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sábado, 26 de noviembre de 2011

Soy Tú

                         
  Era un discípulo honesto. Moraba en su corazón el afán de perfeccionamiento. Un anochecer, cuando las chicharras quebraban el silencio de la tarde, acudió a la modesta casita de un yogui y llamó a la puerta.

--¿Quién es? -preguntó el yogui.

--Soy yo, respetado maestro. He venido para que me proporciones instrucción espiritual.

--No estás lo suficientemente maduro -replicó el yogui sin abrir la puerta-. Retírate un año a una cueva y medita. Medita sin descanso.

  Luego, regresa y te daré instrucción. Al principio, el discípulo se desanimó, pero era un verdadero buscador, de esos que no ceden en su empeño y rastrean la verdad aun a riesgo de su vida. Así que obedeció al yogui.

  Buscó una cueva en la falda de la montaña y durante un año se sumió en meditación profunda. Aprendió a estar consigo mismo; se ejercitó en el Ser.

  Sobrevinieron las lluvias del monzón. Por ellas supo el discípulo que había transcurrido un año desde que llegara a la cueva. Abandonó la misma y se puso en marcha hacia la casita del maestro. Llamó a la puerta.

--¿Quién es? -preguntó el yogui.

--Soy tú -repuso el discípulo.

--Si es así -dijo el yogui-, entra. No había lugar en esta casa para dos yoes.

                      Más allá de la mente y el pensamiento está el Ser. 
                                             Y en el Ser todos los seres.


2 comentarios:

  1. Muy bello relato, que he vuelto a recordar

    ....Y en el Ser todos los seres, somos UNO

    Un abrazo Juani

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  2. Gracias Arianna por tu visita! un abrazo

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