, hasta que yo no haya asumido realmente esta función, yo no podré pasar a una mayor expansión de conciencia, a un mayor crecimiento. Ciertamente, yo soy el creador de mi universo, pero yo me vivo como esclavo, como sirviente, como un producto dentro de este mismo universo. De hecho, yo estoy creando mi universo pero luego yo me vivo como víctima de él; y éste es el contrasentido.
  Yo he de descubrir que ser dios -aunque esta palabra suene muy presuntuosa- es una realidad; pero yo soy un dios imperfecto, incompleto, soy un dios en proceso de crecimiento, ya que desde el punto de vista de la totalidad de la existencia sólo soy una célula viviente del Dios absoluto. Y yo debo poder vivir estos dos aspectos: en función clara, asumida, de dios en relación con mi universo, y en una actitud de receptividad, de armonía total respecto a la unidad que me trasciende. Y sólo manteniendo el equilibrio entre estas dos direcciones, yo entonces estoy en el lugar y en la actitud justa.

                                        del libro "La Realidad", Antonio Blay

domingo, 3 de noviembre de 2013

El origen del miedo (E. Tolle)


   El estado de miedo psicológico está divorciado de cualquier peligro real e inmediato. Puede adoptar diversas formas: desazón, preocupación, ansiedad, nervios, tensión, temor, fobia, etc.   El miedo psicológico del que hablamos siempre se refiere a algo que podría ocurrir, no a algo que ya está ocurriendo. Tú estás en el aquí y ahora, mientras que tu mente está en el futuro.    Esto crea una brecha de ansiedad. Y si te has identificado con tu mente y has perdido el poder y la simplicidad del ahora, esa brecha de ansiedad será tu constante compañera. 

   Siempre puedes afrontar el momento presente, pero no puedes afrontar algo que sólo es una proyección mental; no puedes afrontar el futuro.
   Además, mientras sigas identificándote con tu mente, el ego dirigirá tu vida. Debido a su naturaleza fantasmal, y a pesar de sus elaborados mecanismos de defensa, el ego es muy vulnerable e inseguro, y se siente amenazado constantemente. Por cierto, esto sigue siendo verdadero aunque externamente esté muy seguro. Ahora bien, recuerda que una emoción es la reacción del cuerpo a la mente. ¿Qué mensaje recibe continuamente el cuerpo desde el ego, desde ese falso yo fabricado por la mente?: peligro, estoy amenazado. ¿Y qué emoción genera este mensaje continuo?: miedo, por supuesto.

   El miedo parece tener muchas causas: miedo a la pérdida, miedo al fracaso, miedo a que nos hieran, y así sucesivamente; pero, en definitiva, todos los miedos pueden resumirse en el miedo del ego a la muerte, a la aniquilación. Para el ego, la muerte siempre está a la vuelta de la esquina. En este estado de identificación con la mente, el miedo a la muerte afecta a todos los aspectos de tu vida.
   Por ejemplo, algo tan aparentemente trivial y «normal» como la necesidad compulsiva de tener razón en una discusión y demostrar que el otro está equivocado —defender la posición mental con la que te has identificado— se debe al miedo a la muerte. Si te identificas con una posición mental y resulta que estás equivocado, tu sentido de identidad, basado en la mente, se sentirá bajo una seria amenaza de aniquilación. Por tanto, tú, como ego, no puedes permitirte estar equivocado. Equivocarse es morir. Esto ha motivado muchas guerras y ha causado la ruptura de innumerables relaciones.

   Cuando dejas de identificarte con la mente, el hecho de tener razón o estar equivocado es indiferente para tu sentido de identidad; de modo que esa necesidad compulsiva, apremiante y profundamente inconsciente de tener razón, que es una forma de violencia, deja de estar presente. Puedes expresar cómo te sientes y lo que piensas con claridad y firmeza, pero tal expresión no estará teñida de agresividad ni actitud defensiva. Tu sentido de identidad deriva entonces de un lugar más profundo y verdadero dentro de ti, no de la mente.

   OBSERVA CUALQUIER ACTITUD DEFENSIVA que surja en ti. ¿Qué estás defendiendo?: una identidad ilusoria, una imagen mental, una entidad ficticia. Haciendo consciente este patrón y observándolo, puedes romper la identificación con él. El patrón inconsciente comenzará a disolverse rápidamente a la luz de tu conciencia.
   Este es el final de todas las discusiones y juegos de poder, que son tan corrosivos para las relaciones. El poder sobre los demás es debilidad disfrazada de fuerza. El verdadero poder está dentro, y está a tu disposición ahora.
   La mente siempre trata de negar el ahora y de escapar de él. En otras palabras: cuanto más te identificas con tu mente, más sufres. O puedes decirlo de este otro modo: cuanto más capaz seas de valorar y aceptar el ahora, más libre estarás del dolor y del sufrimiento, más libre de la mente egotista.
   Si no deseas crear más dolor para ti mismo ni para los demás, si no quieres añadir más dolor al residuo del pasado que aún vive en ti, no crees más tiempo, o crea el imprescindible para gestionar los aspectos prácticos de la vida.

 ¿Cómo dejar de crear tiempo?

   DATE CUENTA INEQUÍVOCAMENTE DE QUE EL MOMENTO PRESENTE es lo único que tienes. Haz del ahora el  centro fundamental de tu vida. Si antes vivías en el tiempo y hacías breves visitas al ahora, establece tu residencia habitual en el ahora y haz breves visitas al pasado y al futuro cuando tengas que resolver los asuntos prácticos de tu vida.
Di siempre «sí» al momento presente.

ACABA CON LA ILUSIÓN DEL TIEMPO

    La clave es ésta: acaba con la ilusión del tiempo. Tiempo y mente son inseparables. Retira el tiempo de la mente y ésta se para, a menos que elijas usarla.
   Estar identificado con la mente es estar atrapado en el tiempo: vives de forma compulsiva y, casi exclusivamente, mediante el recuerdo y la anticipación. Esto produce una preocupación interminable por el pasado y el futuro, y una falta de disposición a honrar y reconocer el momento presente y permitir que sea. La compulsión surge porque el pasado te da una identidad y el futuro contiene una promesa de salvación, de una realización de algún tipo. Ambas son ilusiones.
   Cuanto más te enfocas en el tiempo —pasado y futuro— más pierdes el ahora, lo más precioso que hay.

¿Por qué es lo más precioso? En primer lugar, porque es lo único que hay. Es todo lo que hay. El eterno presente es el espacio dentro del que se despliega tu vida, el único factor que permanece constante.
   La vida es ahora. No ha habido nunca un momento en que tu vida no fuera ahora, ni lo habrá jamás. En segundo lugar, el ahora es el único punto que puede llevarte más allá de los limitados confines de la mente. Es tu único punto de acceso al reino informe e intemporal del Ser.
¿Has experimentado, hecho, pensado o sentido algo fuera del momento presente? ¿Piensas que lo harás alguna vez? ¿Es posible que algo ocurra o sea fuera del ahora? La respuesta es evidente, ¿no es cierto?
  Nada ocurrió nunca en el pasado; ocurrió en el ahora. Nada ocurrirá nunca en el futuro; ocurrirá en el ahora.
   La esencia de lo que estoy diciendo aquí no puede entenderse mentalmente. En el momento que lo entiendes, se produce un cambio de conciencia de la mente al Ser, del tiempo a la presencia. De  repente, todo se vivifica, irradia energía, emana Ser.


                                                                                       E. Tolle

jueves, 31 de octubre de 2013

Despierta!


No busques mas afuera lo que ya tienes dentro
Hay el universo dentro de ti
Sólo falta que te des cuenta…
Que retires el velo ilusorio
que hace que te sientas separado….

Plenitud interior,
De donde todo está surgiendo…
Nada que hacer…
Todo sucede por sí mismo….
Se expresa…
Allí no hay separación…
Vacío lleno…
Espaciosidad…
Amor…

Deja de buscar…
Sólo aquiétate en silencio interno
Deja pasar toda esa maraña de pensamientos
que te dicen quién eres, qué eres, como debes ser….
Suelta esa programación…
Despierta!....date cuenta de quien eres….más allá del cuerpo físico…
más allá de la mente pensante….más allá….espacio infinito vivo, vibrante… pura energía, potencialidad……

Despierta hermano!...ahora…no postergues para el “mañana”…
Si te animas, puedes despertar ahora….
Respira…y deja pasar todas las historias de tu mente, observa que queda…….Despierta….
Y aunque el velo te vuelva a nublar, regresa a donde ya eres….
Sólo hace falta un momento, un instante y estás ahí, en tu Centro…
                                                                                  Juani

                                                      

viernes, 25 de octubre de 2013

Tómate un respiro

  

  Amigo, cuando te sientas destrozado, perdido, lejos de casa, cuando estar alineado parezca algo completamente lejano y las palabras de los sabios se asemejen más bien un cuento de hadas, cuando sientas que las respuestas no llegan y que las dudas te consumen como el fuego... 

  Detente. Respira. Recuerda, nada está saliendo 'mal'. Un sueño está muriendo, eso es todo, un sueño de segunda mano acerca de cómo 'debería' ser este momento... 
  Cuando todo ese desorden llame tu atención, cuando las dudas entonen su loca melodía, cuando las historias se dejen venir como cascadas, recuerda que esa misma nostalgia que tratas de eliminar te está realmente invitando hacia tu verdadero Hogar, al Aquí y al Ahora, lejos de todos los 'hogares' terrenales. 

  Un problema es algo que anhela tu dulce atención. Una crisis es un momento decisivo. La enfermedad es una invitación a un profundo descanso y a la liberación. Un trauma es la invitación a ese tipo de aceptación que nunca antes imaginaste. Esas dudas que te carcomen son explosiones de la suprema inteligencia, haciéndote un llamado para que confíes profundamente en tu propia experiencia de primera mano, es un llamado para que te dejes caer en el constante abrazo de lo Desconocido.

  Aún cuando todo parezca ir mal, detente, toma un respiro y recuerda que nada puede salir 'mal' en el inmenso campo de tu presencia eterna. 

                                                                                                    Jeff Foster
                                                                            (Traducido por Tarsila Murguía)


lunes, 7 de octubre de 2013

Simplifica tu vida


Atención Plena

“Si estás bien contigo mismo todo está bien”

  Te invito a simplificar tu vida:
  Contempla cada momento como un nuevo comienzo, como una nueva oportunidad para volver a empezar, para sintonizar, para volver a conectarte con la vida. Date el permiso de vivir cada momento de manera plena y total.

  Existe una manera de vivir la “adversidad” que hace la vida mas rica, mas agradable y tu puedes tomar las riendas de tu vida y esa manera es el camino de  la Atención Plena.
La práctica del “no hacer”, sintonizar con la intensidad de cada instante es intentar estar despierto y darse cuenta del momento y luego del siguiente: practicar el “Ser”.

  Relájate en el presente sin intentar llenarlo de algo, permite a tu mente  y a tu cuerpo descansar en este momento, en este instante, sin apegarte a los contenidos  que hay en tu mente o a como se siente tu cuerpo, sólo observando, permitiendo, respirando y soltando.
Sintonizar con las experiencias básicas del vivir, aceptando as cosas, las situaciones tal y como están, ya que desde esa aceptación, podrás luego hacer los cambios oportunos, si procede.

  Adquiere un compromiso contigo mismo para “solo ser”, permitir que todo “el hacer” automático y compulsivo de la mente  se detenga.
Conecta con ese espacio profundo de tu realidad esencial, “detrás” de los pensamientos, detrás del ruido mental, con ese estado de puro gozo, inafectado, con ese potencial que eres, desde donde todo está surgiendo…

  Aprender a pasar del “modo hacer” del ego/personalidad, al modo “ser”, es aprender a buscar tiempo para uno mismo y a ralentizar, a alimentar la calma y la aceptación de uno mismo, observar a qué está dispuesta la mente  en cada momento, aprender a observar nuestras ideas, y a darle rienda suelta sin que nos capturen, o arrastren, la observación es sin juicio, sin razonamiento, sin intentar aferrarse a los pensamientos que te resulten agradables, ni enfadarte con aquellos pensamientos que no te agraden, es decir sin rechazar, soltando, dejando pasar como “sin interés”,  aprender a hacer sitio a nuevas formas de contemplar mejor los problemas y percibir la vinculación de unas cosas con otras, esta clase de aprendizaje hace  que nos asentemos en el ser.

  Cuando se amplia la consciencia, y aprendes a observar la mente concreta y a darte cuenta que eres más que todos esos mecanismos, condicionamientos que te hacen funcionar, que eres mas que esos programas mentales, entonces puedes aprender a responder de nuevas maneras mas acordes a los valores esenciales, del ser, y   todas tus decisiones se ven afectadas por ello.

  No es que la Atención Plena sea la “respuesta”, la solución a todos nuestros problemas de la vida, sino mas bien que, todos los problemas de la vida, pueden verse con mas nitidez a través de una mente clara y serena.

                                                                                 Juani          www.centroelim.org


viernes, 4 de octubre de 2013

Trabajo interior: atención y apertura (A. Blay)




No funcionamos mal, sino poco.
Si todo el mal reside en el empequeñecimiento, en la rigidez mental, en el alejamiento del centro y en la superficialidad en que nos hemos encerrado, es evidente que lo único que nos puede redimir, el único medio para redescubrirnos, para volver a ser nosotros mismos, es una doble actitud: de apertura y de atención, porque esto sigue la dirección inversa de lo que nos está ocurriendo. 
Si estamos cerrados y oscuros, para corregirnos tendremos que abrirnos y estar más despiertos. Esta es la clave de la combinación de la puerta de nuestra mente. Si aprendiéramos a estar más abiertos ensancharíamos nuestro horizonte y si aprendiéramos a estar más despiertos descubriríamos mejor la naturaleza de todo cuanto existe dentro y alrededor nuestro. Pues no se trata de adquirir nada más, sino simplemente de descubrir lo que existe.
 Para eso se requieren sólo dos cosas: abrir y mirar. Y para poder mirar claro hay que estar mentalmente despiertos. O sea, que realmente lo que nos falta es cultivar más y mejor lo que ya tenemos: saber mirar y saber abrir. Puntualicemos estas dos cosas por partes.

A) Atención
En primer lugar hablemos sobre el mirar. Todo cuanto nosotros conocemos es en virtud de nuestra capacidad de toma de conciencia. Nuestro foco mental se dirige hacia fuera, hacia dentro, hacia arriba o hacia abajo y toma conciencia de algo que vive como realidad, sea una idea, una percepción exterior, un sentimiento muy elevado, lo que sea. He dicho que nuestra mente normalmente está adormilada, funcionando a media luz. Lo primero que hemos de aprender a hacer es que nuestro foco de atención, que es el instrumento que nos sirve para tomar conciencia de todo, para darnos cuenta de todas las cosas, luzca más, pues ahora está funcionando a un potencial bajísimo. En otras palabras, tenemos que despertarnos más, hemos de estar más lúcidos.
Observemos los hechos. Todos podemos constatar que ahora mismo, si queremos podemos estar un poco más abiertos, más despiertos, más lúcidos, más atentos, sólo un poco más. Este poco podemos vivenciarlo cada uno de nosotros. Mas, ¿por qué estoy unos ratos más lúcido, más despierto, y otros más dormido, más distraído y oscuro?
 Sencillamente porque estoy dejándome llevar de la inercia, de los hábitos que he adquirido, porque en la vida corriente he comprobado que viviendo así voy tirando y saliendo de apuros y que, además los demás viven también así. Si los demás fueran más rápidos que yo, me acostumbraría a estar atento y procuraría ser tan rápido como los otros. Si los demás fueran más listos que yo, me esforzaría en ponerme a su altura. Habría un estímulo externo que me obligaría a dar de mí mismo el máximo rendimiento en este sentido de estar más despierto. Pero como he encontrado ya mi «modus vivendi» mi fórmula de equilibrio social aunque no me guste, aunque me queje de ella, voy tirando, y me quedo amodorrado, adormilado en mi postura cómoda pero incompleta. Claro, la gran ventaja nuestra es que hemos adquirido hábitos y cuantos más hábitos y mejor adquiridos están, más tranquilos vivimos y menos hemos de pensar, porque todo se hace automáticamente.
Pero es que los hábitos aunque son necesarios para que podamos hacer una cosa y atender a otra, no han de servir para ponernos a dormir encima de ellos. Hemos conseguido la gran ventaja de adquirir unos hábitos para tratar a la gente, para contestar al teléfono, para ir por la calle, para conducir, y gracias a ellos, en lugar de despertarnos más o atender a otras cosas, lo aprovechamos para vivir dormidos.
El que tenga sincero anhelo de encontrar algo más real, más sustantivo en sí mismo y en la vida, ha de saber bien que lo primero que ha de hacer es despertarse, aprender a vivir al máximo su potencial de atención consciente. Y esto no en un momento de peligro o en una situación apurada, sino en cada instante de su vida. No hay absolutamente ningún motivo para que la conciencia en unos momentos esté muy clara y en otros muy oscuros. Si tengo interiormente el mismo potencial, éste lo he de actualizar y ha de ser para mí una constante. He de aprender a estar todo yo presente a mí mismo, todo yo despierto y lúcido en cada instante, aunque lo que esté haciendo sea liar un cigarrillo o tumbarme para descansar.
 ¿Por qué cuando estoy tumbado he de dejar de ser plenamente consciente?, ¿por qué he de estar interiormente durmiendo?, ¿por qué no puedo estar todo yo plenamente consciente y presente al hecho de que me estoy durmiendo? Esto se puede hacer; ¿por qué no he de aprender a tomar conciencia clara, lúcida, todo yo, de cualquier cosa que esté haciendo, sea soñar, reír, gozar, llorar, tener miedo o lo que sea?
Si nos miramos un poco, veremos que nuestra mente sufre un apagón casi constante. Por eso, repito, la primera providencia de quien quiera trabajar es despertarse y aprender a hacer que su mente esté funcionando con la máxima amplitud que sea capaz de dar de sí, con el máximo potencial. Que no parezca una bombilla de diez o quince bujías si tiene un potencial de doscientos.
Esto no quiere decir que uno esté siempre con los ojos muy abiertos para que no se le escape nada. La atención es un estado interior, no es en absoluto un gesto exterior. La atención es el resultado de actualizar todo yo mi capacidad de conciencia interna, no de poner toda mi capacidad hacia fuera. Es tenerla actualizada, vivirla, ser consciente de ella. En un momento dado necesitaré proyectarla hacia fuera y en otro momento tendré que dirigirla hacia adentro. Esto es secundario. Lo importante es que en todo momento la luz esté funcionando con los doscientos watios, no que lo haga unos ratos a doscientos, otros a quince y otros a veinticinco.
Ahora bien, esto sólo se puede conseguir mediante una práctica sistemática, y una repetición incesante del gesto de despertarse, de estar más presente a sí mismo en todo momento.

B) Apertura
El segundo remedio básico contra nuestra identificación y nuestro egocentrismo es aprender a estar más abiertos. ¿Qué quiere decir esto? Justamente lo contrario de estar crispado, cerrado. Estar abierto es vivir en una actitud suelta, con un gesto interior de máxima apertura mental y afectiva. Es un estado de relajación psíquica, aunque la palabra relajación tiene sus connotaciones a veces negativas de pasividad o inercia, que se oponen a la verdadera apertura.
Nos crispamos siempre que tenemos miedo. Y lo malo es que después nos crispamos ya sencillamente porque estamos acostumbrados a hacerlo y aunque haya desaparecido el miedo nos mantenemos en la actitud interior de quien ve constantemente peligro en algún sitio. La crispación no lleva nunca consigo una mayor capacidad defensiva ante el peligro. Al contrario, en los momentos de peligro la crispación produce un estado de ceguera mental. Sólo una mente abierta permite ver e intuir soluciones, recoge más datos y por lo tanto puede extraer del interior mayor número de posibles soluciones. Así que, incluso ante situaciones de peligro, en lugar de querer huir -reflejo que todavía nos queda de nuestra infancia y que nos empuja a huir de las situaciones y a replegarnos y cerrarnos- hemos de aprender a tomar conciencia clara de las cosas, pues ésta es la única forma de poder manejarlas bien.
Evitemos este gesto automático de regresión a nuestros mecanismos infantiles, no nos cerremos ni nos crispemos. Abrámonos y mantengámonos abiertos. Tenemos miedo de hacerlo porque confundimos el abrirnos con el estar pasivos frente al ambiente, el ser generosos con el no controlar nuestras reacciones sentimentales. Aquí se trata de estar abierto al mismo tiempo que estar perfectamente lúcido. Y si estamos plenamente lúcidos nunca saldrá ni la más pequeña reacción que no sea conveniente o que no esté adecuada a la situación.
Es preciso reeducarnos en abrir la mente y el corazón a la vez que mantenemos la atención más despierta, siempre actualizada, renovando una y otra vez esta actitud de estar despierto. Entonces, cuando se aprende a vivir manteniendo esta apertura y este estar continuamente despierto, se produce un fenómeno extraordinario: el de la penetración interior. No hay que hacer nada más que estar despierto, muy despierto y abrir y aprender a mantenerse abierto. Y entonces empiezan a aparecer de un modo directo, constante, sin necesidad de ideas ni de opiniones, de un modo evidente, transparente, todos los contenidos que hay en nuestro interior; y detrás de estos contenidos -muchos de los cuales son resultado de embrollos anteriores, de cosas a medio liquidar- viene la luz, la fuerza, la fuente misma de nuestra realidad.
Así que la única forma de penetrar es aprendiendo a mantener este sencillo gesto de abrirnos y de permanecer con la máxima lucidez de nuestra mente, que no piensa sino que mira, que está consciente, que observa.


El camino libre

Sólo la conjunción de estos dos elementos, la apertura interior progresiva y el estar cada vez más despiertos, más conscientes, nos libera de nuestra pequeñez y nos hará ver el sentido de la vida. Si aprendiéramos a ir así, aunque de momento no realizáramos ninguna otra cosa útil,
cómo cambiaría nuestra vida! Todas las trampas que nos estamos haciendo, todas esas limitaciones que ahora tenemos, desaparecerían. Aumentarían nuestros recursos mentales, nuestra capacidad de hablar, de expresar las cosas, de recordar; entonces se produciría un desbloqueo automático de nuestra memoria, de nuestra inteligencia e incluso de nuestra capacidad motriz. La persona funcionaría de un modo libre y total, en lugar de estar como ahora bloqueada en varios niveles.
 Es un milagro cómo ahora, todavía, podemos seguir marchando, algo así como si en una maquinaria hubiéramos puesto trapos, papeles, y que a pesar de todo la máquina siguiese funcionando. Interiormente estamos llenos de trapos, de impulsos, de sentimientos, de emociones y temores antiguos que están metidos entre los engranajes. ¿Cómo no hemos de tener limitaciones y angustias, cómo no hemos de encontrar obstruido el camino que conduce a vivenciar nuestra realidad central?
Por eso hemos de aprender a limpiar todo esto. Mas para limpiarlo es preciso verlo. No se puede limpiar una casa sin que entre la luz, sin ver qué es lo que hay que quitar. Del mismo modo, para limpiarnos interiormente, la mente debe abrirse y así entrará la luz y se iluminará ese trasfondo que ahora no vemos ni nos damos cuenta siquiera de que esté sucio. De este modo es como se va despejando el camino que conduce a la percepción directa e inmediata de sí mismo.
Este es el camino de la realización interior, que puede tener muchas formas y muchos nombres pero cuyo eje central consiste siempre en que la mente aprenda a estar más despierta y más abierta. Y al decir que la mente debe abrirse nos referimos a que desde la mente se abran también todos los resortes fundamentales de la personalidad, especialmente la afectividad.
Como esto de despertar y abrirse parece tan sencillo, no lo hacemos. Encontramos más a nuestro gusto una cosa que sea complicada. Por eso necesitamos que nos den unas técnicas muy elaboradas, que consistan en hacer tal cosa o tal otra, un programa muy definido, muy concreto. Lo que hemos dicho parece que no puede ser tan fácil, tan sencillo, y creemos que debe haber un truco encerrado en algún sitio. Pero no; todo está encerrado dentro de nosotros y la forma de liberarlo es únicamente ésta. Nos cuesta ver toda la fuerza que tiene ese despertar, ese abrirnos, y aún nos cuesta más aprender a ponerlo en práctica de un modo constante en cada momento. Por ello nos valemos de técnicas.
                                                                                                          Plenitud en la vida cotidiana

                                                                                                                    Antonio Blay


jueves, 12 de septiembre de 2013

Rumi


‎"De hecho, mi alma y la tuya son las mismas,
tú apareces en mí, yo en ti.
Nos escondemos el uno en el otro"...

RUMI

martes, 10 de septiembre de 2013

Amor

  

  En la medida en que amamos nos convertimos en aquello que amamos. El amor tiende a unificar a amalgamar, a hacer una unidad de lo que aparecía como diverso, porque nos conduce al fondo y el fondo es realmente común.  Por eso el amor, no se debe confundir con la intensidad de un sentimiento, pues es mas bien la profundidad del sentir. Es la profundidad la que nos transforma, y no la intensidad por sí sola. La intensidad viene determinada por un canal muy energético, y entonces puede darse un amor muy intenso aunque poco profundo. Se vivirán grandes cosas, pero del mismo modo que se viven, desaparecen. Lo que da estabilidad al amor no es la intensidad, sino la profundidad.
  El acto de amor auténtico consiste en aprender a vivir, a amar, cada vez mas profundamente, mas genuinamente, mas desde el fondo, y esto es lo que nos va conduciendo hacia el centro. La intensidad y la profundidad pueden ir unidas, pero también pueden no ir unidas. En la profundidad siempre hay intensidad, pero en la intensidad no siempre hay profundidad.

- En eso que estás diciendo ¿resultará que hemos de amar también a las personas que nos son hostiles, aunque en ellas no veamos amor?

- Es que el amor depende de ti, no del otro. Si el amor depende del otro, entonces ¿qué amas?, no amas al otro, amas que él hace, lo que te da.
  El amor eres tú. Sé tu mismo amando, y cuanto mas profundamente ames, más tú mismo serás. Pero ahora el amor es una transacción mental: me conviene, no me conviene, me cae bien, etc., y eso no es amor.

- He entendido que hemos de amar a todas las personas de la misma forma, y a mí me parece que no es posible.

- He dicho que el amor es uno, y en la medida en que ese amor está actualizado en nosotros, está ahí siempre, indistintamente. El problema es que como yo no estoy viviendo allí donde el amor es, sino que estoy metido en la mente por mi funcionamiento defectuoso, entonces confundo el amor con mis ideas de valor de las personas. Y a unos les digo que sí, y a otros que no, en función de cómo concuerdan con mi escala de valores, con mi comparación, con mis exigencias, con mis modelos. Pero si yo viviera el amor en su sitio, me daría cuenta de que hay un amor total, indistinto, indiscriminado, para todo el mundo y para todas las cosas.

- ¿Entonces deberíamos amar a todos los seres de la misma manera?

- En efecto. No podemos amar a dos seres de una manera distinta puesto que el amor es Uno, y eso es lo que somos. Si yo soy auténticamente yo, amaré indistintamente, con un amor total, aunque luego exprese ese amor de un modo diferente de acuerdo a mi inteligencia y mi visión de cada una de las situaciones. Pero una cosa es la expresión, como yo expreso el amor, y otra cosa es el amor que yo vivo.
  El amor es uno, no es múltiple. El amor no es que sea grande para algunas personas y pequeño para otras. El amor es una realidad, es una luz encendida, es un sol, es un volcán que está dentro, y el volcán sigue siendo el mismo en todo momento. El problema es que no vivimos el amor donde está, sino a través de la mente, y es la mente la que está diciendo a este sí y a este no, este es bueno y este es malo, este me ayuda y el otro es enemigo.
  De este modo se da la paradoja de que viviendo el amor con unos seres, se vive odio o indiferencia respecto a otros.

- Yo siento el amor por unas determinadas formas, esto no encaja…..

- El amor en sí no tiene forma. El Amor en sí es Plenitud, la forma se la da la mente. El amor es un sentir, no es un pensar. Vive el amor en el sentir, mantente atento a ese sentir y descubrirás que ese amor es una totalidad en sí que no tiene formas.

- Entiendo que el amor es darse, pero nosotros sólo amamos en la medida en que somos correspondidos.

- El amor para nosotros, es como si fuera algo que damos al otro, se vive así, en un sentido siempre transitivo, relacional. La visión debiera ser otra. Cuando uno trabaja interiormente, descubre que es de otro modo. El amor no es que yo lo tenga, que sea una cosa que pueda dar o no dar. El amor soy yo mismo. El amor es mi fondo. Y amar a una persona significa que sea yo mismo desde el fondo en relación con la otra persona. El amor no es una sustancia que yo de, que a uno doy y a otro no doy, a uno doy mas y a otro menos. El amor es mi naturaleza profunda, y amar a una persona es ser uno mismo profundamente abierto en relación con ella. Si intuyes esa visión, verás como cambia tu sentido del amor. Por eso digo que cuanto más amas, más tú mismo eres. Y que al amar, nunca le estás haciendo un favor al otro, es el otro el que te está haciendo un favor a ti, por permitirte ser mas tu mismo. Pero como esto se vive a través del yo-idea que está juzgando, valorando, calculando lo que puede conseguir, dice: “yo te amo si….” Y entonces es cuando viene el drama, porque el otro dice que sí… y luego pasa a decir que no.
                                                    Antonio Blay
                                       Despertar y sendero de realización

domingo, 14 de julio de 2013

El Presente Vivo


Interlocutor: Por lo que yo puedo ver, no hay nada irregular en mi cuerpo ni en mi ser real. Ninguno de ellos son de hechura mía y no necesitan ser mejorados. Lo que no ha ido bien es el «cuerpo interior», llámelo mente, consciencia, antahkarana, cualquiera que sea el nombre.

Maharaj: ¿Qué considera usted que no va bien en su mente?

Int: Es inquieta, codiciosa de lo agradable y temerosa de lo desagradable.

Mah: ¿Qué hay de malo en su búsqueda de lo agradable y en su huida de lo des-agradable? El río de la vida corre entre las orillas del dolor y del placer. Es solo cuando la mente se niega a correr con la vida y se aferra a las orillas, cuando eso de-viene un problema. Por correr con la vida quiero decir aceptación —dejar que venga lo que viene y que se vaya lo que se va. No desee, no tema, observe lo que acontece, cómo y cuando acontece, pues usted no es lo que acontece, usted es a quien ello acontece. Finalmente usted no es ni siquiera el observador. Usted es la potencialidad última de la que la consciencia omniabarcante es la manifestación y expresión.

Int: Sin embargo, entre el cuerpo y el sí mismo hay una nube de pensamientos y de sentimientos que no sirven ni al cuerpo ni al sí mismo. Estos pensamientos y sentimientos son inconsistentes, transitorios y desprovistos de significación, mero polvo mental que ciega y sofoca; sin embargo, están ahí, oscureciendo y destruyendo.

Mah: Ciertamente, la memoria de un acontecimiento no puede pasar por el acon-tecimiento mismo. Tampoco lo puede su anticipación. Hay algo excepcional, único, en el acontecimiento presente, que no tienen el acontecimiento pasado ni el venidero. Hay en él una viveza, una actualidad; destaca como si estuviera iluminado. En lo que acontece ahora hay el «sello de la realidad», que el pasado y futuro no tienen.

Int: ¿Qué es lo que da al presente ese «sello de la realidad»?

Mah: No hay nada peculiar en el acontecimiento presente que lo haga diferente del pasado y del futuro. Por un momento el pasado fue actual y el futuro lo devendrá también.
¿Qué hace al presente tan diferente? Obviamente, mi presencia. Yo soy real porque yo soy siempre ahora, en el presente, y lo que está conmigo ahora participa en mi realidad. El pasado está en la memoria, el futuro —en la imaginación. No hay nada en el acontecimiento presente mismo que lo haga destacar como real. Puede ser un suceso simple, periódico, como la campanada de un reloj. A pesar de nuestro conocimiento de que las campanadas sucesivas son idénticas, la campanada presente es completamente diferente de la anterior y de la siguiente —en tanto que recordada, o esperada. Una cosa enfocada en el ahora está conmigo, pues yo soy siempre presente; es mi propia realidad la que yo imparto al acontecimiento presente.

Int: Pero nosotros tratamos cosas recordadas como si fueran reales.

Mah: Nosotros consideramos los recuerdos, solo cuando irrumpen en el presente. Lo olvidado no cuenta hasta que uno lo recuerda —lo cual implica traerlo al ahora.

Int: Sí, puedo ver que hay en el ahora algún factor desconocido que da realidad momentánea a la actualidad transitoria.

Mah: Usted no necesita decir que es desconocido, pues usted lo ve en constante operación. Desde que usted nació, ¿ha cambiado alguna vez? Las cosas y los pensamientos han estado cambiando todo el tiempo. Pero la sensación de que lo que es ahora es real no ha cambiado nunca, ni siquiera en sueño.

Int: En el sueño profundo no hay ninguna experiencia de la realidad presente.

Mah: La vacuidad del sueño profundo se debe enteramente a la falta de recuerdos específicos. Pero hay una memoria general de bienestar. Hay una diferencia de sensación cuando decimos «yo estaba profundamente dormido» y «yo estaba ausente».

Int: Vamos a repetir la pregunta con la que comenzamos: entre la fuente de la vida y la expresión de la vida (que es el cuerpo), está la mente y sus estados siempre cambiantes. La corriente de los estados mentales es sin fin, sin significación y dolorosa. El dolor es el factor constante. Lo que nosotros llamamos placer es sólo un lapso, un intervalo entre dos estados dolorosos. El deseo y el temor son la trama y la urdimbre del hecho de vivir, y ambos están hechos de dolor. Nuestra pregunta es: ¿puede haber una mente feliz?

Mah: El deseo es el recuerdo del placer y el temor es el recuerdo del dolor. Ambos hacen a la mente inquieta. Los momentos de placer son meramente lapsos en la corriente del dolor. ¿Cómo puede ser feliz la mente?

Int: Eso es verdad cuando deseamos placer o esperamos dolor. Pero hay momentos de dicha inesperada, imprevista. Dicha pura, no contaminada por el deseo. No buscada, no merecida, dada por Dios.

Mah: Sin embargo, la dicha solo es dicha frente a un trasfondo de dolor.

Int: ¿El dolor es un hecho cósmico, o puramente mental?

Mah: El universo es completo y donde hay completud, donde no falta nada, ¿qué puede dar dolor?

Int: El universo puede ser completo como un todo, pero incompleto en los detalles.

 Mah: Una parte del todo vista en relación al todo es también completa. Solo cuando se ve aisladamente deviene deficiente y así un foco de dolor. ¿Qué es lo que lleva al aislamiento?

Int: Las limitaciones de la mente, por supuesto. La mente no puede ver el todo por la parte.

Mah: Muy bien. La mente, por su naturaleza misma, divide y opone. ¿Puede haber alguna otra mente, que una y armonice, que vea el todo en la parte y la parte como totalmente relacionada con el todo?

Int: La otra mente —¿dónde buscarla?

Mah: Yendo más allá de la mente que limita, divide y opone. Poniendo fin al proceso mental tal como nosotros lo conocemos. Cuando éste llega a su fin, nace esa mente.

Int: ¿En esa mente ya no existe el problema de la alegría y de la pena?

Mah: No como nosotros las conocemos, como deseable o repugnante. Deviene más bien una cuestión de amor que busca expresión y que encuentra obstáculos. La mente inclusiva es amor en acción, batallando contra las circunstancias, inicialmente frustrado, finalmente victorioso.

Int: Entre el espíritu y el cuerpo, ¿es el amor el que proporciona el puente?

Mah: ¿Quién más? La mente crea el abismo, el corazón lo cruza.